por: Max Murillo Mendoza
Quisiera intentar ser objetivo. He sido bachiller gracias a la cooperación internacional y la ayuda al desarrollo. Por lo que no quisiera opacar este intento de reflexión con sólo elementos ideológicos, sino también históricos. He vivido además muchos años dirigiendo instituciones de desarrollo en el área rural y periurbano de las ciudades; sin embargo siempre he creído prudente que la opinión y la crítica tienen que ser el primer elemento de cualquier avance, social y político. No cabe duda que el papel de las ONGs ha sido importante, en un país donde la república colonial no organizó un estado moderno, sino unas instituciones degeneradas, corruptas y absolutamente coloniales, que se pasaban de mano en mano en función de los vientos ideológicos, políticos y económicos. En el siglo XX, después de la segunda guerra mundial, las ONGs empezaron a ser una fuerza evidente. Para el caso de Bolivia se sabe que el ingreso de estas instituciones, se dieron a inicios de la década de los 60 del anterior siglo. ONGs norteamericanas y luego europeas se hicieron presentes para colaborar, en ámbitos pedagógicos, productivos, organizativos, de salud, artísticos, etc. A lo largo del territorio, crecieron estas instituciones. La iglesia católica fue una de las primeras en organizar este tipo de instituciones, y de ellas salieron muchos dirigentes campesinos, como intelectuales de clases medias, que después sirvieron a muchos gobiernos republicanos. Es decir, el fenómeno de ONG sirvió de alguna manera de colchón financiero económico (según organismos internacionales entre 700 y 800 millos de dólares llegaban a Bolivia por estos canales, en los años 80 y 90), ante las pocas posibilidades de oportunidades profesionales y económicas, para las capas sociales de clases medias y altas. Y fueron las clases altas y medias las que conjugaron y se adueñaron de este tipo de instituciones. Pero, es preciso decir que el fenómeno de las ONGs no es homogéneo. Porque de los lugares y países de donde vinieron pues no son lugares homogéneos. Por tanto, hay ONGs de ultraderecha, de ultraizquierda, liberales, católicos, protestantes, pro-indios, pro-campesinos, pro -obreros, pro artesanos, pro artistas, etc. El ámbito en el que se mueven es variado como vario pinto. De ideologías también. Eso mismo reflejan las varias redes de estas instituciones. Poquísimas experiencias son realmente populares, es decir que han nacido y crecido en sectores pobres (sean indígenas u obreras). La inmensa mayoría siempre estuvieron en manos de las clases medias y altas. Y esto ya configura de por sí una estructura clasista y cerrada.
Hay que reconocer su papel en momentos concretos de nuestra historia. Su valor agregado en épocas de dictaduras militares y de dictaduras neoliberales, cuando acogieron a dirigentes populares, obreros e indígenas, y posibilitaron algún colchón financiero para sus movilizaciones. Sin embargo, en estos procesos sociales que se inician con la caída del gringo Sánchez de Lozada, estas instituciones empiezan un proceso de retroceso respecto de las políticas globales del Estado. Toman partido, por así decir, de extremos políticos racistas por un lado, y extremos políticos ecologistas por otro. Más allá de las complejas discusiones en los modelos de desarrollo, el vario pinto de las instituciones ONGs se empiezan a aglutinar en oposiciones extrañas, como sospechosas. En principio no debería sorprendernos, por su composición clase mediera. Que acostumbrados ideológicamente a ser los patroncitos, los ideólogos y los mandamases en esas instituciones, pues sale nomás su resentimiento anti indígena cuando ven que sus anteriores beneficiarios de sus proyectos, hoy son alcaldes, gobernadores, concejales municipales, diputados, senadores e incluso un presidente indígena. Y en muchas instituciones lamentablemente se cocinan esos sentimientos anti indígenas. Como de costumbre estos temas no se hablan, no se comentan y no son asuntos de análisis. Simplemente son costumbres. Aquellos que optaron por la radicalidad ecologista se mezclaron en complejos procesos como el Tipnis. En principio con actitudes nobles e institucionales; pero después derivaron en escaramuzas políticas e ideológicas. Con intermediaciones institucionales reemplazando a las representaciones realmente indígenas. En definitiva, muchos de sus espacios como talleres o reflexiones institucionales se convierten en eventos políticos, legítimos cierto; pero fuera de sus legales atribuciones y reemplazando papeles institucionales.
Los finos puentes que se tejen entre estas instituciones y las clases medias, son tradicionales. Porque han sido estas clases sociales las que tradicionalmente, por sus posibilidades y contactos, se posicionaron con la cooperación internacional. No han sido indígenas u obreros. En el tiempo, algunas de estas instituciones hicieron enormes esfuerzos por el mundo indígena y obrero. En los campos de educación, salud y producción. Sin embargo nunca avanzaron realmente en experiencias políticas, porque nunca tienen en sus directorios a indígenas u obreros. Esos espacios están cerrados con demasiadas excusas (profesionalidad, etc.), y para mí una de las excusas es de tipo costumbrista: las mentalidades de las clases medias son nomás racistas y pigmentocráticas. Cerradas a otras posibilidades. No conozco personalmente directores o directoras de instituciones grandes, donde estén nombrados indígenas u obreros. Pues el dinero se pide a nombre de ellos, y sería lógico que en estos tiempos de cambios cambien también las ONGs, de ser estructuras cerradas donde sólo las clases medias y altas decidan las estrategias. Ese costumbrismo decimonónico debería ser superado, porque el estancamiento y la inercia son características visibles hoy en día. Las ONGs ya no son las creadoras de ideas y referentes, sino instituciones costumbristas defendiendo solo espacios de trabajo; pero sin estrategias claras y sin lecturas actuales de lo que está aconteciendo en Bolivia. Sus posiciones trotskistas no ayudan en nada al avance del país. Porque perjudican las aspiraciones de los más pobres, con quiénes trabajan en la mayoría de los casos. Llegando a confundir los espacios de trabajo y cooperación. Y lo más grave, confrontando a los mismos indígenas y obreros.
Creo que el país no está todavía preparado para una eventual salida de la cooperación internacional. Tenemos un enorme país diverso y aún pobre. Y el Estado en construcción no está preparado para llenar los espacios enormes de pobreza y marginalidad. Lo ideal es que la cooperación de lugar al Estado, de hecho es el sueño también de la cooperación desde hace 60 años. En ambos casos, deberíamos trabajar por esas estrategias. Aquí el papel de las clases medias tendría que ser más creativo, menos clasista y pigmentocrático. Más nacionalista y endógeno. Su papel es importante; pero tienen que cambiar muchas de sus costumbres y democratizar sus estructuras. Su papel no es pelear por el poder, sino fortalecer a las organizaciones sociales y a la sociedad en general. Esa confusión clasista les está llevando a una confrontación estéril. Las conservadoras clases medias nunca han estado preparadas para los cambios, pero tienen la oportunidad de cambiar sus costumbres mediante sus propias estructuras, que son las ONGs. Y el momento es el propicio. La creatividad, el manejo de información adecuado, la apertura de sus direcciones y directorios al mundo indígena y popular, y la real democratización de sus espacios, pues ayudaría enormemente a modernizar a estas necesarias instituciones. Requieren también de mecanismos de transparencia, para demostrar sus ejecuciones y planificaciones de proyectos a la sociedad, allá donde trabajen y se desarrollen. Esos mecanismos de transparencia tienen que considerar aspectos de acceso a la información, sobre todo frente a los municipios donde ejecutan sus proyectos. Elementos que les darían más credibilidad. En algunas regiones, como el norte de Potosí, se informan cada tres meses del avance de las ejecuciones; pero no es suficiente cuando se trata de seguir transparentando la información, es decir que cualquier ciudadano les solicite información como está establecido en nuestras leyes. Pues la crítica debe empezar en casa.

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