octubre 24, 2020

De septiembre no pasa

“Y un día ya nos cansamos de tanta discriminación y tanto racismo acá en la ciudad de Santa Cruz, como si nosotros tuviéramos que pagar por estar aquí” rememora una dirigente de las Bartolinas, en pleno 2013, en tierras orientales. “Era demasiada la discriminación, era demasiado que estén pegando a nuestras hermanas de pollera”, complementa.

Todo el proceso constituyente había transcurrido, las tensiones irresueltas del país habían salido a flote en los años anteriores, sobre todo los últimos dos. El camino que el país había transitado con dolor pero con decisión, apenas iba por la mitad y llegar a puerto seguro tomaría más tiempo del esperado. Septiembre del 2008 ya era la adenda contractual del pacto que definimos construir; el tercer tiempo, el momento-espacio no previsto del proceso constituyente.

No sólo se trataba pues de la imposibilidad institucional que el gobierno enfrentaba desde principios de año para convocar a referéndum dirimitorio y aprobatorio del entonces proyecto de Constitución Política del Estado. Se trataba, también y sobre todo, de la emergencia de todos los sectores postergados, invisibilizados y ausentes durante años del Estado republicano. Y, se trataba puntualmente, de su encuentro con las clases y élites dominantes del Estado nacional. Durante los dos años anteriores (y mucho antes, con distinta intensidad de tiempo-espacio) todos estos sectores habían batallado por la construcción de un Estado en el que cupieran, un Estado para todos y todas; pero sobre todo para ellos y ellas que estaban decididos/as a no postergar más su presencia en la historia moderna de Bolivia. Por ello, no era el 2008 donde iba a llegar la rendición. Era sí, el año más difícil y la segunda mitad del año, la época más complicada, pero no era el momento de soltar lo que se había tejido anteriormente a fuerza de batallas históricas.

“(Había) toda una serie de demandas históricas muy amplias que la Nueva Constitución (incluyó) por eso la gente y las organizaciones populares en aquella época estaban pues con expectativas, por eso también salieron a defenderla” recuerda también este año, quien tuvo que atrincherarse mediáticamente para poder contar acerca de quiénes, paradójicamente, habían sido cercados por el silencio de casi la totalidad del sistema mediático local y nacional. Las trincheras comunicacionales no eran algo común, la mediocracia imperante determinaba unilateralmente la agenda y aún el mundo de las redes sociales era incipiente en el país. De cierta manera, la otra comunicación luchaba también por existir.

Podía haber sido algún mes anterior, luego del año 2007 cuando el proyecto de Constitución había sido aprobado en Oruro. Pero de ninguna manera podía haber sido en octubre o luego. La escalada de violencia y el conflicto in crescendo que estaban implicando los temas nodales del proyecto (tierra, recursos naturales, autonomías) aún pugnaban su espacio en la historia y cualquier momento debía desencadenarse el desempate: fue en septiembre. “Ahí es donde se desequilibra la correlación de fuerzas entre el grupo cívico-prefectural, que pretendía dividir a Bolivia en dos, la llamada media luna y toda la corriente que había ido a apoyar a Sucre la Asamblea Constituyente y el Estado Plurinacional con autonomías; y aquí la resistencia de las élites de poder aglutinadas en la prefectura y en los comités cívicos”, recuerda un actor de la resistencia cruceña.

Finalmente, existía ya una decisión de finalizar el proceso constituyente iniciado hace años y batallado material y cotidianamente un par de estos antes; y claro, la historia-tiempo puso de su parte. La posesión-administración del Estado -literalmente esos días de asaltos a instituciones en Santa Cruz- no sería más cuestión de unos pocos. Y esa batalla, de septiembre no pasó.


*    Twitter: @verokamchatka

Be the first to comment

Deja un comentario