octubre 26, 2020

¿La OEA, entre el error o la provocación?

El 6 de junio pasado, el secretario de Asuntos Políticos de la Organización de Estados Americanos (OEA), Kevin-Casas Zamora, le envió una carta de respuesta al ex presidente Jorge Tuto Quiroga, sobre la legalidad de la declaración emitida por el Tribunal Constitucional de Bolivia respecto de la habilitación de Evo Morales y Álvaro García Linera para las elecciones de 2014.

El funcionario de la OEA expresó, para satisfacción del derechista ex presidente que había consultado a ese organismo, que el TCP se apartó en su interpretación de los términos de la negociación política que precedió a la aprobación de la Constitución Política del Estado.

A la posición de Casas-Zamora le salió al paso el Secretario General de la OEA, Miguel Insulza, quien desautorizó a su funcionario y al pronunciamiento por no sujetarse a las normas y principios del organismo supranacional.

¿Resuelto el tema?

Aunque no existen condiciones como para que la OEA se pronuncie en contra de la declaración del TCP, es evidente que Casas-Zamora no se hubiera atrevido a tal atrevimiento si al organismo supranacional no le acompañara una larga historia de injerencias.

La “errónea” misiva enviada por el funcionario de la OEA bien puede ser entendida como una provocación y un globo de ensayo.

Como provocación pues Casas-Zamora es un ciudadano de Costa Rica bastante alineado a la política contraria de Estados Unidos a los procesos de cambio en América Latina. Su estrecha relación con Washington le ha permitido no solo estar en la lista de los “Jóvenes líderes globales” sino llegar a ser ministro y segundo vicepresidente del país centroamericano.

De hecho, Casas-Zamora es bastante amigo de Jorge Quiroga, un político boliviano que, a pesar de la campaña mediática que lo respaldo como otro de esos “lideres globales”, solo llego a ser presidente de Bolivia por la muerte de Hugo Banzer Suárez antes de concluir su mandato por el periodo 1997-2002.

Pero la misiva también es un globo de ensayo, pues las declaraciones posteriores de Insulza tampoco son contundentes respecto de la falta de jurisdicción que tiene la OEA para meter sus narices en temas que son resueltos por los organismos jurisdiccionales de un Estado soberano como el boliviano.

Es decir, no sería nada extraño que los gobiernos de derecha y los funcionarios sometidos a Washington continúen desarrollando una campaña contra el TCP y el binomio Evo Morales-Álvaro García Linera mientras más nos aproximemos a las elecciones de 2014, no tanto por tener las posibilidades de evitar la nueva victoria del proyecto político más importante de la historia boliviana, sino por ensuciar la cancha y lanzar pedidos de intervención muy al estilo de cómo la derecha ha manejado el país desde la fundación de la república.

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