diciembre 8, 2021

24 de mayo de 2008. Desde aquel día muchas cosas no han cambiado

Hace cuatro años y unos días más, un estremecedor suceso tuvo lugar en la ciudad de Sucre. Dirigentes del Comité Interinstitucional de Chuquisaca, acompañados por estudiantes de la Universidad San Francisco Xavier, allanaron las viviendas donde descansaban fatigados un centenar de campesinos del interior del departamento y los obligaron a arrastrarse de rodillas hacia el centro de la ciudad. En aquel lugar, en plena plaza 25 de Mayo, cuna del primer grito libertario contra el poder colonial español, hombres, mujeres, niños y ancianos de piel cobriza fueron golpeados, humillados y obligados a quitarse la ropa y a pedir “perdón” por apoyar al presidente que los representaba por primera vez en todas su vida.

Ya ha pasado mucho desde entonces. Se sabe quienes fueron los principales impulsores de esa barbárica acción. Sin embargo, John Cava, Jaime Barrón, Aydee Nava y Fidel Herrera aún no han pagado por sus crímenes de lesa humanidad y pasean tranquilos por las calles de esa ciudad. Las cortes judiciales de nuestro país continúan retardando su proceso, y al hacerlo, dejan impunes los traumas físicos y emocionales que sufrieron más de 50 personas aquel nefasto día.

Y por ello no se les puede culpar. Si no tuvieron los escrúpulos para hacer lo que hicieron, menos los tendrá la valentía para entregarse voluntariamente. Pero después de una supuesta reforma democrática en el Órgano Judicial algo más debería ser posible. Lamentablemente, y a pesar de que los actuales magistrados fueron escogidos por el propio pueblo, la Justicia parece funcionar de la misma manera que ha funcionado siempre: inclinando la balanza hacia donde está el dinero y el poder.

También llaman la atención las filantrópicas acciones de los diputados de Convergencia Nacional, Adrián Oliva y Jeanine Añez, quienes durante los últimos días presentaron un informe ante el legislativo de Uruguay donde denuncian las violaciones a los Derechos Humanos en Bolivia bajo el gobierno de Morales. Ellos denuncian, entre otras cosas, la represión del gobierno a indígenas de tierras durante septiembre del año pasado en la localidad de Chaparina.

Habría que preguntarse por qué esos mismos parlamentarios de tan puras intenciones defienden los derechos de aquellos indígenas y no de esos otros, aquellos que fueron humillados en Sucre por los mismos sectores de poder económico que representan con su partido. Talvez les moleste tener que recordar que no siempre fueron aguerridos defensores de los pueblos indígenas.

Para terminar, también se debe notar el triste papel que cumplen los universitarios en la lucha política desde hace ya un buen tiempo. Aquel 24 de mayo de 2008 golpearon, desnudaron, escupieron y humillaron de otras formas a una indefensa multitud indígena. Hace unas semanas, estudiantes de varias facultades de Medicina comparaban al presidente Morales con un burro y se burlaban de la educación universitaria a la que no tuvo oportunidad de acceder, como tampoco la tuvieron otros cientos de miles de pobres del campo. Viéndolos a ellos, realmente resulta una suerte que fuera así.

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