octubre 2, 2026

La mentira como táctica política

En un anticipo de lo que serán las elecciones generales de octubre de 2014, las últimas semanas han puesto al descubierto, con mayor nitidez que antes, una parte sustancial en la que se basará la campaña de la oposición para derrotar el proceso de cambio: la mentira como táctica.

Una rápido repaso a las declaraciones de los opositores a los medios de comunicación, basta para constatar que se busca jugar con los sentimientos de la gente para afectar la imagen del gobierno y de la principal fuerza política del país. No se habla contra el proceso, pero se lo intenta minar todos los días. Poco importa la consistencia de lo que se dice, vale más las descalificaciones y las expresiones remozadas de racismo.

Veamos algunos ejemplos. Samuel Doria Medina ha presentado una carta en la que la empresa francesa Leitner Ropeways dice, supuestamente al Ministerio de Obras Públicas, que no pudo participar en ninguna licitación para la construcción del teleférico. Sin embargo, la presunta carta no tiene el número de folio que se suele colocar a cualquier documentación, por muy simple que sea, que ingresa a cualquier instancia estatal, y lo más grave, omite que no hubo licitación sino una invitación directa. Por otra parte, la asambleísta Norma Piérola ha “denunciado” a través de una radio de alcance nacional que en los últimos días en Apolo han desaparecido varios niños y mujeres producto de la contraofensiva de la policía y las Fuerzas Armadas después del asesinato de cuatro efectivos de las FTC el 19 y 20 de octubre. Sn embargo, tal como ocurriera con otros casos anteriores, la parlamentaria no presenta prueba alguna.

En ambos casos, por solo utilizarlos como ejemplo de la calidad que tendrá la disputa electoral, se aprecian no solo afirmaciones muy difíciles de probar, sino también una construcción social de la mentira como mecanismo de acumulación política y de descalificación del adversario. En lo del teleférico y Apolo se percibe la aplicación de esa línea de campaña que por lo general la población rechaza y que al parecer serán utilizadas más frecuentemente. Empero, a pesar del ruido que se provoca, ni Doria Medina ni Piérola han logrado probar la veracidad de sus palabras. Todo queda en el ámbito de la especulación. Es evidente que tampoco les interesa demostrar que sus “denuncias” son ciertas. Lo que se quiere es echar una lluvia de sospechas sobre la calidad moral del gobierno y confundir a sectores sociales afines al proceso de cambio más permeables a ese tipo de campañas.

El uso de ese instrumento, la mentira, para la consecución de objetivos políticos tiene una larga data en la historia de la humanidad. Pero es el Ministro de Propaganda del nazismo, Paul Joseph Goebbels, uno de sus principales exponentes. El empleo de esta táctica, entonces, no es una casualidad.

Es decir, la oposición, en una manifestación muy notoria de falta de ética y de presentar un modelo alternativo al vigente, aplica la máxima de que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. Hay una subestimación permanente de la gente.

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