por: Rafael Artigas
| Los hechos niegan las palabras. Jaime Paz Zamora, en su condición de presidente de Bolivia, tiene varios muertos en su haber de manera directa y luego como co-responsable de la masacre en la ciudad de El Alto, en octubre de 2003. |
| Decir que Jaime Paz Zamora, el líder del MIR, vive de delirios, por ahí es una exageración, que tiene principios de Alzheimer, demencia senil, ya puede ser algún indicador de los males que padece, pero afirmar que Paz Zamora desde hace muchos años vive preso de sus propios extravíos ideológicos, eso es más cierto y cada vez más claro. Hace un par de días, Jaime Paz, había manifestado que lo que más le enorgullece es que tiene la conciencia tranquila de “no haber hecho daño a nadie, ni haber tenido ningún muerto en su gestión de gobierno”. Y recordando su pasado dice, estar satisfecho por “haber dado el salto histórico para la economía nacional con el descubrimiento de petróleo en Cochabamba y de los megacampos de gas con el pozo de San Alberto en Caraparí, en 1990, que hoy garantizan más de la mitad de los ingresos por exportaciones”. ¡Wau qué descubrimiento! No vamos a revisar el pasado del líder mirista que hace más de veinte años pactó con dos gobiernos que, violaron los derechos humanos e hicieron del poder un pasanaku para quedarse; lo que tratamos es de remover la historia y señalar a las actuales generaciones, que aquellos que llegaron al poder, hoy, por justificarse, recurren a la mentira y olvidan lo que hicieron. La memoria de un pueblo como Bolivia, esta ahí y todos la tenemos presente. Esa historia acumulada habla por sí sola y difícilmente se puede ignorar y no se la puede borrar, mucho más si los actores de esa historia boliviana se expusieron ante los ojos del mundo. Evo Morales, hizo propicio el momento en que Jaime Paz Zamora había negado de que en su gobierno, no hubo ni un muerto, y le recordó que éste, formó parte del gobierno del MNR, junto a Sánchez de Lozada “hasta el último momento”. Pero también le recordó que en 1991, en una marcha cocalera que salía del Chapare en la que dijo participaba, murió un cocalero. Evo se olvidó en recordarle que un año antes, el 5 de diciembre de 1990, dentro de una operación conjunta del ejército y de la policía, se asesinó a los miembros del CNPZ. Los tres presuntos miembros de la CNPZ asesinados fueron: Miguel Northtufster, Luis Caballero y Osvaldo Espinoza. El empresario, Jorge Lonsdale también murió. Amnistía Internacional expresó su preocupación a las autoridades bolivianas debido a que la información recibida parecía indicar que al menos dos miembros de la CNPZ fueron ejecutados extrajudicialmente después de rendirse. El viejo tronco del MIR se hizo añicos hace muchos años, sus vertebraciones y escisiones sufrieron una crisis severa en sus estructuras ideológicas que derivaron en que, sus líderes como Antonio Araníbar, con el MBL, pactasen con el MNR de Goni y, los que les siguieron, hagan alianzas hasta con grupos de extrema derecha en el oriente boliviano. Otras expresiones se dan en el mismo Samuel Doria Medina, ex Ministro de Planeamiento del gobierno de Paz Zamora dirigiendo ahora su propio partido (UN) y Juan del Granado, con el MIR- MASAS, construya un movimiento partidario lejos de aquellos principios ideológicos como lo que fundó el MIR en sus inicios. Ese es el descalabro político por el que transitó el MIR de Jaime Paz Zamora y que, por la angurria y la desesperación de llegar al poder a como dé lugar, vendieron hasta su propia conciencia, atravesando “ríos de sangre”, sucumbieron a la tentación del narcotráfico y se jodieron, como lo dijo el propio Oscar Eid, cuando confirmaba su crisis en una ocasión: “Jodidos, jodidos estamos todos”. Los nuevos actores de la política actual, repiten el mismo libreto de Paz Zamora. El viejo “entronque”, teoría política del MIR es una realidad, pues se ha dado una alianza con el MNR a través de Pedro Nuni en el Beni, impulsada por el viejo mirista Juan del Granado, ahora con el MSM. Esta alianza tiene agua bendita. La bendición a esta Santa Alianza tiene sus orígenes en el MIR, porque no hay que olvidar que antes fueron militantes de la Democracia Cristiana, más propiamente de la Juventud Demócrata Cristiana Revolucionaria (JDC-R) de esos tiempos data la relación MIR-Iglesia Católica. Al cumplirse los diez años de la lucha por la dignidad de nuestros recursos naturales y la expulsión de Sánchez de Lozada, asistimos a la decadencia de esa estructura política expresada en los nuevos actores. Estos mismos anticipan el final de sus días, cavarán su fosa como la que un día el MIR de Paz Zamora, enterró aquella ilusión, aquella esperanza de un pueblo. * Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño |

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