octubre 22, 2020

Una operación militar yanqui de nuevo tipo

La “acción militar encubierta” que el departamento de Defensa de los Estados Unidos desarrolló en el cerro altiplánico de Chacaltaya y el pueblo subtropical de Coroico en Bolivia, con el propósito de realizar investigaciones científicas para asegurar la rápida adaptación de soldados estadounidenses destinados a Afganistán, ha demostrado que al imperialismo nunca hay que perderle huella.

Si bien todavía faltan más elementos para medir el alcance de esta acción encubierta estadounidense, se puede inferir que la investigación científica de temas de altura -que es el argumento aparente con el que ingresaron al país e hicieron convenios con una laboratorio de la UMSA-, se convirtió en la fachada de una operación militar.

Es decir, la investigación científica en temas de altura con fines militares no solo para Afganistán -un país montañoso ubicado en el corazón del Asia y que enfrenta una ocupación militar desde 2001 sin que hasta ahora se hayan cumplido sus objetivos: derrota de los talibanes e instalación de un gobierno estable y sometido a los mandatos de la Casa Blanca., también será utilizada para enfrentar intervenciones en otras partes del mundo con características similares. Bolivia, figura en la lista.

Por lo tanto, ese acto de provocación al Estado Plurinacional de Bolivia hay que entenderlo de la siguiente manera:

Primero, demuestra que los niveles de injerencia e intervencionismo, directo e indirecto, de los Estados Unidos lejos de disminuir se han incrementado, aunque de nuevas formas, en toda América Latina.

Segundo, modifica el concepto de bases militares. No se trata, necesariamente, de construir infraestructuras físicas tradicionales de gran envergadura o de observar el desplazamiento de efectivos militares. El establecimiento de bases militares estadounidenses en las condiciones del siglo XXI se produce de formas no visibles y flexibles como la registrada en Chacaltaya y Coroico, así como con infraestructuras móviles y transportables.

Tercero, pone de manifiesto la escasa voluntad del gobierno de los Estados Unidos de restablecer las relaciones diplomáticas al más alto nivel con Bolivia, en función de lo estipulado en el Acuerdo Marco firmado en 2012, cuyos ejes principales tienen que ver principalmente con el respeto a la soberanía y la no injerencia en asuntos internos.

Cuarto, muestra una reacción del gobierno, enérgica y fuerte, soberana y digna, no fue respaldada por la oposición, cuyas raíces e intereses la llevan a traicionar a Bolivia antes que a dar la espalda a Estados Unidos. Tanto dirigentes políticos, analistas y periodistas opositores emitieron opiniones para tapar esta abierta violación de la soberanía nacional. Las razones de esta posición son bastante obvias y la mayor parte del pueblo boliviano las conoce.

Be the first to comment

Deja un comentario