octubre 24, 2020

Ettore Majorana: un anónimo ligero

por: Pilar Uriona Crespo

Nombrar el verbo “desaparecer” evoca generalmente un acto de violencia. Nuestra historia nacional así como la historia latinoamericana compartida, en las que han dejado huella profunda las dictaduras militares, nos obliga a efectuar esta asociación de ideas. En las épocas de represión, se quitaban de la vista y se borraban de un plumazo, de manera forzada, existencias y voces disidentes, insubordinadas, peligrosas por encarnar libertades alternativas. Este desvanecimiento, sin embargo, si bien fragmentaba los espíritus de quienes quedaban mordiendo la ausencia, obligaba a optar por la rememoración como resistencia constructiva. Se nos ha arrebatado a alguien: recordarlo intacto, reinventarlo, exaltar sus rasgos positivos le da un poder ilimitado. El de la trascendencia.

¿Qué pasa en cambio si modificamos nuestro supuesto y la desaparición, más que como un modo de despojo, se presenta como una elección meditada, un escape necesario, una reafirmación voluntaria de la autonomía llegando a renunciar a la identidad socialmente asignada y reconocida? ¿Qué nos queda si quien desaparece planifica y decide borrar conscientemente sus rastros y volverse otra persona, un anónimo ligero, a quien no atan las expectativas y demandas emotivas y racionales ajenas?

Nos queda, creo yo, la invención literaria, el afán minucioso por develar el misterio, la superposición o contraposición de hipótesis, la interpretación fantástica de las huellas dejadas por quien se ha marchado.

Nos quedan obras de indagación y auto-exploración como la de Leonardo Sciascia, quien inspirándose en un hecho real, la enigmática desaparición del físico italiano Ettore Majorana ocurrida en 1938, sondea con maestría narrativa las razones que pueden impulsar a alguien para que considere como alternativa válida y legítima vivenciar un destino incógnito.

Así Sciascia, al componer el texto con el que intenta palpar las cavilaciones internas de Majorana y las motivaciones que lo habrían empujado a desligarse del peso que supone personificar un genio, nos involucra en una inspección abierta, aquella que nos cuestiona qué haríamos nosotros si nos tocara, en tanto seres excepcionales, llevar sobre nuestra espalda el peso de ser leyendas y mitos, más que seres humanos.

Recuperar nuestra ligereza, sacarnos del camino del protagonismo y rechazar las esperanzas de otros que gravitan como peso muerto encima de nuestra cabeza sería sin duda un profundo anhelo. Y una desaparición meditada, minuciosamente planificada sería una salida inequívoca, sería un ejercicio creativo en tanto da la posibilidad de existir como un caso, como un trámite, como un proceso y como un incidente. Sería pues el jaque definitivo al rey de la razón científica y, para el arte del relato, la mejor de las tramas.

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