noviembre 26, 2020

La derrota de EE.UU.

Estados Unidos sufre de un profundo aislamiento en América Latina. Su marcada persistencia por controlar a los gobiernos de la región y su falta de respeto a cualquier espacio político y diplomático al que no ha sido invitado, lo único que provoca es su mayor soledad, incluso respecto de gobiernos de derecha afines a las políticas de Washington.

Esto ha quedado demostrado en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde gobiernos de distinto corte y diferencias inevitables se reunieron y pusieron de acuerdo entorno a una agenda común. Cuba no solo que ha sido la sede del encuentro internacional mejor organizado y más extraordinario de los últimos años, sino que además ha sido el escenario político adecuado para colocar al organismo fundado en Caracas (2011), como al único interlocutor de todos los países de la región. La Habana ha ratificado su gran hospitalidad y la experiencia de su gobierno y diplomacia forjada en 55 años de resistencia a las múltiples agresiones imperiales, ha sido fundamental para construir la agenda de la Patria Grande.

De nada ha servido la convocatoria a una cumbre paralela en Miami, centro de la derecha más extrema, y de un pronunciamiento del Departamento de Estado de los EEUU que solo reconoce a la Cumbre de las Américas como el foro político más importante. Esas dos acciones lejos de desviar la atención mundial sobre la Cumbre de la CELAC y su potenciamiento, lo que hizo es demostrar que EEUU sigue considerando a Nuestra América como su “patio trasero”, con lo que anteriores declaraciones del Vicepresidente y Secretario de Estados estadounidenses en sentido de que atrás quedaba la Doctrina Monroe –América para los americanos- se registran como un nuevo engaño.

Lo que no termina de entender el gobierno de los Estados Unidos es que América Latina ya no desea ser su “retaguardia estratégica”. Y para dejar de serlo debe pensar con cabeza propia y eso es lo que está haciendo. Esta región, de más de 600 millones de habitantes, lo que aspira tener es una autonomía frente al imperio y gravitar en la configuración del orden global en condiciones de igualdad, sin subordinaciones ni con amos de ninguna naturaleza. Eso aspiran gobiernos izquierda y derecha. Tan sencillo como eso.

Estados Unidos debe cambiar de libreto y reconocer que en este proceso de configuración multipolar del mundo nadie quiere sentirse obligado a cumplir roles que dañan la soberanía y dignidad nacionales. Relaciones en condiciones de igualdad real y no formal de los Estados, de respeto mutuo, impone el mundo de hoy.

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