septiembre 22, 2021

A propósito de la Cumbre Social. Recuperar la democracia como sentido de construcción de lo común

Es fundamental retomar el sentido histórico de la revolución que vivimos, para restituir un principio señalado en la Constitución y que es la esencia de la transformación revolucionaria: el pueblo organizado construye las condiciones de su autodeterminación y el Estado Plurinacional es su instrumento revolucionario de transformación.

Bolivia ha empezado un quiebre histórico en su historia. El proceso de acumulación de las contradicciones ha hecho posible un momento fundacional de la nueva historia de bolivianos y bolivianas. No se trata tan sólo de una victoria electoral de las grandes mayorías de este país, ni tan siquiera del agotamiento del modelo neoliberal como opción de vida para el pueblo, tampoco la existencia de un liderazgo que enarbola los contenidos de la revolución; es más bien la conjunción de todos estos elementos que han producido un momento revolucionario que tiene toda el impulso para germinar y sostener una verdadera transformación en la vida de los bolivianos y bolivianas. Decimos que es una posibilidad revolucionaria en tanto al elemento de las condiciones objetivas se debe incluir el de la capacidad y voluntad revolucionaria para seguir transformando la realidad de la mayoría.

Hasta hoy hemos podido vivir una coyuntura revolucionaria basada principalmente en la inclusión, en tanto históricamente los pueblos condenados por el neocolonialismo han sido capaces de resistir históricamente la tendencia de ser borrados y expoliados por los sectores dominante que desesperadamente buscaron su extinción o su amestización como expresión del racismo con el que la historia se ha construido en Bolivia. Por eso, la lucha por la inclusión en los últimos años, ha implicado la recuperación de los recursos naturales para todos los bolivianos, la redistribución de las ganancias de las nacionalizaciones; el proceso de descentralización y autonomías en el país; la entrega de tierras y reconocimiento de los TIOCs; la participación política y representación de los pueblos IOCs en todos los órganos del Estado Plurinacional; el avance en la ampliación de las posibilidades en educación y salud y otros avances que se han registrado en los últimos años, registran una tendencia sostenida a mejorar la calidad de vida y la participación de la mayoría de los bolivianos/as.

Dichas acciones políticas y económicas han marcado una diferencia estructural respecto a la vida cotidiana del pasado inmediato, donde la exclusión y la miseria se habían convertido en la forma de presentación del país ante el mundo. Hoy después de algunos años, los datos nacionales en el contexto latinoamericano registran que la mayoría es menos pobre, que tiene un mayor consumo, mejores posibilidades de vida; y lo más importante, que la mayoría del pueblo boliviano tiene mayores sueños y expectativas que antes, es decir que hoy los bolivianos más pobres no sólo aspiran a sobrevivir en la miseria sino que pueden aspirar a ser parte de la representación en el Estado Plurinacional, ser autoridades y en fin ser parte responsable de la nueva vida que se está construyendo en el país.

Esas son algunas de las características principales del cambio que transcurre en el país, y sin embargo aún no terminamos de acabar con tantos años de colonialismo interno, con mucha miseria acumulada y demasiadas diferencias entre los pocos privilegiados y la gran mayoría excluida. Son años de habitus colonial en los que la sombra colonizadora ha dejado huella en los colonizados a través de las expectativas de vida en el mercado, de acumulación de poder visto como compensación histórica, de corrupción en la que los intereses particulares se imponen sobre los comunes; de falta de esfuerzo cotidiano e histórico para construir la nueva vida y más bien acomodarse en la actitud de exigir beneficios sin proponer caminos alternativos para el país.

Entonces lo que en la coyuntura pesa cada vez más, no es tan sólo el adversario político que desalojado del poder pugna por defenestrar el proceso de transformación apelando a recursos de la política tradicional o al artero sabotaje económico; tampoco el imperio que intranquilo mira el proceso revolucionario en el país y busca presionar e imponerle caminos para el retorno al pleno mercado y la dependencia en todo sentido; es mucho más peligroso el de la internalización de las miradas coloniales en el proceso de cambio. No que algunos militantes del cambio se hayan vendido a la oposición y al imperialismo sino todavía más preocupante, que en el marco del proceso de cambio existan posiciones que por una parte tengan como expectativa el lograr mayores réditos locales o sectoriales sin la consideración política de la transformación del país, o bien que las pugnas internas lleven consigo niveles de acumulación simbólica de poder que lleven al potenciamiento de una nueva élite excluyente al interior del proceso de cambio. Estas miradas distintas, son políticas y conllevan una forma de entender el desarrollo en el país y el proyecto político en consecuencia.

Todos estos elementos deben ser parte de una consideración política económica cuando se convoca a la cumbre social en ciernes. Será fundamental el retomar el sentido histórico de la revolución que vivimos, no tan sólo para validar o enjuiciar el comportamiento político del Estado Plurinacional o de las organizaciones e instituciones sociales en el camino recorrido; sino sobre todo para restituir un principio señalado en la Constitución y que es la esencia de la transformación revolucionaria: el pueblo organizado construye las condiciones de su autodeterminación y el Estado Plurinacional es su instrumento revolucionario de transformación. Sólo así cabe hablar de “gobierno de los movimientos sociales”, cuando generemos las posibilidades reales y cotidianas para que la democracia intercultural fluya y se convierta en un mandato para seguir construyendo el vivir bien entre nosotros.

Por eso en la Cumbre Social no bastará realizar una enunciación de principios de realismo económico para justificar medidas, ni el otro extremo, el de anunciar la revolución total; sino más bien la de asumir el proceso de relación creativa entre Estado y sociedad, para construir paso a paso la revolución como realidad, donde la mayoría no sólo logre acceso a las posibilidades de una vida mejor en términos de oportunidades y de participación equitativa en el mercado; sino también en la ampliación de la capacidad de decisión que se recree permanentemente en el pueblo organizado que se hace protagonista y co responsable de los cambios estructurales en el país.

Para que lo deliberado y lo acordado sean parte de un acuerdo fundamental que defina un camino estratégico; el Estado Plurinacional, las instituciones y las organizaciones sociales, deben ponerse de acuerdo sobre mecanismos permanentes de consulta y de propuesta en las decisiones que se propone como horizonte de país, y más allá aún, el de generar condiciones para que la participación social y política de la ciudadanía se incremente de forma permanente para darle curso a la transformación social y hacer posible el Vivir Bien.

No podremos seguir avanzando como país, sino marcamos un derrotero que permita que el conjunto del pueblo, no sólo aspire a tener una mejor calidad de vida sino sobre todo, y ahí recae el hecho revolucionario, que asuma que el compromiso con el país implica desprendimientos temporales para lograr ganancias históricas, pero eso será posible si somos capaces de construir una conciencia política en las organizaciones e instituciones sociales y en el propio Estado, para que no sólo vean reflejados intereses particulares en los cambios que vivimos, sino en perspectiva, una inversión en mejores condiciones de vida para la mayoría del país, una patria para todos/as y un futuro real que se apoya en nuestra capacidad de comprometernos en construir lo que hoy soñamos.

*          Es Sociólogo

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