octubre 26, 2020

En torno a los maestros de la sospecha

por: Christhian V. Lizarazú G.

“Marx, Nietzsche y Freud… estos tres maestros de la sospecha no son maestros de escepticismo; son seguramente tres grandes destructores y, ni siquiera esto debe extraviarnos, la destrucción… es un momento de toda nueva fundación”. Paul Ricouer
El filósofo francés Paul Ricouer llamó a Marx, Nietzsche y Freud los Maestros de la Sospecha, y los llamó así, porque la influencia que deviene de ellos ha impactado la cultura de una manera extraordinaria. Por ello es necesario desentrañar lo que detrás de ciertas capas culturales de hoy late y gira entorno a las Sospechas de estos maestros. Para ello me he propuesto mirar de arriba hacia abajo —sospechar— sus sospechas.

Marx, el Idealista

A partir de la realidad vista a través del ojo materialista; Marx palpó la historia como lucha de clases, pero a su vez proyectó para la historia grandes utopías. Las utopías de Marx llevan en su vientre al idealismo, esto se explica así porque por ejemplo la utopía de una sociedad comunista entorno a las proyecciones de Marx; se contempla a lo lejos como una especie de reino platónico para los hombres, donde estos se esperan idealizados, intachables, casi como si fuesen los números mismos del mundo matemático, donde todo funcione como una especie de ecuación sociológica perfecta. Es decir que bajo una perspectiva de la sospecha, hoy podemos señalar que hay una dialéctica que por ser totalizadora en la noción de que engloba la categoría del espíritu; supera al materialismo dialéctico como tal. Al respecto hay una anécdota que nos ayuda a vislumbrar cómo el mismo Marx se veía superado por ella: En una carta a Engels, Marx le menciona su asombro por la forma en que la poesía de Sófocles seguía conmoviendo -y conmoviéndolo a él- a pesar de que las estructuras económicas y materiales no eran las mismas que en la época en que escribiese el poeta. Bueno, por un lado es interesante que un pensador como Marx se sorprenda de algo que si miramos con agudeza, denota la existencia de indicios metahistóricos que conmueven al hombre más allá de las condiciones económicas, materiales e históricas.

Hoy la lucha de clases continúa, y continúa también la máxima de Marx; “la violencia es la partera de la historia”, por lo tanto es casi ingenuo suponer que esto no converja en una síntesis que niegue el fin de la historia a su vez, ya sea en el capitalismo o en el comunismo. Yo considero que la síntesis se plasma en lo siguiente; si la lucha de clases es la historia del hombre y la violencia es la hacedora de esa historia, entonces la lucha de clases es la constante sin la cual no hay historia posible. Y no hablo solamente de la división burguesía – proletariado, sino de las que existirían aún si la anterior fuese resuelta: gobernante – gobernado, fuerte – débil, rebelde – sumiso, inteligente – tonto, etc. Etc.

Por ello hay que mirar y apuntar a la enseñanza metahistórica que nos dejó Marx, misma que se delata como eje de su filosofía y como lección para aprender. Así, como yo lo veo, la ontología de Marx se basa en la Transformación -“lo que los filósofos han hecho durante siglos es interpretar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo”-, el eje de su concepción del mundo es el homo oeconomicus. El hombre económico que transforma la materia; es decir que hace economía, y que por ello se hace así mismo. Hoy en el mundo los países basan sus jerarquías de poder en base a su crecimiento económico, y lo que sigue siendo decisivo es quién posee los medios de producción. Así que si para Aristóteles el hombre es un animal político, y para Marx -según mi perspectiva- un animal económico, nosotros debemos entenderlo como animal político y económico que utiliza esas facultades para a su vez transformar el mundo para bien o para mal, a su imagen y semejanza.

El Inmenso Nietzsche

En el inmenso océano metafísico de aforismos nietzscheanos; la profundidad y la amplitud de la filosofía al martillo, gira en el entorno del intento epopéyico de transmutar todos los valores. Por eso Nietzsche es el filósofo que siente -y piensa con- desdén por todo aquello que él considera como lo bajo, por todo aquello que representa el embobamiento y engorde de la masa anodina. En ese sentido Nietzsche dirá “El filósofo es el legislador de la grandeza”. Pero ese tipo de grandeza de la que habla Nietzsche, la sociedad no la comprende en su momento, sino como él mismo dijo; muchas veces en la posteridad -“hay pensadores que nacen póstumos”-, esto porque a la sociedad no le es dado admitir un cuerpo extraño dentro de ella. Eso le pasó a Nietzsche, la sociedad lo aisló en la medida en que él mismo se aislaba, a medida que él no la soportaba, ésta no lo soportaba a él. Por ello para que una sociedad se fortalezca debe ser sometida a la dureza -al igual que lo hace un cuerpo que se va haciendo más fuerte al calor del dolor-, ¿y qué otra forma más dura que acoger en su seno a sus posibles deconstructores -o como Nietzsche los llamaría, los filósofos del futuro-?

En tal propósito, una sociedad fuerte equivale a una sociedad democrática en el más alto sentido -y veracidad- de la palabra. Una sociedad así aceptaría por ejemplo una aristocracia del espíritu, una divergencia con todo lo establecido; es decir una filosofía a martillazos. Pero una filosofía a martillazos, no puede concebirse sin una crítica de cómo se filosofa al martillo. Es así que me parece importante decir por ejemplo que la “malignidad” de algunas ideas de Nietzsche son en el fondo una ansia de pureza y amor a los hombres; la búsqueda de la instauración de una meritocracia social, en la que los fuertes pueden sentir compasión por los débiles y ayudarles. Una sociedad donde la corrupción no sirve de nada, porque no es necesaria, y no es necesaria porque la epopeya de una transmutación de todos los valores la ha fulminado, a esa aspiración nietzscheana que no deja de ser idealista también, yo la llamaría provisionalmente: Mética.

Por otro lado, si analizamos la filosofía de Nietzsche, necesariamente nos toparemos con la Voluntad de Poder -con la esencia de la existencia, con el ser-, porque Nietzsche con la voluntad de poder, descubre y hace el mundo, y al hacerlo no lo hace ni para bien ni para mal, simplemente lo hace porque como él dice; “Ahí donde he encontrado vida he encontrado voluntad de poder”, y si miramos en nuestro entorno, constataremos que así sucede: el árbol que crece más grande y más grande cada vez es voluntad de poder, el joven estudiante que busca obtener los mejores logros es voluntad de poder, el imperio norteamericano que invade países y hace la guerra es voluntad de poder, los países sudamericanos que se unen en nuevos espacios políticos y económicos son voluntad de poder. Todos ellos intuyen, para decirlo de algún modo; que si solo conservan lo que tienen, perece su propósito, por eso la voluntad de poder quiere más poder y sigue tan viva hoy como cuando “la descubriera” Nietzsche.

Por todo esto hay mucho por aprender y pensar críticamente acerca de Nietzsche, nos deja enseñanzas vitales, porque como yo lo veo la ontología de Nietzsche se basa en la justificación del hombre como una promesa valedera para la vida, el eje de su concepción del mundo es el superhombre -el übermensch-. El hombre extraordinario que con su voluntad de poder es capaz de transmutar los valores y legislar la grandeza. Así que si para Aristóteles el hombre es un animal político, y para Marx es un animal económico, para Nietzsche -según mi perspectiva- el hombre es un animal superior en el cual confluyen lo apolíneo y lo dionisiaco. De ésta manera, el animal político, el animal económico y el animal superior se bifurcan en lo que el mismo Nietzsche llamaría como lo humano demasiado humano.

Freud siempre Freud

Freud puso su bandera en el iceberg del conocimiento de la psique humana y descubrió un nuevo mundo que mediante las palabras es capaz de modificar la conciencia del hombre respecto de sí mismo. Y pudo hacer eso porque Freud era un tipo especial de hombre, él era como dijera Jacques Lacan; un Universitas Literarum, un hombre que va más allá de su ciencia y su época. Alguien que se percató que la psicología está “instalada” en la mente del hombre como una curiosidad innata de sí mismo. Hoy esto continúa siendo así porque es metahistórico, pero si agudizamos la observación, muchas veces veremos que la situación psicológica social actual es patética. El hombre está cubriendo su comportamiento con un barniz artificial, donde lo que cuenta no es vivir un acontecimiento para uno mismo, sino tratar de aparecer en algún acontecimiento para poder divulgarlo a otro, a otro que ni siquiera se conoce como se conocería por ejemplo a un compañero. Esto se debe a su vez a que el hombre continúa abandonando el conocimiento y la indagación de lo que llamaríamos el yo, porque en ésta época grave se vislumbra además de la búsqueda de la conquista de las cosas, el inicio de la búsqueda de la conquista de “lo virtual”, es decir que el hombre ha empezado su engaño psicológico más surrealista; proyectar una realidad virtual idealizada y luego volcarla, para que esa realidad virtual idealizada sea luego la realidad que más vale.

Ya no se indagan los sueños, sino que se tienen recetas acerca de ellos, estas recetas están colgadas en el “mundo virtual”, pero lo están de una manera tergiversada. Al respecto es importante comprender que los fenómenos imaginativos surgen de la realidad, pero como el hombre es un insatisfecho crónico, tiene en su seno la facultad de crear, de crear su propio -que ya es propio per se- mundo a través de los sueños, pero para volver luego a la realidad de la mundanidad del mundo. Por ello el profundo psicólogo como Freud, es aquel que en la práctica advierte. En su típica forma de advertir están unidos el percatarse y el amenazar; se trata de percatarse de aquello que en el hombre pueda llegar a ser cultivado o podrido, y se trata del amenazar sobre las causas que devienen o podrían devenir de sus frutos -de los actos del hombre, de su psicología actual-.

Yo pienso que toda circunstancia que vive el hombre, es una provocación psicológica para él. 
Por ello es lógico que al pasar por un sinfín de circunstancias, el hombre llegue a herirse, a tener traumas psicológicos; pero los traumas psicológicos son “naturales”, estos al ser heridas, surgen en el duro entrenamiento de la escalada a la cima de nuestro propio entendimiento -nuestro autoconocimiento-. Para ello se necesita fortalecer nuestro ego -ego entendido como nuestra apercepción-, porque muchas veces suceden abortos de los mejores intentos de ser lo que queremos ser; siempre estamos “bastardeando” nuestro yo.

Así también, desde luego que de Freud tenemos mucho que seguir aprendiendo, hablar de psicología, es volver de algún modo u otro a las enseñanzas del fundador del psicoanálisis. En esas enseñanzas yo veo que la ontología de Freud -si podemos aplicar ésta concepción a su pensamiento- es en realidad una ontogénesis que se basa en la pulsión, el eje de su concepción del mundo es el hombre de la ratio sexual -de la razón sexual-. El hombre que es pulsión de vida y de muerte, cuyo desarrollo psíquico está determinado -para Freud- por su sexualidad. Entonces si para Aristóteles el hombre es un animal político, para Marx un animal económico y para Nietzsche un animal superior, para Freud el hombre es un animal sexualizado. En síntesis, podríamos decir que si el hombre es un animal con todas esas características, llega a ser un animal sospechoso al que le atribuimos más y menos cosas de las que llegamos a conocer profundamente de él.

Para Finalizar

Ya sea de uno u otro lado, no nos apresuremos a condenar a espíritus grandes como los de Marx, Nietzsche y Freud. Nuestra necesidad de verdad hace que los juzguemos como si no fuesen humanos. Lo que yo he hecho es simplemente pensar sobre ellos, ya que al fin y al cabo la última palabra de un gran pensador es aquella que no se ha dicho y estaba por decirse…

Be the first to comment

Deja un comentario