octubre 23, 2020

Evo y su gran responsabilidad histórica

La revolución no es un camino llano, repleto de flores y praderas verdes. Es más bien un camino accidentado, lleno de espinas y con escasos lugares para el descanso, en los que el guerrero necesita administrar bien sus energías, curar sus heridas, aprender de las duras lecciones que le da la praxis, redefinir sus ritmos y reconceptualizar sus metas en función de las condiciones objetivas y subjetivas.
La conquista de la emancipación no es una tarea fácil. La lucha contra todas las formas de enajenación —incluyendo la propia—, requiere de humildad para asimilar los duros golpes recibidos en la contienda, pero también exige de firmeza para no vacilar en el cumplimiento de las tareas estratégicas, en momentos en que los resabios de la vieja ideología dominante todavía inciden en el comportamiento conservador de amplios sectores de la población.
En las circunstancias actuales le corresponde a Evo Morales la gran responsabilidad histórica de cuidar lo que por voluntad colectiva se abrió a partir del año 2000, primero derrotando a través de la democracia de las calles el emblema del neoliberalismo y en diciembre de 2005 mediante un triunfo electoral con las reglas de juego de una democracia representativa que durante dos décadas solo sirvió para reproducir el poder de los enemigos de la Patria y el pueblo.
Con el primer presidente indígena en su historia, en Bolivia se ha abierto la condición de posibilidad para un proyecto emancipador que, como ocurre en la vida real y no en la cabeza de los individuos, se va construyendo cada día, en medio de grandes avances y no pocos retrocesos. Pero no solo eso, este país ubicado en el corazón de Sudamérica se ha encargado de aportar al mundo una visión indígena que se hace más que necesaria al momento de definir los alcances de una revolución mundial que emancipe a la humanidad y el planeta.
Entonces no es poca cosa lo que está en juego. Hay mucho que Bolivia y el mundo perderán si fracasa esta revolución, por lo que salir de los problemas que siempre se presentarán, renovar permanentemente los términos de la relación con el pueblo, generar espacios de reflexión para la toma de decisiones colectivas y reafirmar el compromiso con el proyecto político que dio origen a la sublevación popular contra el neoliberalismo constituyen, entre otras, las grandes tareas que se deben cumplir para revertir el mal momento que se está pasando.
La responsabilidad de todo esto es colectiva, pero es aun mayor para el presidente Evo Morales, quien comparte con el pueblo los momentos de gran satisfacción por los logros obtenidos, pero sobre todo carga en solitario sobre sus espaldas los momentos amargos que tiene toda revolución. Pero Evo es un revolucionario de temple y con una sensibilidad fuera de toda duda que con seguridad rectificará los errores que —como cualquier obra humana— se han cometido en este tiempo y re-impulsará un proceso de cambio que por varias razones no puede detenerse.

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