octubre 22, 2020

La estela de Wara sinfónico resplandece en la historia musical

Y es que Wara es una de las estrellas indispensables del panorama musical, porque detonaron, junto a otros protagonistas, la valoración a nuestras raíces indígenas, interpelando al menosprecio amplificado por la maldición de ese Arguedas del pueblo enfermo.

La estela sonora de la agrupación Wara irrumpe en los años setenta para escribir uno de los capítulos fundamentales de la historia de la música nacional y lo hizo con las estelas de sonoridades originarias ensambladas a la potencia del rock progresivo, al grado de convertirse en una de las corrientes musicales más vanguardistas. Y como celebración a la intensidad de sus brillos melódicos Wara lo hizo junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, memorable encuentro bajo la batuta del maestro Nicolás Suárez.

Un hito que bajo el brillo de Wara Sinfónico, sus fundadores, Dante Uzquiano, Omar León, Jorge Cronembold, Carlos Daza y Clarken Orozco recorrieron su historia musical a través de obras memorables de su producción discográfica como Aymara, Encuentros, Nacimiento de la energía, Noches de amor, Nacimiento, Collita o Illimani, entre otras, acompañadas por algo más de sesenta músicos que cautivaron al público con los arreglos de Nicolás Suárez, en un encuentro memorable.

Y es que Wara es una de las estrellas indispensables del panorama musical, porque detonaron, junto a otros protagonistas, la valoración a nuestras raíces indígenas, interpelando al menosprecio amplificado por la maldición de ese Arguedas del pueblo enfermo, traumas que quisieron adueñarse a lo largo del siglo XX, pero que se resquebrajarán, en parte, gracias a la Revolución del 52, con sus luces y sombras, escritos como los de Fausto Reinaga con el telón de fondo a la impronta Franz Fanon, la emergencia de las guerrillas y la muerte del Che Guevara o la creación del movimiento indio en Tiwanaku, entre otros factores, pero que cimientan la creación del álbum Inca:

Hermano… ama tu raza

cobrisa… tu tierra es hermosa

hermano… vive tu historia

no imites… culturas extrañas

adora… tu raza de bronce

destruye el mito… de pueblo enfermo

tu tierra… es grande y hermosa

ahora es tiempo… que pienses en ella

El Inca-Wara

Textos que emergerán en medio de las represiones al contra el pelo largo y de jóvenes que abrazarán al rock como catalizador de rebeldías e idealismo, en coexistencia con sonoridades de raíces autóctonas, hasta entonces subestimadas.

Por ello cuando en 1973 irrumpe EL INCA marca un capítulo indispensable en la historia de la música, por su sonido renovador y progresivo, junto a una propuesta de fusión de música autóctona, ensamblada al rock de Uriah Heep o Deep Purple con un lírica interpeladora, de búsqueda y afirmación de identidad gracias al talento joven de Omar León, Carlos Daza, Omar León, Jorge Cronembold, Pedro Sanjinés y la voz de Nataniel Gonzáles, un álbum en conjunto provocador y cuyo sello sintetiza esa mirada al origen con un plano detalle de la Puerta del Sol, del milenario Imperio Tiahuanacu. Álbum que hoy ya es una joya y que a pesar del tiempo mantiene la frescura creativa ante la aridez casi general de casi cuatro décadas de propuestas innovadoras.

Dos años después, durante la celebración del Sesquicentenario de la República, Wara irrumpirá con otro álbum, el magistral Maya, treinta años después reconocido como el “El disco histórico de rock en Bolivia” en la premiación de los Rock and Bol 2005. Para entonces la conformación de Wara incluye a Carlos Daza en guitarra acústica, eléctrica, vientos, percusión, Omar León en bajo, guitarra, vientos, percusión, Clark Orosco en charango, vientos, percusión, Luciano Callejas y Oscar Córdova en vientos, Jorge Cronembold en percusión y Dante Uzquiano en las voces.

Durante el proceso creativo la agrupación potencia sus conocimientos musicales en conservatorio y se introducen en la indagación de sus orígenes inicialmente andinos, en lugares como Italaque, ese mágico y milenario enclave de la Provincia Camacho del Departamento de La Paz, espacio inspirador por su extraordinaria música, pero además por su origen prehispánico que cobijó a Lupacas y Cachis, y que junto a la mítica cultura Callahuayas, cultivaron sonoridades extraordinarias gracias principalmente a instrumentos de viento como los emblemáticos Sicus y Sicuris de Italaque música e instrumentos ligados fuertemente a la religiosidad y ritualidad de los habitantes de esos ayllus; y que según cuentan cautivaron a los músicos jóvenes de Wara.

Y es que Italaque será inspirador también por su historia y cosmovisión, gracias al entorno mágico de su entorno y la atmósfera misteriosa de un enclave circundado por imponentes cóndores, en el que sus habitantes hasta hoy conservan la memoria larga de sus antepasados mitimaes que vinieron de los andes peruanos y ecuatorianos, que resistieron al poder colonial en la clandestinidad cotidiana de orígenes Pacaures, Huarcas o Canchis, al son pentatónico de místicos Sicuris y que se introdujeron en las canciones del álbum Maya.

Luego vendría la consolidación de sonoridades originarias con las del rock progresivo, psicodélico y progresivo, con una producción en la que explorarían estructuras musicales, instrumentales y texturas, con textos más pensados, quizá como reminiscencia también a la herencia que dejaron los Jairas o el gran compositor y artista Alfredo Domínguez, junto a arreglos en los que conjuncionarían diversas y creativas posibilidades sonoras, que ejercerían influencia en músicos como Los Jaivas o Congreso de Chile, Polen de Perú o Arcoiris de Argentina.

A lo largo de las siguientes décadas Wara trabajaría en propuestas que se nutrirían de sonoridades orientales, vallunas y andinas, pero sin abandonar la fuerza rockera y que se sellaría en casi una decena de álbumes de estudio, hasta arribar a la celebración del Wara Sinfónico, renovador y con una reinvención creativa indispensable. Un homenaje renovador con la potencia de la estela creativa de Wara.

*          feminista queer y periodista.

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