octubre 27, 2020

Retos del proceso de cambio desde la coyuntura política boliviana

El viejo mundo se muere El nuevo tarda en aparecer Y en ese claroscuro surgen los monstruos Antonio Gramsci

Bolivia se encuentra en un momento de crisis e inflexión. Lo viejo, el estado colonial y moderno, no termina de morir, y lo nuevo, el nuevo Estado Plurinacional bajo un nuevo modelo económico y otro horizonte de desarrollo definido por la nueva Constitución Política del Estado, no termina de nacer. Y es en este momento histórico, donde surgen los monstruos, es decir, las crisis y contradicciones, que si se enfrentan como un desafío para avanzar, permitirán profundizar e incluso radicalizar la Revolución Democrática y Cultural en Bolivia, pero sino se hace caso de las señales de alerta temprana que nos llegan, caemos en el riesgo de una restauración de lo antiguo.

En ese sentido, proponemos dos miradas al proceso de cambio en Bolivia, una corta en base a tres sucesos de la coyuntura política boliviana de las últimas semanas, y una mirada larga en la que desde una perspectiva histórica, enfrentemos los retos que tenemos por delante en la construcción del Estado Plurinacional.

Conflicto del TIPNIS como reflejo de las contradicciones

El recientemente encauzado conflicto por la construcción de una carretera en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), puede ser tomado como la cristalización de las contradicciones, pero también limites, del proceso de cambio en Bolivia.

Por un lado, y como hemos reiterado por escrito en numerosas ocasiones, desde la victoria en las elecciones presidenciales de diciembre de 2009 donde se obtuvo un 64% de apoyo popular, se ha dado una muy mala gestión gubernamental de los conflictos, tanto a nivel sectorial como territorial, que han cristalizado en dos conflictos nacionales: la imposición del decreto de nivelación de precios de los combustibles, popularmente llamado gasolinazo, en diciembre de 2010, y el conflicto del TIPNIS.

Este conflicto nos ha demostrado como todos los actores del mismo están atravesados por lógicas del capitalismo y la modernidad, algo muy a tener en cuenta en la construcción de un nuevo modelo de Estado. Tanto el movimiento campesino, conformado por cocaleros y comunidades interculturales, para quienes la carretera es sinónimo de progreso, además de una buena parte de las comunidades indígenas del TIPNIS que demandan la carretera como sinónimo de la llegada del Estado a sus comunidades especialmente en lo referente a salud y educación, como la propia marcha en donde la dirigencia de la CIDOB demandaba la instauración de mecanismos de capitalismo verde, la nueva expresión colonial reciclada del capitalismo, muestran las dificultades de conformar un proyecto común de Estado Plurinacional bajo ese horizonte alternativo de y al desarrollo nombrado en la nueva Constitución como Vivir Bien. El gobierno boliviano por su parte también está atravesado por las mismas lógicas, además de tener en el ejecutivo a sectores reaccionarios heredados de la etapa neoliberal, lo cual provoca una disputa interna o cuanto menos fuertes resistencias al interior del propio gobierno sobre los sentidos del proceso.

En las últimas semanas han circulado múltiples escritos donde se califica a los pueblos indígenas del oriente como portadores en sí mismos de una especie de posición contraria a un modelo extractivista, rechazando el que puedan tener contradicciones o incluso ser o mantener posiciones alineadas con la derecha. Este tipo de ideas reactualizan la noción colonial del buen salvaje de Rousseau y no permiten ver al actor con sus ambivalencias y contradicciones. Además, en estos escritos no podemos apreciar historia, actores y luchas concretas como parte del análisis. El conflicto del TIPNIS nos obliga a introducir capas y matices a un conflicto en un país como Bolivia, cuya población indígena, que supera el 60% según el último censo de 2001, conforma la sociedad abigarrada que nos describía el gran sociólogo boliviano Zavaleta. Frente a estos análisis simplistas y postmodernos, mantenemos la posición de que la lucha en defensa de la Madre Tierra solo es legítima cuando se hace desde claros posicionamientos antiimperialistas, anticolonialistas y anticapitalistas.

Además, el conflicto del TIPNIS nos interpela sobre cómo dar una solución a las demandas de los sectores populares y clases subalternas, en este caso campesinos quechuas y aymaras desposeídos durante los 500 años de invasión colonial, con más dureza si cabe durante los 20 años de neoliberalismo. ¿Cómo resolvemos la demanda de justicia social y la de justicia con la Madre Tierra? ¿Dónde está el vínculo estrecho entre los derechos colectivos y los derechos de la Madre Tierra? ¿Qué pasaría si se hace una consulta bajo reglas y procedimientos propios a las 64 comunidades del TIPNIS y sale de manera mayoritaria un posicionamiento a favor de la carretera por el TIPNIS? Realmente es necesario y urgente un debate en Bolivia en torno a la tierra y el territorio, así como un verdadero proceso de reforma agraria.

En todo caso y como símbolo de los límites de este proceso, y siendo conscientes de que la actual coyuntura y los diferentes intereses quizás no permitían otra salida, se nos queda un sabor agridulce porque de nuevo las dirigencias, sean estatales o indígenas, deciden sobre las bases. . A día de hoy, seguimos sin saber con certeza lo que piensan las 64 comunidades del TIPNIS y por lo tanto hubiera sido deseable aprovechar este conflicto para realizar un proceso de consulta modélico para la región y para los pueblos indígenas a nivel global

Por último, queremos manifestar nuestro rechazo ante las voces de algunos compañeros y compañeras que desde su posición de clase y con la comodidad de tener la vida resuelta, han abandonado el gobierno mediante renuncias y posicionamientos públicos en los medios de comunicación. Se debe ser autocritico siempre, y se debe disputar el gobierno y el Estado, pero desde un posición de lealtad al proceso de cambio y no abandonando el gobierno (mucho menos en los medios de comunicación) cuando llegan las primeras señales de la crisis, inevitables en todo proceso por otra parte.

12 de octubre

La masiva movilización de centenares de miles de personas del 12 de octubre, en la que marchamos junto a los movimientos sociales de todo Bolivia, varias comunidades del TIPNIS incluidas, nos manifiesta claramente que a pesar de las contradicciones y errores, que deben ser siempre denunciados, y además de la autocrítica necesaria, los movimientos sociales y pueblos indígenas de Bolivia siguen considerando este proceso como suyo, asumiendo a Evo Morales como un hermano y compañero, sintiéndose ellos mismos parte del gobierno.

No hacer esta lectura es, además de una clara posición reaccionaria, hacer el juego a la derecha en Bolivia. Pero mucho más allá que esto, el no asumir que hay una mayoría de movimientos sociales y de la población en general que sigue apoyando el proceso de cambio y el gobierno, implica en primer lugar invisibilizar a los actores en este proceso, que no es solo el Estado, el gobierno, el MAS o los funcionarios, sino actores populares indígenas que además fueron claves en el ciclo de movilizaciones anti neoliberales. En segundo lugar, no reconocer a este actor y su movilización en defensa del proceso de cambio, implica volver sobre la línea moral y limitada, de creer que este gobierno ya vació su contenido popular y organizativo. En tercer lugar nos muestra que los procesos de cambio no solo se hacen con el Estado y el gobierno sino con actores organizados que además reconocen en la movilización la posibilidad de disputar el proceso.

Las imágenes de Evo Morales saliendo el viernes 21 de octubre del palacio presidencial megáfono en mano para saludar y mostrar su respeto a los 1500 compañeros marchistas por el TIPNIS, serían impensables en cualquier otro presidente o proceso en la región. No solo eso, los tres intensos días que han culminado el domingo 23 de octubre con más de 15 horas de reunión entre el Presidente Evo Morales y la dirigencia de la marcha, donde se han alcanzado acuerdos en torno a los 16 puntos del pliego de reivindicaciones de la marcha, entre ellos la promulgación de una ley en la Asamblea Legislativa Plurinacional que declara el territorio del TIPNIS como intangible, nos muestran una otra forma de hacer política y como los pueblos indígenas asumen a Evo prácticamente como el único interlocutor con el que negociar sus demandas, lo cual constituye en sí mismo y a la vez potencia y límite del proceso de cambio.

Elecciones judiciales

 

 

El tercer gran elemento de análisis para entender la coyuntura actual nos lo ofrece una lectura de los resultados de las elecciones judiciales celebradas el domingo 16 de octubre. Estas elecciones han supuesto un proceso inédito en el mundo, una herencia de la Asamblea Constituyente en la que se propuso elegir por sufragio popular a las autoridades judiciales del Tribunal Supremo de Justicia, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Agroambiental y el Consejo de la Magistratura.

A falta de los resultados finales, el promedio de votos válidos va a estar en torno al 43%, mientras que el total de votos nulos no va a superar el 41%. Esto se convierte en una clara derrota de la oposición de derecha, MSM incluido, que había apostado toda su maquinaria por el voto nulo con la intención de desgastar a Evo Morales y el MAS. Si bien debido a la abstención del 20% de la población y la dificultad de emitir un voto válido en unas elecciones en las contábamos con una mega papeleta con 115 candidatos y candidatas con sus correspondientes fotografías, pareciera que el voto nulo ha sido alto, es conveniente analizar los datos numéricamente para desmontar esta hipótesis.

En primer lugar, podríamos considerar que esa abstención de un 20% no lo es tanto si vemos que en las elecciones a constituyentes en 2006, en la que también se votaban a muchos candidatos y candidatas desconocidas, la abstención fue del 15.61%. En segundo lugar podemos detenernos en el número de votos alcanzado por la oposición en las elecciones presidenciales de diciembre de 2009, que fue de 1.610.415 votos. Ese es el voto duro anti Evo, racista y excluyente, y si a esa cifra le sumamos los 155.089 votos nulos que se dieron de manera técnica (ninguna opción política pidió el voto nulo) y los 543.348 votos que el MSM obtuvo en las elecciones municipales de abril 2010 (en diciembre 2009 iba en coalición con el MAS), obtenemos un total de 2.308.852 votos que sería el total de votos de la oposición al MAS y Evo Morales en el momento actual.

Sin embargo, y con los datos del escrutinio al 90%, y un 41.80% de votos nulos, la estimación es de 1.573.222 votos en un escenario con toda la oposición unida pidiendo el voto nulo, en un proceso donde ni siquiera se han enfrentado a una papeleta con Evo Morales y el MAS en la misma y donde la represión policial a la marcha del TIPNIS ha influido en el imaginario de los sectores de clase media y urbana, con una consigna por parte de la oposición de “Vota TIPNIS, vota NULO”.

Por último, pero quizás como elemento más importante del análisis, lo que pareciera un déficit del propio MAS y del gobierno, la falta de una estructura orgánica de partido así como de implementación territorial, donde no han podido bajar línea para votar por los candidatos más cercanos, nos muestra un escenario donde se produce un importantísimo avance en el proceso de descolonización. Ante la falta de consignas y de candidatos oficiales, ante el total desconocimiento del curriculum de los 115 candidatos y candidatas, los sectores populares, las clases subalternas, han votado por los suyos. Los candidatos y candidatas más votados apellidan Mamani, Cusi, Choque, Huarachi, además de vestir poncho, pollera y sombrero.

Retos en la construcción del Estado Plurinacional

Estos tres momentos de la coyuntura nos permiten visualizar algunos elementos clave para el futuro del proceso de cambio, y como aporte al proceso de debate y construcción de una nueva “agenda de octubre”, una nueva agenda para el proceso de cambio y el gobierno. No es posible ya en este momento histórico hacer solamente buenos análisis políticos sino que debemos avanzar en dar pequeños pasos en la construcción de propuestas frente a los retos del proceso.

En primer lugar, cualquier lectura política de los retos debe ser histórica, con actores y luchas concretas. Debemos retomar el Instrumento Político, que lograba conjugar demandas de clase y etnia en la construcción de un bloque histórico y un proyecto para toda la sociedad boliviana. En ese sentido la formación política de los sectores populares se hace urgente y necesaria.

En segundo lugar, debemos comenzar a pensar en construir una etapa de transición, donde se de una conjunción del movimiento indígena y el movimiento campesino junto al resto de sectores populares para construir, conjuntamente con los poderes establecidos, un nuevo modelo de estado y un nuevo modelo económico, además de un desarrollo legislativo de las constituciones. Debemos retomar las propuestas del Pacto de Unidad a la Asamblea Constituyente, y la propia Constitución como herramienta política.

Es clave en esta etapa de transición recuperar el debate sobre la colonialidad. Es imposible construir un nuevo Estado transformando el anterior, si no hay una crítica radical al capitalismo, al colonialismo y al patriarcado, las bases de la Modernidad sobre las que se han construido nuestros estados.

En tercer lugar debemos ser conscientes de que el Estado plurinacional es un proyecto político, proyecto que no es solo para transformar las condiciones de los pueblos indígenas, sino que es un proyecto político para el conjunto de la sociedad. El Estado es un pacto, es una relación social histórica, por lo tanto el Estado plurinacional es la transformación de ese pacto y de esas relaciones históricas. El Estado Plurinacional no es solamente inclusión y participación de lo indígena originario campesino, sino una construcción conjunta, colectiva, de un nuevo modelo de Estado.

Finalmente, debemos pensar y escribir desde el Sur, construyendo una nueva epistemología. Esto significa en nuestra opinión cuestionar, deconstruir y reinventar todos los parámetros según los cuales pensamos, nos imaginamos y actuamos, es decir, necesitamos construir un sentido común de lo plurinacional. Ese sentido común significa también la construcción de la hegemonía, hegemonía que se debe consolidar bajo una conducción moral y política, es decir, bajo la construcción de legitimidad. Bajo ningún concepto el bloque histórico puede construir esa legitimidad en ningún tipo de cercamiento o justificación de la derecha.

Estas serían las premisas iniciales para comenzar el debate de cara a una nueva agenda. Es tarea de todos y todas no quedarnos solamente en la crítica, sino comenzar a dotar de contenido las propuestas para esta nueva agenda del proceso de cambio.

*          Militante del proceso de cambio en Bolivia y que reside temporalmente en Ecuador

**         Publicado originalmente en el diario vasco Gara y el semanario boliviano La Época.

Be the first to comment

Deja un comentario