por: Christhian V. Lizarazú G.
La superación de algo, surge de la necesidad intrínseca de superar ése algo. Así la primera tarea del político en nuestra época grave es la de reivindicar la política. Ésta clase de políticos “emancipados” de su pecado original de hacer política, son los llamados a superar a una clase fallida: a los mercaderes de influencias. Para ello estos políticos emergentes aceptarán la responsabilidad de hacer una Gran Política.
Punto Primero: La Transformación Vía Lenguaje
¿Por qué recurrir a un epíteto superlativo para referirse a la política?, porque la intención y el hecho se bifurcan en una idea que se constituye en objetivo. Una nueva idea nos señala hacia dónde ir para dejar atrás lo decadente y reafirmar a su vez lo potente. En éste caso se trata de la diferenciación teórica necesaria para distinguir un ideario masivo encajado en el corpus de la cultura actual; hablo del ideario del político como mercader de influencias, de otro ideario con posibilidades de aparecer como la esperanza pedagógica oportuna para reivindicar la faceta política del hombre; hablo de una gran política. Para ello hay que pulir su idea -la de la política- e impulsar su quehacer, hay que hacerla realidad, y el primer paso para ello es darle logos, darle una voz significativa, ya que como diría Marx:“El lenguaje es la realidad de nuestro pensamiento”. Y si logramos que en nuestro pensamiento el concepto de la política actual transmute en el concepto de una Gran Política; por lo menos provisionalmente hasta que la política se reivindique como tal, estaremos avanzando orgánicamente hacia su práctica, al avanzar, iremos viendo poco a poco como se va clarificando el horizonte hacia un Sí político y un No político.
Punto Segundo: Esbozo de las Implicancias de una Gran Política
La Gran Política ha de basarse en la diferenciación. Ahí donde el “político vulgar” no se compromete con nada más que con las influencias que ha vendido o comprado; el Gran Político en cambio, se compromete con algo, y al hacerlo acepta la responsabilidad de que ése algo sobreviva. Ahí donde el “político vulgar” se avergüenza de que llamen a sus acciones como políticas, el Gran Político aprovecha la oportunidad para reflexionar sobre el concepto de lo político mismo, ya que reivindicar el concepto de lo político es la forma más adecuada de tocar el tema de la política.
Por otra parte; la Gran Política sugerirá una honestidad y crítica devastadora a aquello que fomenta la estupidez y el disparate del político vulgar. Por ello a la pregunta; ¿cuál es la diferencia entre la “política vulgar” y una Gran Política?, el Gran Político responde: pues la misma que hay entre un hombre vulgar y un gran hombre, la misma que hay entre un George Busch y un Abraham Lincoln.
Del mismo modo; ahí donde el “político vulgar” ofrece y plantea formas de gobierno, guiándose por la fuerza de la demagogia y la improvisación. El Gran Político en cambio ofrece y plantea formas de gobierno guiándose por un ideal y un plan de gobierno que alcanza el grado de sistema. Un plan de gobierno en donde el principio de autoridad para construir la plataforma de la gobernabilidad muy posiblemente se guíe a su vez por el axioma Graciano: “Saber y saberlo demostrar es saber dos veces”.
Además, como la gran política se basa en la diferenciación, habrá que preguntarles a los políticos actuales; para saber su calaña, lo siguiente: ¿si usted como político tuviera todo el poder para edificar una sociedad como la concibe debería ser, y muriera inmediatamente después de lograrla?; ¿si renaciera luego como un hombre común, estaría dispuesto a vivir en ella?, ¿estaría dispuesto a volver a morir por ella para defenderla tal como es sin usted en el poder y en la palestra?, si no lo está, no me venga con tonterías absolutistas y dedíquese a sus propios asuntos.
Punto Tercero: Conocer acerca de los Fenómenos que Suceden en la Praxis Política
Alerta con los siguientes fenómenos:
La capacidad de enfrentar dicotomías presupone ver críticamente las cosas, ante ello el Gran Político debe tomar en cuenta que en la política siempre se tiene un contrincante, y se asume que ése contrincante es el opuesto… el negativo de uno mismo. Y en la praxis política ocurre que los electores y las masas exigen unidad y paz entre los políticos para gobernar. Pero a su vez esto no se lo admiten en definitiva, porque uno “no puede” pactar con el enemigo, esto, los electores y las masas se lo reclaman. Por ello en la praxis política hay que hacer ambas sin hacer ninguna definitivamente.
Mientras los políticos duermen la sociedad avanza, y en ese avanzar los hombres hacen sus propios proyectos, muchos de los cuales no contemplan las implicancias de la retórica del papel del estado, aunque indirectamente lleguen a tocarlo. Para que ese avance no sea coartado, hay que impulsarlo y guiarlo, pero sin recurrir al Hedonismo de Estado al cual algunas potencias han llegado por paranoia en ésta época grave. Hedonismo de Estado: penetrar en cada rincón de la sociedad sólo para penetrarlo. O dicho de otra forma, hay que evitar la peligrosa autocomplacencia gubernamental; ya que como diría el pensador ruso Jorge Plejánov: “Toda clase llegada al poder se inclina naturalmente a la satisfacción de sí misma”.
Analizar la política y supuestamente no participar de ella; ya es una estrategia política sutil. De ahí que la “imparcialidad” sea la perfecta fachada para algunos pseudo-analistas que aparecen en los medios de información. Lo que en realidad les da a estos sujetos la constante aparición en dichos medios; es la de una falsa reputación de juez. Dicho “juez” tiene la supuesta virtud de no comprometerse… pero no necesitamos políticos así, no queremos políticos así. Además cualquier intento de farandulización de la política, sólo la hace cada vez más frívola y cínica.
La retórica política suele acercar sus vaguedades continuamente hacia el pronunciamiento de la importancia de tener políticas de estado. Pero en una historia de lucha de clases, sería ingenuo pensar que un lineamiento estatal es de muy largo aliento o definitivo. Es posible que en contraparte se cite algunos ejemplos donde “realmente” hay políticas de estado duraderas. Tal vez se mencione a Chile o EEUU, pero estos estudiosos de las políticas de estado no se han dado cuenta acaso que esas políticas permanecen porque la clase política que las concibió permanece en el poder. De hecho algunas de esas políticas han sido muy efectivas. El imperialismo norteamericano por ejemplo; se ha ocupado eficientemente de que un hombre como Malcolm X no sea presidente, y que un hombre como Obama sí lo sea.
Una diferencia más… los “políticos vulgares” desdeñan en el otro lo que ellos mismos hacen y son. Aquellos que emerjan como Grandes Políticos; desdeñaran en sí mismos aquello que les recuerde a los “políticos vulgares”.

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