diciembre 3, 2021

Globalización y pobreza

El espacio entre el sí mismo y el otro, se construyó sobre la base de considerar a las culturas como entes encerrados en territorios nacionales. Sin embargo, en la actualidad la trans-nacionalización del capital y su desarraigo nacional, así como las migraciones motivadas por la trans-nacionalización económica, han fracturado cada vez más la idea de que las culturas sean entidades coherentes localizables en unidades geográficas concretas. Así, las transnacionales van creando un mundo global que opera de arriba hacia abajo, más que desde un centro a la periferia. En esta rearticulación global, la cuestión de la “otredad” pierde relevancia y comienza a ser desplazada por estructuras económicas globales y políticas trans-estatales que hacen más visible la “subalternidad”; subalternidad marcada por intereses materiales comprometidos que apuntan a un tipo de distribución económica injusta, a prioridades ideológicas y políticas mal intencionadas y, fundamentalmente, a relaciones de dominación e inequidad.

¿Y qué es un mundo global? La globalización es la trans-nacionalización de la economía: regulación del mercado, achicamiento del estado, privatización de empresas públicas, reducción del déficit fiscal y medidas colaterales del ajuste estructural. A través de la globalización la economía capitalista pretende generalizarse a nivel mundial, subsumiendo y eclipsando a las economías nacionales en una economía mundial unitaria, base fundamental del nuevo orden internacional que sobreviene al finalizar la guerra fría.

Sin embargo, en este contexto, un elemento importante impide que la globalización sea generalizable: la diferencia cultural. Y es que las distintas naciones no responden a los problemas de la misma manera, sino por mediación de sus costumbres, sus tradiciones, su grado de socialización y su grado de individualización, haciendo prevalecer sus valores. Esta función diferencial de la cultura se hace significativa precisamente en las sociedades contemporáneas, que son las que supuestamente se hallan envueltas en el proceso de globalización.

En estas sociedades la cultura aparece como instancia mediadora de las representaciones en las que está inserto el ser humano, no sólo porque éstas han sido creadas por él, sino porque, en cierta forma, cobran una relativa autonomía y terminan convirtiéndose en condicionantes de comportamientos y conductas. La cultura, como dice Raúl Prada, se convierte así, en un ámbito complejo de narratividades. Esta trama de interacciones sociales culturales, según Niklas Luhmann se basa en la confianza en los otros: en los subalternos, en los excluidos, en las asociaciones, en los grupos, en la comunidad, en las miradas desde la “herida abierta” de la frontera. La confianza, en tanto básico hecho social 1 “Cada día ponemos nuestra confianza en la naturaleza del mundo, que de hecho es evidente por sí misma, y en la naturaleza humana” 2.

Para Luhmann la confianza en primer lugar en un rasgo natural del mundo 3; en segundo lugar, es el punto de partida para la derivación de reglas de conducta. La confianza se encuentra en un ámbito influenciado tanto por la personalidad como por el sistema. Niklas Luhmann dice que tener confianza es anticipar el futuro, es comportarse como si el futuro fuera cierto 4. La confianza es una actitud ante la incertidumbre. Desde esta perspectiva podemos decir que la cultura, al ser un sistema simbólico y valórico, hace posible la interpenetración y la interpretación entre el sistema y su entorno.

Subalterno, marginado, colonizado, informal, pobre… son algunos de los nombres que se utilizan para visibilizar a los sujetos de estas culturas en un mundo globalizado; en una relación de dominación en términos de clase, casta, género, raza y lengua; dominación que se consolida en la pérdida de la iniciativa histórica (agencia) del subalterno 5; en su imposibilidad de lograr su autonomía, su libertad. Sin embargo, la presencia de esta subalternidad es la que crea al mismo tiempo, las condiciones de posibilidad para la multiplicación de movimientos sociales y para la rearticulación de la sociedad civil. La importancia de establecer la presencia de los subalternos o de los pobres como sujetos de su propia historia, radica en que se constituyen en un peligro para la “democracia” y el orden establecidos. En estos espacios de quiebre, de dilución de las fronteras y de mundialización del conocimiento a través del despliegue tecnológico, queda claro que el nuevo proyecto de occidentalización con relación al “otro”, ya no es la cristianización o la “misión civilizadora”, sino el desarrollo.

Y qué es el desarrollo, sino una estrategia de la economía política neo-liberal globalizada. Una práctica de explotación ilimitada. Este discurso neoliberal reduccionista, se considera motivante al establecer los impulsos vitales de la historia de la humanidad en el individualismo radical y en la competencia perfecta, presentándose como liberador. Palabras como flexibilización, desregulación, adaptabilidad; tratan de mostrar el carácter fluido, móvil y volátil del capitalismo tardío. Sin embargo, esta práctica ha entrado en contradicción con los resultados efectivos de las políticas de ajuste estructural, de privatización y de liberalización del mercado. La precariedad en campos y ciudades, en las periferias urbanas ha venido aumentado de modo sostenido, la situación social de las clases trabajadoras se ha vuelto incierta, las conquistas sociales se encuentran en suspenso, entre ellos los derechos al trabajo, a la salud y a la educación. Estos índices sociales son ocultados por el discurso o por los indicadores del desarrollo humano, que difunde la cooperación internacional.

El desarrollo, pese a los altibajos de su crisis y al permanente revisionismo de sus estrategias y marcos conceptuales a lo largo de sus más de cincuenta años de práctica, no logra significar un estado de dignidad para los miles de sujetos concretos que fueron víctimas de sus experiencias y de sus sueños. Ahora se fortalece con nuevos descubrimiento por parte de quienes han ido diseñando y financiando sus estrategias: anclados en el concepto de desarrollo, entendido como crecimiento económico (es decir, incremento del ingreso por persona en las áreas económicamente subdesarrolladas), estos expertos han descubierto que el proceso de crecimiento rápido está siempre acompañado de crecientes desigualdades. Estas desigualdades en la distribución del ingreso, están relacionadas con las grandes diferenciales salariales, diferenciales que según el BID reflejan desigualdades en la cantidad y calidad de la educación, de los salarios, del empleo formal e informal, así como en los ingresos rurales y urbanos. Estas desigualdades ahondan las brechas generando procesos de marginalidad y exclusión en los grupos humanos más pobres. Por otro lado, la desigualdad contribuye a los altos índices de pobreza, provocando tensiones sociales, desequilibrios económicos e indiferencia política factores que amenazan la seguridad socioeconómica de los países.

Según el BID, cinco son las tendencias del desarrollo que inciden sobre la desigualdad: la acumulación de capital, la urbanización, la formalización de la fuerza laboral, la educación y la transición demográfica. Estas cinco tendencias están íntimamente interrelacionadas e interactúan reforzándose mutuamente; el análisis del BID concluye que en Latinoamérica se observa un exceso de desigualdad que sobresale en todas las regiones por su elevada inequidad. Enfatizar el análisis sobre las desigualdades hoy, se ha vuelto de vital importancia, no sólo porque a partir de este análisis se pretende disminuir la pobreza y lograr mayor justicia social, sino porque la presencia de más de 150 millones de pobres en Latinoamérica son una demanda viva a la poca reserva ética que aún nos queda en la construcción de una iniciativa histórica distinta.

1          Niklas Luhmann: Confianza. Barcelona 1996. Anthropos. Título original: Vertrauen. Stuttgart 1973. Enke Verkag. pág. 5.

2          Ibid. ; pág. 5.

3          Ibid: ob. Cit. ; Págs. 5 – 6.

4          “Uno podría decir que a través de la confianza, el tiempo se invalida o al menos se invalidan las diferencias del tiempo”. Ibid. ; pág. 15.

5          Gyan Prakash. “Los estudios de la subalternidad como crítica post-colonial. Pág. 1

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