agosto 24, 2026

TIPNIS: el efecto mariposa

Después de develarse los entretelones oscuros por los que transitaba la dirigencia del TIPNIS y su gran amo y patrón, Ernesto Suarez Sattori, como los actores principales de ese documental muy conocido en los dos últimos años, titulado: “Carretera por el corazón del TIPNIS”, es menester hacer algunos apuntes que nos aclaren este gran entuerto.

Recurriremos a una definición muy simple del efecto mariposa: “una pequeña variación al comienzo de su trayectoria genera cambios enormes en su desarrollo ulterior”. Para analizar la problemática que rodea al TIPNIS, debemos abrir la ventana que vaya más allá de mostrarnos un camino que atraviesa un bosque, debemos ser capaces de mirar más allá del territorio físico, más allá del reducido aspecto proteccionista de una ecología mal interpretada.

Los enfoques que solamente nos muestran un camino en construcción, son visiones tramposas y reduccionistas. El tema TIPNIS tiene una complejidad que resume las actuales tensiones del Estado en transición, diríamos es la condensación del proceso de cambio.

Para acercarnos a esta complejidad debemos remontarnos a los días agitados previos a la realización de la Asamblea Constituyente y encontrar esa pequeña variación respecto al conjunto de actores que se cobijaron en el arco del Instrumento Político, esa variación muy reducida pertenece a organizaciones indígenas de tierras bajas, que nunca tuvieron una definición política, es más siempre rehuían al compromiso ideológico.

No es casual pues sus orígenes están ligados al apoyo de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) muchas de ellas de carácter conservador, como el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) y otras denominaciones evangélicas de Norteamérica.

Esta aparente separación de “lo político” de las organizaciones indígenas cautivó a más de un intelectual que, también desde su “aparente neutralidad”, pretendió encontrar en la actitud indígena la pureza inmaculada de lo cierto y verdadero, de lo auténtico y casi, casi al buen salvaje preservado de la malvada influencia de la política y la ideología.

Viejos intelectuales frustrados, que militaron en su vida universitaria en corrientes “autogestionarias” para diferenciarse de los militantes de organizaciones políticas, pretenden encontrar hoy su entronque con los actuales movimientos indígenas contrarios a las transformaciones del Estado y claramente alineados con la oligarquía y repiten la imagen colonial de un paternalismo, que detrás de bambalinas mueve los hilos de pronunciamientos y movilizaciones.

Pero volvamos a ese momento inicial del sueño unitario para cambiar Bolivia. La gran mayoría de los pueblos andinos, encabezados por aymaras y quechuas realizan concesiones a sus hermanos de tierras bajas, confiados en su compromiso de cambiar el país.

Poco duró esta unidad pues las mezquindades particulares emergieron desde los más oscuros rincones de la condición humana, aparentemente no incluidas en los usos y costumbres indígenas; pero es ya conocido que las culturas puras no existen y que los hábitos perversos son los que más rápidamente cautivan y penetran en los sentidos.

Todo el entramado de declaraciones y convenios internacionales, referidos a los pueblos indígenas, son el paraguas para justificar la defección del proceso de transformaciones.

Valga la oportunidad para pensar en quienes fueron los impulsores de esos convenios y declaraciones ¿acaso no tienen su origen en intelectuales, financiados por las grandes potencias coloniales? ¿Acaso no podemos leer que se trata del viejo slogan “divide y vencerás” de las conquistas coloniales?

La historia, sabemos, es la historia de las ambiciones humanas, unas más nobles otras más perversas, unas de proyectos comunes, otras de ambiciones particularidades.

En la añorada Asamblea Constituyente se depositó una confianza equivocada, se pensó en una complementariedad creadora, lamentablemente fue el aleteo de una mariposa.


*    Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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