por: Manuel Canelas Jaime
El 17 de mayo es la fecha elegida a nivel internacional para concientizar en la lucha contra la homofobia y la transfobia, sobra decir que como todo este tipo de “fechas conmemorativas especiales” es de esperar que no se limite al día elegido.
Un grupo de taxistas de Cochabamba tuvo a bien adelantar los “festejos” propinando una paliza a tres transexuales que ejercen como trabajador@s del sexo en la capital valluna. Uno de los taxistas que requirió los servicios prestados por estas personas no estimo oportuno el realizar el pago previamente convenido y cuando se produjo la lógica protesta, el varonil taxista recurrió a sus compañeros y a su llave de hierro así como a otros instrumentos para mostrar con “valentía” su rotunda negativa a pagar y exhibir con holgura y respaldo lo macho que era.
Todo esto sucedió en el Prado de la ciudad de Cochabamba ante la falsamente ajena mirada de unos cuantos buenos ciudadanos…esto nos puede dar una idea de la aún vigente legitimidad social para cometer estos delitos (conviene llamar las cosas por su nombre, no matizarlas hablando de atropellos o simples excesos) y la impune fanfarronería que la acompaña. Mientras en Brasil, Uruguay y Argentina se dan avances significativos en el tema de la igualdad de derechos para los colectivos homosexuales y transexuales, en nuestro país no se cumple, ni de lejos, una de la pocas herramientas normativas que existen para combatir la discriminación en esta materia: la ley 045, la que tiene por misión combatir toda forma de discriminación. Es de esperar que el viceministro Cárdenas muestre en este caso el mismo ímpetu y la misma firmeza que ha mostrado, de manera adecuada, en otros casos de intolerable discriminación por motivos étnico-raciales.
Porque este tipo de discriminación tiene el mismo anclaje en la colonialidad que la discriminación étnica, comparten raíz., vendrían a ser algo así como hermanas gemelas. El sujeto blanco y propietario que fue durante siglos el único que importaba para el liberalismo tenía también como condición necesaria su heterosexualidad. Por eso el combate y la lucha tienen que ser entendidos de manera integral: la ley 045 cumple esto en la letra, lo hace menos en el reglamento y casi se desvanece en su aplicación cuando a sancionar la homofobia o la transfobia se refiere.
La relativa apertura reciente en estos temas: la alcaldía de La Paz no solo apoya la marcha del orgullo gay sino también apoya certámenes de belleza de estos colectivos, el canal estatal, Bolivia TV, tiene en su parrilla programas que tienen como elemento central a los colectivos homosexuales y transexuales, etc., va a generar, de manera progresiva, una reacción por parte de los sectores conservadores que irá mucho más allá de declaraciones tan pintorescas como patéticas como las de ese párroco que relacionaba homosexualidad con incremento del narcotráfico. Y muchas de estas reacciones pueden conllevar grados de violencia como el que hemos visto en Cochabamba, cuidado con pensar, como les gustaría a los homosexuales conservadores de Europa, que esta es una reacción propia de sociedades latinoamericanas, la muy fraternal Francia ha visto como en su territorio se desato una reacción violenta y masiva contra la ampliación de derechos reciente. Por todo esto resulta importante pedir a las autoridades que hagan cumplir las leyes en esta materia y que no se queden solo ahí, que comprendan que en el proceso de refundación societal reconocer nuestra condición plural pasa también por erradicar estos comportamientos tan coloniales como el pongueaje.
* Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid

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