octubre 30, 2020

“Borracho estaba, no me acuerdo”

El escándalo público que vincula a dos legisladores del MAS en un presunto acto de violación, cometido en diciembre pasado, contra una funcionaria de la Asamblea Departamental de Chuquisaca, y que se ha ventilado recientemente, ha originado el repudio colectivo de varios sectores, instituciones y personas de nuestra sociedad, poniendo en tela de juicio al denominado “proceso de cambio” que enarbola el actual gobierno, toda vez que es inaceptable que estén, en espacios de poder, personajes como los imputados.

La frase “borracho estaba, no me acuerdo” que forma parte del léxico y de las normas sociales aceptadas en nuestra sociedad, entorpecen y dificultan que se supere la violencia sexual de la que son víctima muchas mujeres, niñas, niños y adolescentes de Bolivia, y amerita acciones contundentes y aleccionadoras, y más aún si se trata de funcionarios públicos, como es el caso de los legisladores Domingo Alcibia y Javier Humana -este último nada menos que vicepresidente de la Asamblea Legislativa de Chuquisaca-, ambos detenidos los pasados días en las celdas del Ministerio Público en Sucre.

Humana, según señala el diario El Deber dice haber admitido no ser inocente y “reconoció que se encontraba en estado de ebriedad cuando los hechos ocurrieron; sin embargo, también aseguró que no recordaba nada de lo sucedido”. Ambos legisladores en estado de ebriedad habrían cometido el acto de violación y fueron filmados por cámaras de seguridad en las instalaciones de la Asamblea Legislativa en Sucre, por lo que están siendo procesados por ese delito, sin embargo pretenden aminorar su culpa argumentando que se encontraban ebrios y que no recuerdan los hechos.

Se trata no sólo de acciones de abuso de poder, sino además de actitudes carentes de toda moral y ética que debieran primar en todo ciudadano, más aun tratándose de autoridades. El hecho es que se trata de un delito, nada menos que en contra de los derechos de una mujer, y aunque ésta no haya realizado aún la denuncia formal, quien sabe por vergüenza o por temor, el caso es que es absolutamente inaceptable, reprochable y sancionable que sigan ocurriendo este tipo de situaciones en las esferas de los gobiernos.

Resulta urgente reflexionar -sobre todo llamar la atención de las y los tomadores de decisión- así como de las instituciones públicas y privadas de la sociedad, y poner en relieve las veces que sean necesarias, la urgencia de trabajar en la disminución y erradicación de los factores de riesgo de la violencia, en todas sus formas, entre los que figuran: el bajo nivel educativo, el consumo nocivo de alcohol, las actitudes de aceptación de la violencia (todos éstos atribuibles a autores y víctimas) y el abuso de poder de los autores, entre muchos otros.

Asimismo, poner en práctica estrategias de prevención primaria, recomendadas por la OMS, entre las que figuran la formación y educación en materia de igualdad de género; fomentar la comunicación y las relaciones interpersonales de respeto dentro de la comunidad; tomar medidas para reducir el acceso al alcohol y su consumo nocivo, y tratar de cambiar las normas culturales de género (patriarcales) y aquellas que toleran la violación de los derechos de las personas, con palabras y actitudes como “borracho estaba, no me acuerdo”, resulta indispensable y urgente.

Si el cambio no empieza en aquellos que dicen estarlo conduciendo, entonces ¿De qué estamos hablando?

*          Tania Delgadillo Rivera, es Periodista

            andamiajes@gmail.com

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