| Las iniciativas de integración latinoamericana tiene raíces profundas en la historia poscolonial de este continente. A finales del Siglo XVIII y principios del XIX se desarrolla la idea de la integración, bajo el carácter de los diversos intereses económicos y de comercio, debido a la fuerte presión externa por parte de los estados potencia de ese momento, principalmente Inglaterra y los EE.UU. Este intento de integración se justificaba, también, por los nexos culturales y la vecindad espacial. La identidad latinoamericana se fue construyendo a los largo del tiempo, impulsada por las luchas contra la opresión de los invasores y la hegemonía instalada desde el mundo anglosajón. No cabe duda que fue el Libertador Bolívar el que planteó los planes integracionistas de lo que se llamó América Meridional para sentar diferencias con América del Norte. Estos planes están plenamente expuestos en documentos elaborados por él como: Manifiesto de Cartagena de 1812; la Carta de Jamaica de 1815 y la correspondencia enviada a los libertadores O’Higgins (Chile) y San Martín (Argentina). Así mismo, el concepto Martiniano (Cubano) de Nuestra América adquirió aspectos novedosos en relación al legado de la unión continental de la Gran Colombia, pues no se limitaba solo a las antiguas colonias de España, común en todas la propuestas anteriores, el De Martí incluía todos los países del sur del Río Bravo salidos del colonialismo y enfrentados a la voracidad de grandes potencias, en particular la de los EE.UU. La idea de una comunidad latinoamericana comenzó a configurarse como la integración continental. En este Siglo XX, los principales líderes de los movimientos populares y revoluciones del continente no dejaron de aludir a la necesidad de la unión latinoamericana, obligada referencia ideológica contra el fracaso del modelo capitalista, con la crisis de 1929, cuya hegemonía habría de pasar de Inglaterra a los EE.UU. En este sentido, vale la pena recordar los intentos de Juan Domingo Perón de la Argentina, quién expreso la famosa frase de: “el Siglo XXI nos encontraría unidos o dominados”. También, Getulio Vargas del Brasil y Carlos Ibañez de Chile. En estos casos la integración latinoamericana estaba asociado al desarrollo de los movimientos nacionalistas de la burguesía independiente y con de distinto matiz político; los mismos que defendieron e impusieron políticas orientadas a promover el desarrollo interno a partir de los planteamientos teóricos y prácticos de la CEPAL, con su propuesta del modelo de Industrialización por sustitución de Importaciones (ISI). Proceso que fue interferido y destruido por la crisis de la deuda externa, en la década de los 80’s, y defenestrado ideológicamente por el neoliberalismo globalizador. En el largo periodo neoliberal se impusieron distintos proyectos de bloques comerciales, bajo el dominio de la potencia económica de los EE.UU, tal como el TLCAN, proceso del cual el más trasquilado de esa región fue la economía mexicana, sobre todo en sus sectores más empobrecidos. No contento con los beneficios de su TLCAN, los EE.UU gestionará un bloque comercial más ambicioso, la ALCA. Convencido de que tenía el dominio ideológico sobre las clases dirigente de los países de Latinoamérica y sin tomar en cuenta el espíritu rebelde, subversivo y contestatario de sus clases populares, se propuso poner en marcha definitiva su proyecto ALCA en la cumbre del Mar del Plata el 2005. En esa ocasión la Cumbre de Movimientos Sociales exigió sepultar la ALCA, modelo neoliberal de Bush, propuesta que fue asumida por dos líderes progresistas latinoamericanos en ese momento, Ernesto Kissner de la Argentina y Hugo R. Chávez de Venezuela. Este último, planteo de inmediato la necesidad de un proyecto, no solo de unión comercial, sino de integración multidimensional, la Alianza Bolivariana (ALBA) Frente al inevitable fracaso de la ALCA, los EE.UU volvió a la práctica de buscar a los aliados naturales que tienen en los países de la región, las élites con poder económico y también con el poder político, para retomar sus proyecto de dominar en el comercio internacional de la región con sus tratados de libre comercio (TLC). La respuesta continental de los países de América Latina y el Caribe (ALC) avanzó más allá de lo esperado por la hegemonía imperialista, con los proyectos de UNASUR y CELAC, los cuales van más allá de la simple unión comercial, planteando procesos de integración política que, en el fondo retoman el espíritu de integración vigente a lo largo de la historia de Latinoamérica. Esto es lograr la integración como el mecanismo de defensa frente al agresor, actuar en contra de hegemonías de centros capitalistas que pretenden mantener a los países de la región en calidad de pobres e inhabilitados para aprovechar la gran cantidad de recursos naturales existentes en su territorio. Sin embargo, todo proceso progresista o revolucionario provoca el surgimiento de fuerzas contrarias a ella, fuerzas conservadoras y reaccionarias. Motivados por lar fuerzas económicas y los intereses de clase de las élites que aún tienen el poder económico y el político en algunos países de la región. Promovidos por intereses de grupos minoritarios y la vigencia ideológica neoliberal de sus gobiernos se pretende retomar los tratados de libre comercio entre algunos países del continente latinoamericano. Esto es lo que está aconteciendo en este momento con la propuesta de la Alianza del Pacífico, una tertulia neoliberal, iniciativa de gobiernos que representan a sus clases dominantes y que no están dispuestos a entender el proceso de ruptura que están planteando sus clases mayoritarias, sus movimientos sociales y el momento histórico por el que estamos atravesando. Lo común de estos países, ¿además de la afinidad ideológica neoliberal?, es que todos tienen tratados de libre comercio (TLC) con los EE.UU y TLC entre ellos. Un TLC no es integración en el sentido histórico del término y la experiencia latinoamericana. Un TLC se reduce a cumplir la anhelada meta del libre comercio, sin considerar las asimetrías existentes entre los países ni las existentes al interior de cada uno de ellos, su propuesta práctica es conseguir el arancel cero, esto es libre circulación de mercancías entre los países involucrados. Las experiencias amargas, para las clases empobrecidas de estos TLC, están en la sociedad mexicana: explotación inhumana en las maquilas, debilidad de su soberanía alimentaria, mafia, narcotráfico, inseguridad en varios aspectos y el surgimiento de dos o tres millonarios uno de ellos el más rico entre los tres del mundo. Surge la necesidad de fortalecer los proyectos de integración que están fuertemente vinculados al pensamiento y la doctrina heredada de los líderes reconocidos de nuestro continente y fortalecidos, ahora, con la potencia de los movimientos sociales. No dejarnos llevar con ideologías dominantes que pretendan romper los procesos progresistas de integración, ideología neoliberal que va en desmedro de las poblaciones mayoritarias de nuestra región. * Docente Investigador Titular de la UMSA, economista subversivo. |

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