octubre 25, 2021

Historia y Nación

La producción historiográfica en Bolivia partió en su generalidad del mito fundacional, que es aquel que corresponde a la llamada “guerra de la independencia” entre 1809 y 1825. Textos o historias patrias, que como es suficientemente sabido, organizan la narrativa boliviana y producen el sentido común de pertenecía a una nación. La historiografía tradicional se ha concentrado en la presencia, a menudo épica, de las elites modernizadoras. A menudo se trató de una historia política de “próceres y batallas”, destinada a construir la narrativa de la nación, funcionando como un mecanismo de selección que contribuía a elaborar una artificial visón uniforme del pasado y construir el mito nacional. Así la gramática de nación plasmó una asimetría simbólica en la que unos construyeron su identidad en oposición a otros, indígenas y mujeres, que fueron excluidos o al menos secundarizados de la memoria histórica.

Esta perspectiva fue paralela a la construcción de una nación como comunidad imaginada, eliminando particularismos y culturas subalternas. Son pocos los textos de historia que intentan salvar esta omisión. Están por una parte las producciones focalizadas en regiones o en tópicos determinados como son los trabajos de Tristán Platt, Marta Irurozqui, Ximena Medinacelli, María Luisa Soux, Rossana Barragán, Isabelle Combés, Tierry Saignes, Erick Langer o José Gordillo, para nombrar a los o las principales autores. Por otra parte, se hallan intentos de una sistematización general. En 1985 Xavier albo y Josep Barnadas, publicaron “La cara India y Campesina de nuestra Historia” y en 1986 Silvia Rivera “Oprimidos pero no vencidos”.

Ambos textos fueron pioneros en desafiar las interpretaciones convencionales, y reposicionar una presencia excluida. Habría que esperar dos décadas hasta que Roberto Choque, historiador aymara, editara “Historia de una Lucha desigual” y Pilar Mendieta su obra “Política y participación indígena en Bolivia: una reflexión desde la historia: siglos XIX – XXI”. No fue casual, que estos textos aparecieran en momentos de crisis estatal, que como decía Zavaleta Mercado, son una forma de conocimiento y de visibilidad. Albó, Barnadas, y Rivera escribían a mediados de los años 80s del siglo XX cuando la presencia indígena se hacía cada vez más visible y aparecían los primeros síntomas de la crisis del Estado del 52. Choque y Mendieta lo harían a fines de la primera década del siglo XXI, en un momento la insurgencia indígena está consolidando un Estado Plurinacional, cuya matriz narrativa es el polo opuesto de aquella monocultural procedente de la Revolución Nacional de 1952.

*          El autor es historiador.

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