junio 15, 2021

El poder pastoral

El poder pastoral, es ejercido por unos individuos que se consideran a sí mismos como pastores, sobre otros individuos considerados como rebaño en desplazamiento. Comprende una serie de técnicas y procedimientos de producción de la verdad sobre los secretos del sujeto, entre ellos, los secretos más íntimos y profundos relacionados con su sexualidad. Lo que se pide confesar no es sólo, el acto sexual, sino los pensamientos, los deseos, las cualidades del placer que lo constituyen o que se relacionan con él. Como la finalidad del pastor es proteger y procurar la sobrevivencia de su rebaño, su salvación; el poder pastoral recurre al examen de conciencia y a la confesión, a través de los cuales obtiene la verdad subjetiva de cada uno de los miembros de su rebaño. El deseo sexual (concupiscencia), es parte constitutiva de esta verdad, y el cristianismo lo usó para controlar la subjetividad, convirtiendo los deseos eróticos del cuerpo en pecados de la carne, y haciendo que el propio sujeto se sujete a sí mismo, ante la tentación carnal. Este resultado de las técnicas del poder pastoral, ha permitido convertir a la sexualidad en carne, para regular una moral sexual orientada hacia la reproducción dentro de un cierto orden civil, del cual somos parte.

De esta manera, el poder comienza a producir sujetos y cuerpos disciplinados ,a través de un conjunto de instituciones, discursos y prácticas en torno a la sexualidad, que Foucault denomina dispositivo de sexualidad. El dispositivo de sexualidad, lejos de respetar el mutismo que se había impuesto en la sociedad victoriana respecto a la sexualidad; contribuyó a su diseminación, como scientia sexualis, que convertía el deseo sexual en discurso, obligando a confesar al sujeto sus placeres sexuales en detalle, e implantando a partir del lenguaje de los placeres, sexualidades perversas y polimorfas: entre ellas, la homosexual.

Con el dispositivo de sexualidad, vemos aparecer también, en lugar de una teoría de la sexualidad o de una moral sexual, una política del sexo, una racionalidad analítica interesada en clasificar, administrar e investigar los fenómenos del sexo. Esta política del sexo, implementa censuras y prohibiciones, pero sobre todo reglamenta los placeres, según criterios de utilidad pública.

Al igual que la pastoral cristiana de la carne, el dispositivo de sexualidad y la scientia sexualis ponen al sexo como núcleo problemático, como secreto peligroso respecto del cual, el sujeto debe confesar sus más íntimos y oscuros impulsos.

Desde el cristianismo hasta nuestros días, la sexualidad no sólo ha sido considerada como forma de reproducción de la especie o fuente de placer, sino sobre todo se ha convertido en objeto de vigilancia, de interrogación, de dominio, de confesión en tanto verdad del sujeto. Una verdad, considerada como fábula sobre el secreto del sexo y que, sin embargo, permite el ejercicio del poder sobre los placeres sexuales.

El dispositivo de sexualidad y la scientia sexualis, han impregnado las sociedades modernas, entre ellas la nuestra, de un discurso y de prácticas sexuales que hacen de la sexualidad, un objeto de control y de dominación, y del cual es parte, el programa de la liberación sexual. Los movimientos homosexuales, desde este punto de vista, estarían por un lado, atrapados en el dispositivo de sexualidad del poder-saber de la scientia sexualis, pero por otro, tenderían a desbordarlo; dado que todo ejercicio de poder implica también resistencia. La resistencia, es una forma de combate, cuya potencia se extrae del enemigo. Tal como ocurrió en el siglo XIX y comienzos del XX, cuando el movimiento homosexual, se enfrentó a la patologización de la homosexualidad como estrategia opresiva sobre ella.

La homosexualidad, como problema social, político y médico desde el siglo XVIII, fue parte de la implantación de las perversiones, operada por el dispositivo de sexualidad y, por el poder-saber de la scientia sexualis. Lo que se buscaba con la imposición de una moral sexual cristiano-burguesa, represiva y conservadora apoyada en categorías médicas, pedagógicas y judiciales, era ajustar el cuerpo a una sexualidad genital y reproductiva apta para el trabajo útil y enajenado del capital. Sin embargo, esto no se logró. Lejos de reducir el universo sexual, lo que ha ocurrido, en el siglo XIX y parte del XX, es la producción de heterogeneidades sexuales, cuyo quiebre fundamental está precisamente, en el uso improductivo de los placeres.

*          Rosario Aquím Chávez, es Coordinadora General de Enlace, Consultores en Desarrollo. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social de la UCB, tiene dos Maestrías una en Desarrollo Rural y otra en Filosofía y Ciencia Política y actualmente, ha concluido el programa de Doctorado Multidisciplinario en Ciencias del Desarrollo del CIDES-UMSA.

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