enero 13, 2022

El (mal) derrotero de una elite

Hasta el 2006 y desde la gran rebelión guaraní en 1892, las poderosas elites capitalistas de Santa Cruz no habían vivido tensiones en la región de magnitud. El asenso del MAS los desafiaba a reconocer otras simetrías, culturas e historias en su propio seno, la que preferían apagar bajo el discurso elaborado de la tradición camba; las elites se volcaron a consolidar su frente interior y la “comunidad imaginada” regional. Se reafirmó una identidad mediante símbolos, fiestas y alegorías cívicas. Se levantó la bandera cruceña verde y blanca, creada en el siglo XIX pero olvidada en los meandros del tiempo. Se continuó evocando discursivamente la situación de marginalidad y abandono, que obviamente Santa Cruz no tenía más, y se sumó la acentuación de su diferencia y unidad étnico-cultural; que empero se desdibujada en la medida que oleadas de migrantes llegaban a Santa Cruz. Aunque convocaba también a quienes no habían nacido en su territorio/ciudad, se ignoraba y rechazaba su diversidad. Se los subsumía en la identidad “cruceña” distinta, cuando no opuesta, a la de los Andes, particularmente la indígena

A la caída de Gonzalo Sánchez, en octubre de 2003, la agenda regional estaba insatisfecha e incluso amenazada. Santa Cruz no vivió en sus calles los enfrentamientos del 2000 ni los del 2003, pero sus elites acusaron el impacto de las mutaciones en el discurso que hablaba de una nueva Reforma Agraria y de anticapitalismo. De ahí que en buena parte, la que se llamaría posteriormente la “Agenda de Junio”, fue una reacción al inédito posicionamiento de las movimientos sociales indígenas y sectores empobrecidos en la escena política nacional y local, dominada hasta entonces por fuerzas representantes de los grupos dominantes. El Comité Pro Santa Cruz, advertía la necesidad de la refundación de Bolivia y de la posibilidad que “De no darse este cambio, dudamos de la permanencia de Santa Cruz en la actual estructura del país”.

Ante las señales consideradas de peligro para su acumulación económica y cultural, el anterior discurso integracionista y nacional de la entidad comenzó a desdibujarse para afirmar una identidad propia y polarizada construida, según su lenguaje, con el apoyo en del tiempo histórico y sustentada en la diferencia. La otra Bolivia y “su” Estado plurinacional se presentó y estigmatizó una vez más como una amenaza territorial, étnica y cultural a la identidad local y su narrativa. El promotor y receptáculo de las elites fue nuevamente el Comité y su red social, compuesta de integrantes de las principales logias, importantes sectores empresariales y la prensa regional. La influencia de Nación Camba, fundada en el 2001, no puede ignorarse. En sus publicaciones y declaraciones de tono beligerante, separatista y con aristas biologistas y socialdarwinistas, “reinventaron la tradición”(Hobsbawn) y la usaron para insertarse en un nuevo contexto de disputa por el poder.

Ahora estas mismas elites que controlaron Santa Cruz desde las profundidades coloniales del tiempo, están en desbandada y viven inmersas en una crisis hegemónica.


*    El autor es historiador
    keynes73@yahoo.com

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