octubre 20, 2020

Ofensiva contra el cambio

por: Coco Manto

Lo tienen entre cejas para un tiro a mansalva como les manda el miedo. Hay que matar al indio orgullecido, se dicen al desgaire esperando que un francotirador lo haga efectivo.

Hay que colgarlo en la Plaza Murillo, darle el mismo final como al abyecto Gualberto Villarroel, gritó el ladino señor de los cementos y dio al indio una argamasa enemiga en concreto.

Hay que dinamitarlo en el Palacio, chilló un agente de las dictaduras, torturador que fue y está en los mandos de la Central Obrera Boliviana (COB), que es hoy por hoy su tacho de basura.

A derribar al indio llamó un prefecto oriental desquiciado cuando el indígena fue reelegido por decisión masiva; desgraciado, dividiré al país, juró el ardido y apuró un golpe cívico perdido.

Hay que sacarlo pronto, es una traba, ordenan los que miran el Tesoro como el gran objetivo del asalto; es lo que hicieron siempre en la fallida, vieja república de los maltratos. Ya “cairá”, suscribe el doctorante, indígena también, mientras suplica la octava beca de dinero grande, que se la niegan porque ya no aplica por exceso de edad desde endenantes.

La TV patronal ya no lo traga y la prensa sipcaria lo destaza, los analistas cursis de palabra lo llenan de improperios a la mala, mientras les tupe plata la Embajada. Los amos del Destino Manifiesto, que como a Chávez le guardan inquina, le van a desatar rudas campañas por narcotráfico y aquello y esto, como a Maduro, Correa, Cristina…

La CIA nunca duerme, ni la DEA. Se hacen carne y dinero de quien quiera alquilarle su espíritu sin miedo a que lo marquen como testaferro; los agentes se infiltran en los predios de oenegés, el clero, los obreros.

Las mentes patriarcales han planeado descuartizarlo cual Julián Apaza, no faltará quien ponga los caballos a condición de que haya en la plaza montantes resentidos, desplazados.

Es cierto que se van en su derecho los que andaban con él y ahora lo niegan, el síndrome de Pedro desatento al canto de los gallos de conciencia en la hora atroz de las supremas pruebas.

¿Quién defendió a Tamayo, a Reynaga?, ¿quién a Siñani, estirpe inteligente? Ellos no fueron llunk’us en picada ni jilacatas de terratenientes, menos vices del Gringo en la fregada.

¿Y qué les hizo el indio tan mentado? Quitó los privilegios coloniales, puso en alto el prestigio ciudadano, recuperó los bienes naturales y su gobierno es de acertado mando.

Qué pobre cosa son los que se clavan para acabar al indio en asonada, su tanta cólera espumando baba, ya de una vez con puñal o con bala como a Espinal, Marcelo, el Che Guevara.

Diferente a los héroes solitarios, el indio es lo plural desde su sangre comunitaria repartida en todos, destino colectivo, suerte en grande. Él cree en lo dual y no va solo. Él está aquí desde hace nueve siglos, en tiempo y en espacio concebido; el indio es parte de la augusta vida de sus pares, los indios redimidos, y es fiel a su palabra prevenida. Ha de morir, en fin, cuando se apague primero el sol, otro indio originario. Sol plurinacional que ojalá salve nuestro universo mal utilizado en su calor y luz de padre y madre. El indio ha de vivir en la alegría de ser el fundador y el viejo dueño de la patria matriz, razón altiva de caminar apoyado en los pueblos hacia la dignidad. Viva Bolivia!

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