septiembre 22, 2021

2012 ¿año de la (re) constitucion?

Lo que enfrenta el gobierno, no es el desafío de construir determinado consejo o de realizar X evento, sino el de revitalizar su programa político, lograr que una vez más “enamore” a su público, que lo coloque de manera espontánea detrás de sí.

Para el 2012 el principal reto que tiene ante sí el bloque social enmarcado en el MAS – ISIP, es el de reconstituirse, el de lograr (re)articular los mecanismos que en la década pasada le permitieron disputar primero y arrebatar después, la conducción del Estado al segmento social entonces dominante (el de la partidocracia y su entorno empresarial-financiero). Por su parte la oposición tiene ante sí un reto aún mayor: el de constituirse como una alternativa real de poder ante los ojos del conjunto social. La oposición heredera del antiguo aparato dominante debería poder sacudirse de las pesadas herencias que a veces parecen reducir su papel al de un coro nostálgico y quejumbroso. En otro ámbito, la oposición emergente del bloque social conformado detrás de la agenda de octubre (lease MSM y grupos disidentes del MAS) tiene que tratar de demostrar que posee discurso y cuerpo suficientes para entrar en la disputa, en términos reales.

Se equivocan sin embargo, quienes creen que el problema se reduce a la logística y la construcción orgánica. El MAS logró posicionarse como el actor político clave de esta época al tomar para sí el programa político que en determinado momento sedujo a los sectores descontentos con la democracia pactada; el que tenía como pilares principales la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, y como debilidad, la ausencia de la reivindicación autonómica. Los pilares le dieron una solidez política pocas veces vista en la historia política boliviana de las pasadas décadas, pero la debilidad, recién subsanada a regañadientes en las negociaciones de la comisión congresal “clandestina” que terminó de afinar la nueva Constitución, le costó tres o cuatro años de una dura oposición regional que a su vez fortaleció artificialmente a determinados sectores de la oposición conservadora.

Hoy “la Madre” de las (re) constituciones pasa por el terreno descrito. Lo que enfrenta el gobierno, no es el desafío de construir determinado consejo o de realizar X evento, sino el de revitalizar su programa político, lograr que una vez más “enamore” a su público, que lo coloque de manera espontánea detrás de sí. Sin embargo no se trata de una tarea fácil, cuando las reivindicaciones “macro” de la anterior etapa ya se han cumplido y cuando desde hace tiempo la realidad plantea problemas de resolución más compleja. El mayor de ellos es el la manera en que el Estado en todos sus niveles asumirá la “Plurinacionalidad” anunciada en la C.P.E. y el modelo estatal propuesto. No sólo nos referimos al tema del TIPNIS con todas sus connotaciones, sino a los innumerables conflictos que a lo largo y ancho del territorio nacional se dan entre T.C.O.s (potenciales autonomías indígenas) y distintas entidades estatales (el caso del GVT en Tarija, o de los reclamos del pueblo guaraní Tavoko Mora en referencia a la planta de Río Grande, por dar algunos ejemplos). Pero desde luego que el problema va mucho más allá: en realidad nos interroga acerca de la manera en que la plurinacionalidad debería hacerse carne en la sociedad, más allá de las representaciones políticas logradas en la Asamblea Nacional y las Asambleas regionales, y los conflictos por emprendimientos de infraestructura y compensaciones emergentes.

En todo caso también queda claro que en un país que todavía sigue viviendo esencialmente de la explotación de los recursos naturales, los conflictos por la posesión y usufructo de estos irán en incremento en la medida en que los actores no vean un “horizonte mayor”, un objetivo político que abarque al conjunto y con el cual todos se sientan comprometidos. Por ello no debe extrañarnos que tensiones por límites, como las que se dan entre Oruro o Potosí, o por regalías, como la que actualmente viven Chuquisaca y Tarija, recrudezcan. A ellas, si es que no se da la (re)constitución señalada, seguramente se sumarán varias otras en el futuro cercano. Finalmente, emergente de la renovación política debería venir la renovación orgánica y allí el principal reto del bloque gubernamental, será el de superar la fuerte tendencia a la burocratización que atraviesa organismos estatales y organizaciones sociales apegadas a estos.

En la otra vera del camino, el drama de la oposición heredera del sistema de partidos tradicional no solo se enmarca en la necesidad de estructurar un discurso que proponga una alternativa a futuro, sino también en su inexistencia como un cuerpo articulado a nivel nacional. La “Convergencia” actual, no es más que la sumatoria de grupos regionales que si bien tienen coincidencias generales en cuanto a actitudes defensivas y un discurso de rechazo a las iniciativas oficiales, también parecen tener vedada (por su origen y recorrido político) la posibilidad de discutir una propuesta que entronque o parta de una discusión seria sobre las reivindicaciones de octubre, que mas allá de voluntades y deseos, constituyen la base sobre la que se ha construido el devenir político en la Bolivia de los últimos años. El intento más serio de construir una alternativa política nueva, partiendo de la base social que sustenta este bloque, parece ser el de los “Verdes” la agrupación que impulsa el prefecto Costas de Santa Cruz. Sin embargo hasta ahora no ha dado ningún indicio que nos permita colegir, que en algún momento logrará superar sus límites regionales.

Por su parte El MSM, a partir de las posturas que asumió en las elecciones judiciales y el conflicto del TIPNIS, se ha propuesto, sin posibilidad de retroceso, estructurarse como la oposición “viable” (ante los ojos del bloque social de octubre), al ejercicio de gobierno que lleva adelante el MAS. Las propuestas del MSM en el 2.011, han buscado distanciarlo de la imagen de “partido regional” que posee en el oriente y el sur del país. A futuro su reto será poder trascender hacia estas regiones, sin traicionar la vertiente política de la que proviene y el discurso que ha mantenido en los últimos seis años.

Los “cambios” sociales (usando la terminología oficial) tienen edades y enfermedades, y en nuestro caso, parafraseando a algún clásico, podríamos decir que de acuerdo al camino que tomen los actores descritos, podremos saber si las enfermedades que vemos en este tiempo son terminales o de crecimiento, y si la edad del proceso iniciado hace seis años, marca su declive, o un nuevo periodo de madurez.

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