diciembre 1, 2020

Wittgenstein, hacia una purificación intelectual – Preguntar, Pensar, Contestar

por: Christhian V. Lizarazú G.

Lo que quiero y aspiro acá, es a trabajar en la posibilidad de trazar un camino, se trata del camino del impulso vital del pensamiento que esclareció para nosotros; espíritus libres, el filósofo Ludwig Wittgenstein… el camino de la filosofía como actividad.

Al respecto, yo no pretendo teorizar y construir artificiosamente un sistema filosófico para ponerlo sobre la mesa y hablar después de él como si de un objeto inerte se tratara, no, lo que quiero más bien es escribir mis pensamientos de la forma más fiel a cómo se suceden en mí. Y al hacer esto como lo hago, pues hago filosofía; es decir que vivo y estoy filosofando, y lo hago al igual que un jardinero hace jardinería porque su jardín la necesita. Por ello el presente escrito pretende cumplir con lo que el mismo Wittgenstein admite como una tarea: “La tarea de la filosofía es tranquilizar el espíritu con respecto a preguntas carentes de significado. Quien no es propenso a tales preguntas no necesita la filosofía”.

El Lenguaje es Consustancial al Pensamiento y Viceversa


¿Qué dicen los hombres?, ¿se puede decir algo acerca de la pregunta; qué dicen los hombres?, al respecto lo primero que se tiene que preguntar más bien es; ¿decir que los hombres dicen algo, es cierto o es falso? Si prestamos atención, apreciaremos que ésta última pregunta; a diferencia de la primera, sí nos induce a afirmar o negar algo, ya que los hombres cuando dicen algo -acá hago hincapié en el decir como una voz significativa-, sólo lo pueden decir en proposiciones que sean ciertas o falsas. O como diría el propio Wittgenstein: “¿Dices, pues, que la concordancia de los hombres decide lo que es verdadero y lo que es falso? Verdadero y falso es lo que los hombres dicen; y los hombres concuerdan en el lenguaje. Ésta no es una concordancia de opiniones, sino de forma de vida. A la comprensión por medio del lenguaje pertenece no solo una concordancia en las definiciones, sino también -por extraño que esto pueda sonar- una concordancia en los juicios”.

El asunto acá para empezar con esa especie de “purificación intelectual”, es llegar a enunciar una proposición que diga algo, para que después ése algo se constituya a su vez en la base del decir; y esto es justamente señalar una proposición que pueda ser tachada de cierta o falsa. Así, a la pregunta ¿decir que los hombres dicen algo, es cierto o es falso?, se deduce la siguiente respuesta a modo de proposición: sí es cierto que los hombres dicen algo. Y puesto que confío en lo que yo mismo he dicho, puedo entonces pasar ahora a preguntar otras grandes cuestiones de un modo más certero, puesto que como dijo Wittgenstein: “Un juego de lenguaje solo es posible si se confía en algo —no he dicho —”

¿Qué es el pensamiento?, no lo puedo decir con certeza y en definitiva; sino que puedo filosofar al respecto, es decir, hacer algo con ésta pregunta; desenmarañarla. Esto último es importante porque ante una pregunta como ésa, lo que se puede hacer en primer término -y que es además lo más tentativo- es elaborar una definición hipotética y/o estética, la mía por ejemplo dirá que: La vista del pensamiento sobre sí mismo ante el espejo; ésa es la lógica, y la lógica es el pensamiento. Pero esa respuesta solo podría llevarme a una comprensión súbita -difícil de explicar-, o a generar algún sentimiento en el mejor de los casos; promueve la creatividad, sí, pero no la certeza, lo que no quiere decir que no sea importante, solo que no es la meta, sino el inicio. Por lo tanto hay que sortearla, y para sortearla hay que volver a preguntar, ya que una pregunta lógicamente formulada, está parcialmente contestada. Así por ejemplo, si se pregunta ¿el hombre piensa? -en lugar de ¿qué es el pensamiento?-, puedo contestar de ello que si o que no; y aunque la mayoría de las veces parece que no, yo me fío del sí porque por ejemplo existe una historia de la filosofía que lo comprueba. Volveremos a éste punto -el del pensamiento- líneas más adelante.

Por otro lado, preguntas del tipo ¿existe dios?, ¿existe el absoluto?, ¿existe el todo?, ¿existe lo uno?, es preguntar en el vacío, y hacerlo de una forma apresurada. Preguntar en el vacío es utilizar palabras que no significan realmente algo en el ambiente en el que se desenvuelve la pregunta, es decir, que este tipo de preguntas no son deductivas, no se puede deducir de ellas algo que conozcamos con ese nombre, porque esos nombres los utilizamos más bien para darle forma a las categorías abstractas conformadas a su vez por conceptos igualmente abstractos. O para decirlo metafóricamente: para llegar a un puerto seguro, que no será un puerto absoluto, hay que dejar atrás los puertos que se parecen entre sí en que no tienen nada de seguro. Además este tipo de preguntas; no se responden en términos de cierto o falso. Por esto, el centro de tal asunto se avizora en dejar atrás las inconsistencias del uso del lenguaje que giran en torno a su propia vacuidad y no nos dicen nada, dejar atrás la actividad del sinónimo para conseguir la del significado.

Por eso Wittgenstein dice: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Esto es consistente con una “analítica filosófica”, puesto que el lenguaje es consustancial al pensamiento y viceversa. Y como no se puede hablar de lo que no se puede hablar, la manera de sentir y tener una experiencia de eso que está más allá del pensamiento lógico; es “cantando”, de ahí la poesía, la música, el arte y la religión.

El Lenguaje-Pensamiento Interviene en mi Vida

Como habíamos adelantado, volvemos al tema del pensamiento; el periplo anterior era necesario, ya que concebir al pensamiento como un ente abstracto -en la línea del preguntar en el vacío-, es desarraigarse ingenuamente de él. Porque en ése intento consciente o inconsciente, nos dejamos deslumbrar por la apariencia de una idea perfecta -veamos más allá de Platón-. Una idea perfecta solo se daría a través de un pensamiento puro, pero, ¿qué es el pensamiento puro?, ¿habrá algo a lo que podríamos llamar pensamiento puro?, acaso no nos remite éste preguntar al tipo de preguntas: ¿existe el absoluto, qué es?, pues claro, y al plantearse estas preguntas de ése modo, se preguntan en el vacío. Ahora en lo que concierne específicamente al pensamiento, en realidad lo que se pregunta es; ¿se puede pensar el pensamiento?, pues no, al igual que no se puede conocer el conocimiento -in abstracto-. Lo que se puede hacer, es comprender, entender, acerca del cómo es que funciona, cómo es que interviene en mi vida.

Y para mí el percatarse acerca del cómo el pensamiento interviene en mi vida, tiene que ver con ser un pensador intensamente personal, no en alguien inconfesable y solo académico. Ahora, el hecho de ser intensamente personal, implica analizar; si uno llega a algo preguntando por ejemplo; ¿quién soy yo? Pues primero uno si llega a algo, a una especie de círculo tautológico, y segundo, se puede llegar a otra cosa si se analiza que no se puede preguntar con acierto por el yo de alguien, porque el yo de alguien no es cognoscible -ni siquiera para uno mismo-, esto porque en realidad no designa a nadie; la respuesta no dice nada sobre él -ése yo- más que un nombre cualquiera, un cargo, o una relación de parentesco. Pero en cambio sí preguntásemos; ¿qué me tienes que decir sobre él?, se podría contestar en consecuencia una serie de elementos que lo caracterizan, y hechos del mundo en los que participó, con eso se podría tener un conocimiento mayor acerca de él, que aquel que solo señala una etiqueta.

Pero acá surge la paradoja, ya que no hay una forma perfecta de preguntar, entonces, ¿Cómo sabemos que lo que hacemos es correcto?, pues acá debemos decir que ya que lo que nos preguntamos no ha sido resuelto antes en un mundo anterior, el concepto de lo correcto no viene al caso, y por ello habrá que decir también; que al problema su solución. Lo que significa que a los problemas filosóficos hay que tratarlos, porque lo que los caracteriza es su eterno retorno…


-CONTINUARÁ-



*    chrislizarazu@gmail.com

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