La legitimidad es un reconocimiento espontáneo, es el cariño que la población demuestra hacia una determinada persona que ha hecho algo notable para ella. En nuestro país existen varios líderes legítimos, muchos con cargos oficiales, otros sencillamente reconocidos por el pueblo.
En Bolivia, varios dirigentes sindicales son recordados con cariño por haber desempeñado un buen trabajo, ejemplos como los de Irineo Pimentel, Isaac Camacho, Federico Escobar Zapata, Cesar Lora y por supuesto a Domitila Chungara.
En el área rural el dirigente Genaro Santos y la fundadora de las “Bartolinas”, Lucila Mejía, pero también el pueblo reconoce a hombres como Luis Espinal Camps y Gregorio Iriarte.
Por el lado negativo están los que masacraron al pueblo, los dictadores, pero también están los traidores al pueblo, viejos comunistas que colaboraron al ajuste estructural como el “Motete Zamora”.
Hace poco se nos fue Simón Reyes, un baluarte en el sindicalismo minero, brazo derecho del otrora “maestro”, Juan Lechín Oquendo, que a diferencia de los otros “comunistas”, éste se destacó por su consecuencia revolucionaria hasta su muerte.
Las traiciones son tan viejas que se remontan a tiempos de Atahuallpa y su captura por parte de Pizarro; pero también en 1967, no podemos olvidar la traición del dirigente Monje, del Partido Comunista al Che Guevara en la guerrilla de Ñancahuazú.
En la política criolla, el Partido Obrero Revolucionario; fue una de las organizaciones que más traiciones y fracturas tuvo, seguramente por este aspecto su líder histórico; Guillermo Lora fue riguroso y casi dogmático en la aplicación de los principios teóricos, cuya consecuencia fueron los múltiples “PORes” que se creaban y desaparecían, incluso uno de ellos terminó en brazos del MNR (en 1952 y en 1985).
De estas divisiones surge la “Vanguardia Obrera”, VO, organización que no pudo crecer y se recicló con el Katarismo de Genaro Flores, desaparecida la organización “VO”, sus militantes se convirtieron en “autogestionarios”, es decir, que cada uno tomaba la decisión de apoyar a quien su conciencia le señalaba, de esta manera, alguno fundó un nuevo partido el Bloque Patriótico Popular, BPP.
Otro militante de Vanguardia Obrera fue Viceministro de Banzer, otro diputado del Capitán Reyes Villa y alguno se arrimó al movimiento cocalero.
Cómo hemos visto a diferencia de Guillermo Lora, la consecuencia no fue un distintivo de los militantes de la “Vanguardia Obrera” es difícil, entonces, que algún ex militante de Vanguardia Obrera pueda opinar siquiera acerca de las actitudes políticas.
Solamente una mente atacada por una deficiencia en las neuronas puede “olvidar” su pasado, fenómeno comprensible cuando transcurre el paso inexorable del tiempo.
Es bueno recordar, por ejemplo, un hecho poco estudiado y tiene que ver con el final del movimiento minero, su aniquilamiento como fuerza social: Un balance desde los mismos protagonistas señala como responsables de ésta catástrofe sindical a varios dirigentes que liderizaban la histórica “Marcha por la Vida”, no fueron ni los tanques ni los vuelos amenazantes de los aviones que derrotaron la marcha sino la posición de sus dirigentes que claudicaron ante el poder vigente.
Tener fresca la memoria de los hechos y los personajes ayuda en estos tiempos de cambio, porque muchas veces los traidores se muestran como víctimas o salvadores, ocultando sus verdaderas acciones.
* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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