noviembre 29, 2020

La movida del Alcalde

Hace unos días, en una campaña más que todo mediática, el alcalde paceño lanzó su “novedosa” propuesta de nivelación de tarifas del autotransporte urbano, acompañada de algunas medidas destinadas a “ordenar” el servicio público de transporte de pasajeros, que más parece una movida de posicionamiento público ante el vendaval de críticas que ha sufrido la administración municipal con el tema de la supervisión de la construcción de edificios en la ciudad del Illimani.

En realidad la propuesta edil hay que verla desde dos ángulos. Por una parte, a título de nivelación de pasajes y eliminación del trameaje, se propone la consolidación de un incremento en las tarifas del transporte urbano, sabiendo la imposibilidad material de controlar que los choferes sigan cobrando por tramos, imposibilidad evidenciada cotidianamente en hechos tan simples como el control de paradas, de subida y bajada de pasajeros, para no ir más lejos.

En pocas semanas los transportistas volverán a incrementar sus ingresos con el cobro por tramos, como lo hacen ahora y como lo han hecho habitualmente, y tendrán que estarle agradecidos al alcalde Revilla y seguramente encontrarán la forma de reconocerle. Primer gol a favor del alcalde, poniéndose a lado de micreros, minibuseros, taxistas y ramas anexas, metiéndoselos en el bolsillo.

El otro ángulo desde el que se debe visualizar el tema, es el que abordó la autoridad municipal para no quedar en contra ruta y para que el debate ciudadano deje de lado la negligencia municipal en la supervisión de la edificación de construcciones especialmente en el centro de la ciudad, que ha generado una preocupación de magnitud en los habitantes de la urbe. El burgomaestre recoge una verdadera preocupación ciudadana, cual es la situación, lamentable por donde se vea, del servicio de transporte urbano de pasajeros.

Todo el análisis hecho por el alcalde es cierto, todos los paceños vivimos diariamente ese drama de vehículos en pésimo estado, sin las mínimas condiciones de respeto a las personas, sin normas de ninguna naturaleza, con trato displicente al pasajero, en fin, con toda la extensa lista que mencionó el alcalde, pero no es algo que hubiese aparecido recién, es algo que se arrastra desde hace muchos años, desde que aparecieron los minibuses para poner una referencia, y nada o casi nada se hizo por frenar esa situación, sino más bien el gobierno municipal se hizo de la vista gorda permitiendo que la dictadura transportista se potenciara.

La ley de transporte elaborada por el municipio hasta ahora ha quedado en el papel, no existe la capacidad de ponerla en vigencia efectivamente, el municipio no quiere o no puede llevarla adelante, primero porque le faltan mecanismos coercitivos y segundo porque existe un implícito acuerdo con los transportistas que le garantiza gobernabilidad y, desde luego, votos para futuras contiendas.

Entonces, sino imposible, es muy difícil que el municipio pueda ordenar el transporte urbano sin chocar contra los intereses de los propietarios y choferes de micros, buses y otros. Al igual que otros sectores como el gremial, los transportistas tienen un poder fáctico que puede desestabilizar a cualquier gobierno, no solo municipal, por lo que los buenos deseos del alcalde de ordenar el servicio de transporte de pasajeros, solo queda en buenas intenciones.

Al mezclar las tarifas con el problema estructural de este servicio público, la autoridad edil ha conseguido por lo menos un inicial propósito, que no está precisamente relacionado con el tema, segundo gol municipal, cambiar la agenda ciudadana y con un importante y bien elaborado despliegue mediático y comunicacional, dejar de lado la ineficiencia administrativa municipal en temas tan importantes o más que el del transporte.

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