septiembre 20, 2021

Descolonizar la vida social

Bolivia vive intensamente una de sus procesos más profundos de toda su historia. Lo vive, de eso no hay duda, por su horizonte descolonizador. Pero en países como Bolivia, donde la organización de la sociedad y el Estado coloniales fueron hechas en base al color de la piel y la naturaleza del apellido, el horizonte emancipador no puede ser otro que negando y superando el capitalismo, cuya carácter universal empezó el momento en que el capital conquistó -apoyado por la espada y la Biblia-, América y África.

De ahí que encarar una lucha contra la colonialidad del poder no es nada fácil ni sencillo. Requiere destruir todos los cimientos materiales y subjetivos que han soportado una forma legitimada de producir y reproducir el poder de una absoluta minoría que lo único que hizo fue cambiar de ropaje: desde el liberalismo hasta la socialdemocracia, pasando por el nacionalismo y la ultraderecha.

El gobierno del presidente Evo Morales está llevando adelante algo que desde la Vicepresidencia se le ha llamado “descolonizar el Estado desde el Estado”. Esta titánica labor, aún admitiendo hipotéticamente que el Estado es capaz de descolonizarse así mismo, es apenas un eslabón de una cadena aún más grande: la descolonización de la sociedad.

Por las condiciones en las que se lleva adelante la revolución boliviana, producto de una gran rebelión social y su combinación con una salida institucional, la construcción del Estado Plurinacional es el punto de partida pero también de llegada mientras no se termine de desmontar el viejo estado colonial, todavía presente en la forma de concebir la estructura de los órganos del Estado y los gobiernos subnacionales así como en la práctica de muchas autoridades.

Hay que evitar dicotomías falsas. No es verdad que seguimos siendo un estado colonial, como tampoco es verdad que estamos en pleno auge del estado plurinacional. La primera afirmación corresponde a una mirada de la oposición que busca descalificar todo lo que se ha logrado, lo cual en el fondo es una nostalgia por el pasado, y la segunda es una afirmación desmovilizadora por pensar que todo ya está hecho.

Aún pensando en descolonizar el Estado desde el Estado hay mucho por cambiar mientras el sistema normativo, la estructura del poder y los mecanismos de toma de decisiones no terminen de ser radicalmente distintos a los vigentes en el pasado.

Pero además, no puede haber una superación del orden colonial si no hay cambios en la sociedad. Ahí hay mucho por hacer, pues la práctica colonizadora se reproduce en la cotidianidad. No se es anti-colonial ambicionando y penetrando los espacios del “colonizador”. Pensar eso sería solo un cambio de actores y todo se mantendría igual.

La superación del orden colonial es organizando la vida social de manera distinta, construyendo otro edificio social, no ocupando el que todavía está habitado por “los otros”. No se trata de ser igual a “los otros” sino más bien distintos. Querer ser igual a los otros está conduciendo a muchos militantes y dirigentes del a la repetición de viejas y odiosas prácticas.

Negar el tipo de sueños y parámetros de “los otros”, para construir sueños emancipadores, es un camino que se lo hace con métodos y estilos de trabajo que todavía no se los nota con claridad. Hay que trabajar en ellos a la par de cambiar las condiciones materiales en la que todavía se asienta ese colonialismo consustancial con el capitalismo.

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