noviembre 23, 2020

Te extrañaremos

por: Andrés Sallari

Fue sólo en una oportunidad que pude ver e intercambiar unos segundos.

En 2005, yo vivía en Caracas y trabajaba en el recién nacido canal Telesur, el líder bolivariano acudió a una entrevista que además marcaba la inauguración de los estudios de la emisora, me tocó hacerle una pregunta.

Yo tenía 29 años y estaba acompañado por otro joven periodista colombiano. Esperamos a Chávez en el estudio un largo rato y al entrar lo primero que hizo fue acercarse a saludarnos, nos habló de Jean Paul Sartre y del potencial revolucionario de la juventud.

De ese encuentro conservo una fotografía que hoy adquiere —desde lo personal— una dimensión gigante y que me gustaría compartir con ustedes en esta edición tan especial y sentida.

Cuando me tocó formularle la pregunta yo no estaba seguro acerca de qué hacer, estaba a un costado del estudio y no me definía entre mirar hacia la cámara o hacia el mismo Comandante.

Como no era el entrevistador principal y además estaba en dirección hacia las espaldas del Presidente, miré hacia la cámara y formulé la pregunta.

Imaginé que Chávez estaría ante la misma disyuntiva, mirar hacia la cámara y ofrecer una respuesta en dirección directa al espectador para ganar mejor su atención, o fijar su mirada en el periodista.

El mandatario no dudo un instante, primero giró en su silla para mi lado, fijó su mirada en mí y habló conmigo, no prestó atención al espectador, me prestó atención a mí, al ser humano que le había formulado la pregunta.

Introduzco este relato personal porque me parece que tiene una lectura política, hay millones de anécdotas que ejemplifican la sensibilidad y humanidad de Hugo Chávez, y estoy convencido que ese aspecto personal es el mayor rasgo identitario de su liderazgo político.

No pretendo con esto ir en desmedro de su inteligencia, rebeldía, de su fuerza y voluntad de transformación; pero ese trato humano y tan personal descrito anteriormente y que a mí me impresionara en ese estudio de Telesur, también lo escuché resaltar muchas veces más en testimonios de cientos de protagonistas políticos o ciudadanos de a pie que han tenido la oportunidad de compartir por lo menos algunos instantes con él.

Si esa sincera y profunda sensibilidad humana de Chávez fue uno de los rasgos de su personalidad que lo llevó a ser amado por millones en su Venezuela, en América Latina y el mundo, creo que no podría dejar de destacarse que ese carisma además estuvo puesto al servicio de los propósitos más nobles para todos aquellos que soñamos con vivir en sociedades más justas, y en las que paradigmas como la integración latinoamericana ocupen una parte importante en la búsqueda de esa misma construcción.

Y aquí permítanme introducir otra anécdota con un marcado sentido político.

El 30 de junio de 2011 Chávez anunció desde La Habana su primera intervención para extirparle un tumor, el tratamiento postoperatorio y una posterior rehabilitación lo mantuvieron alejado varios meses de sus funciones habituales.

Meses después el prestigioso intelectual progresista español Ignacio Ramonet estuvo de visita en La Paz y tuvimos la oportunidad de reunirnos con él (junto a Ricardo Bajo y algunos compañeros más). Allí Ramonet nos comentó que se había reunido pocos días antes con la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Durante ese intercambio, Cristina le mencionó a Ramonet que desde que Chávez había enfermado, en América Latina no había pasado “nada”.

Que no había pasado “nada”, significa que con la enfermedad de Chávez el incipiente proceso de integración de nuestro continente había quedado casi casi que frenado. Esta aseveración de Cristina nos debe ayudar en entender la trascendencia que ha tenido Hugo Chávez para que nuestro continente pueda transitar hacia ese sueño de integración que plantearon nuestros libertadores.

Por eso es que estoy convencido; los restos mortales del Comandante deberían reposar en el Panteón Nacional de Caracas junto a los de Simón Bolívar.

¿Continuará Nicolás Maduro con la gesta integradora lanzada por su mentor?

¿Podrá hacerlo con la misma fuerza?

¿Qué pasará con este proceso si la oposición le arrebata el poder al chavismo en las próximas elecciones?

Son todas preguntas muy difíciles de responder, pero creo que este escenario también nos abre las puertas a todos los latinoamericanos para demostrar que este momento histórico que vivimos no depende, o no se explica simplemente, a partir de la voluntad y los petrodólares de un hombre o de su gobierno.

Todos sabemos que no es fácil suplantar a un líder y que su desaparición puede generar la dispersión, la división o la confusión de sus fuerzas. Pero también es cierto que Chávez ya no estaba solo desde hace varios años.

Evo Morales lo acompaña, Rafael Correa lo acompaña, Lula Da Silva, Dilma Roussef, la propia Cristina, Daniel Ortega el Pepe Mujica están ahí, y detrás de ellos nosotros, que con nuestra voluntad hemos designado a esos líderes para que nos representen.

Seguramente será imposible que alguien reemplace al liderazgo de Chávez, los medios de comunicación hegemónicos, siempre afines a los intereses geopolíticos de Washington, ya comenzaron su festín al respecto; pero objetivamente parecen haber condiciones políticas en la región para que el paradigma de integración regional no se caiga como un castillo de naipes.

Es un momento de crisis y Estados Unidos hará sin duda lo propio para que toda esta construcción se venga abajo y vuelvan a gobernarnos sus lacayos de turno, pero evitar esa posibilidad y demostrarles que no dependíamos de Chávez depende de todos nosotros. De los pueblos a la hora de elegir y de nuestros gobernantes progresistas y revolucionarios que deben hacer su trabajo mejor que nunca para que nosotros les renovemos la confianza.

No habían pasado más de 2 horas del fatídico anuncio de Nicolás Maduro cuando vi en la televisión boliviana a dos diputados de la oposición argumentando que Evo Morales se había quedado sólo y que esperaban que ahora comience un periodo de transición a la democracia en Bolivia y Venezuela sin la presencia del “caudillismo”.

Esto evidencia sin duda que las fuerzas retardatarias en nuestras sociedades y más precisamente en Bolivia, no descansarán ni un segundo en su desesperación por volverse a instalar en el poder para traer con ellos esas oficinas del FMI, de la CIA y de todos los instrumentos de dominación que tan bien conocemos.

Una vez más, está en nosotros impedirlo.

El 14 de diciembre de 1994 durante su primera visita a Cuba —resalto, 1994—, el entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías, recientemente liberado de prisión pronunció un discurso en el aula magna de la Universidad de La Habana frente al comandante Fidel Castro. Allí dijo textualmente:

“No es aventurado pensar desde el punto de vista político en una asociación de estados latinoamericanos, por qué no penar en eso que fue el sueño original de nuestro libertador”.

En Caracas, 17 años después nacía la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Celac.

Quisiera concluir reflexionando que si él pudo soñarlo y llevarlo a la práctica, nosotros también podemos hacerlo, ese es su legado, para siempre.

Mientras tanto, estoy seguro, lo extrañaremos.

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