junio 13, 2021

El “pánico histórico” de la COB

por: Editorial

La convocatoria al Primer Encuentro Plurinacional, para definir una nueva agenda para los siguientes tres años en el marco de la aplicación de la nueva Constitución Política del Estado, está evidenciando un error de interpretación de la coyuntura política por parte de la oposición política y una reiterada equivocación histórica de la Central Obrera Boliviana.

La oposición política está desarrollando un discurso público por el que trata de convencer a la población de algo que ni ella está convencida: que el gobierno ha llamado a esta cumbre social porque se siente débil y busca recuperar a los sectores que se le han distanciado. Lo mismo dijeron con la movilización indígena de las tierras bajas por el caso TIPNIS y luego por el resultado preliminar de las elecciones judiciales ese domingo 16 de octubre. Lo evidente es que la realidad ha demostrado hasta ahora que el gobierno sigue siendo el más fuerte que el país ha conocido en los últimos cerca de 30 años.

Con distintas motivaciones a la oposición de derecha, la COB no deja de seguir siendo presa de su desorientación histórica. Su cúpula ha decidido no asistir al evento convocado por el gobierno con el argumento de la independencia de clase y pierde así la oportunidad de hacer conocer sus posiciones frente a temas de índole estructural y coyuntural.

Desde la perspectiva estructural, la máxima organización sindical desaprovecha, como lo hizo en 1970 ante el gobierno nacionalista de Juan José Torres y en los primeros años de la década de los 80 con el gobierno de la UDP, la oportunidad de darle su sello de clase a uno de los procesos políticos más profundos que el país vive desde la fundación de la república. La conducta es más o menos la misma: “pánico histórico” a cumplir con la “misión histórica” de la cual se piensa portadora.

Pero su extravío político estratégico es además coyuntural, pues huye de la posibilidad de participar en el debate y aprobación de las políticas de empleo y salarios, además de la reactivación económica, que el gobierno ha propuesto como algunos de los ejes del encuentro nacional.

Un falso radicalismo de los dirigentes de la COB le quita a los trabajadores la posibilidad de aprovechar ese espacio, donde no necesariamente tiene que coincidir con el gobierno, para hacer conocer sus críticas al proceso de cambio y sus propuestas para avanzar hacia una sociedad que supere el orden capitalista. La revolución se convierte de esta manera en la voz de los actuales dirigentes cobistas en un elemento discursivo vacío de contenido y muy representativo de su tradicional “pánico histórico” al momento de tener que tomar decisiones estratégicamente acertadas.

Entonces, cuando la COB pierde la oportunidad de presionar para que la revolución se profundice o para tener un rol protagónico en los niveles decisionales, las consecuencias no pueden ser menos que favorables para los enemigos históricos de las clases subalternas. Se impide la unidad del pueblo y se desperdicia un momento extraordinario.

La COB debe recuperar algunas de sus propuestas del pasado, como la cogestión y el control obrero, pero reconceptualizadas y redefinidas en sus formas en función de las características del proceso y de sus conductores, para sumarse a la materialización de los intereses estratégicos no capitalistas del bloque de clases subsumido a la lógica del capital. Lo otro, es un saludo a la bandera.

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