noviembre 28, 2020

-II- Wittgenstein, hacia una purificación intelectual – Del discurso de un método, a la práctica terapéutica

por: Christhian V. Lizarazú G.

Lo que caracteriza a los problemas -preguntas- filosóficos es su eterno retorno, sí, por ello es lógico y simple lo que dice Wittgenstein: “El descubrimiento real -en filosofía- es el que me hace capaz de dejar de filosofar cuando quiero. Aquel que lleva a la filosofía al descanso, de modo que a no se fustigue más con preguntas que la ponen a ella misma en cuestión. En cambio, se muestra ahora un método con ejemplos y la serie de estos ejemplos puede romperse. Se resuelven problemas -se apartan dificultades-, no un único problema. No hay un único método en filosofía, si bien hay realmente métodos, como diferentes terapias”.
La Cuestión del Mundo

Ya habíamos tocado el tema crucial del lenguaje, y no podría ser de otra manera, porque el lenguaje es una representación del mundo y a su vez una realidad del mundo que nos conecta más con él mientras más nos despojamos de sus propios ropajes falsos. Y si prestamos atención, esas conexiones “más íntimas” con el mundo, no son tan consistentes en la fase discursiva -en la retórica que gira entorno a sinónimos, como por ejemplo en la política y su discurso-, sino en los hechos, ¡ah!, pero estos hechos no pueden ser entendidos si no es con el lenguaje, así es cierto lo que Wittgenstein dice: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”. Por eso el pensamiento que es consustancial al lenguaje, cuando se despoja de sus ropajes falsos, esclarece los hechos en tanto vida dada en lo que es el caso.

La Cuestión de “lo que es el Caso”

La cuestión de éste subtítulo es recurrente acá, por eso me es importante dar algunas luces sobre él. Wittgenstein inicia su célebre “Tractatus lógico-philosophicus” con las siguientes dos -de siete principales- tesis:

1. El mundo es todo lo que es el caso., 2. Lo que es el caso, el hecho, es la existencia de los estados de cosas.

¿Qué quiere decir esto?, es difícil decirlo de manera sencilla, por algo el Tractatus es considerado por los estudiosos como un enigma. Por ello “descifrarlo” va más allá de los alcances de éste escrito, por lo tanto, tengo que arriesgarme acá a ser tan directo como Wittgenstein en mi interpretación de éstas tesis:

2. El mundo es todo lo que le compete y compele., 2. Lo que así sucede, lo que es el caso, es lo que las cosas son.

O para decirlo metafóricamente: El jardinero hace jardinería en su jardín acá en el mundo, en la tierra, lo que suceda en el jardín del edén no viene al caso.

La Cuestión del Método

Quién otro que Descartes en cuanto filósofo orientado a conseguir la pulcritud de un método para cimentar las bases de la verdad. Él estableció el cogito ergo sum tomando en cuenta la fuerza del individuo; sí, pero basando esa búsqueda de la verdad -por cierto como un absoluto- en “un yo” abstracto. Pero como habíamos visto con anterioridad, las abstracciones pueden resultar engañosas sino tratan los hechos del mundo. Así el cogito ergo sum,no nos da más claridad que enunciar por ejemplo lo siguiente: dios existe, luego el mundo existe. Parece verdadero, pero si reflexionamos al respecto, nos percataremos que el enunciado apunta más allá de lo que es el caso del mundo. Es decir que ese enunciado al igual que el del cogito; tiende a separar -como es típico de Descartes- el espíritu de la materia, pero si contrastamos al “pienso luego existo” el simple existir que se da como hecho en por ejemplo -llamémoslas como sigue- “algunas experiencias dionisiacas”, podremos deducir que en y después de esas experiencias no hay duda del existir, sino, más bien, que hay hechos. Y así como estos hechos pueden ser de distinta índole, así también se dan como hechos las distintas formas de tratarlos.

La Cuestión del Tratamiento

Ahora, solo hay terapéutica; es decir formas de tratar cuestiones, ahí donde hay problemas, ahí donde hay algo que intervenir, algo que curar, -y sobre todo- algo que hacer vivir y mantener vivo.

De éste modo, un tratamiento de los problemas filosóficos analiza los síntomas del problema para determinar su gravedad de acuerdo al “individuo problemático” -al filósofo-, porque un problema es grave si el individuo lo considera grave; si le obsesiona para bien o para mal. Así en base a la pregunta; ¿el problema es grave, o no?, se podrá hacer un diagnóstico y proscribir un tratamiento. Luego el resultado del tratamiento debe responder a las preguntas; ¿el tratamiento produjo un esclarecimiento de su problema que lo acerco a una certeza sobre lo que involucra el problema?, cierto o falso, ¿después del tratamiento, su élan vital -su impulso vital- fue afectado positivamente? Como se deducirá, la verificación del estado del élan vital -Bergson- del “individuo problemático”; es lo más importante, porque al decir de Wittgenstein: “El descubrimiento real es el que me hace capaz de dejar de filosofar cuando quiero”. Así el “individuo problemático” se comporta también como paciente; cuando formula su problema, quiere tratar el problema pero también quiere tratarse a sí mismo; dicho paciente puede ser un hombre, una cultura o un pueblo.

Aquel que ejerza dicha terapéutica, requiere apasionamiento y frialdad. Porque ésta “analítica filosófica” así ejercida, al igual que cualquier tratamiento importante, tiene el propósito de mantenernos con vida, de mantener nuestro élan vital. Mantenerlo en un estado de abierto para con ese mismo mundo problemático. Mundo que seguirá siendo problemático, ya que llegar a ese estado y al incremento del élan vital, no quiere decir haber llegado a la solución final y definitiva de los problemas del mundo, sino que hemos alcanzado y desarrollado la fuerza y la capacidad de una “analítica filosófica” para esclarecer y encarar dichos problemas. Esto porque ésta forma de tratamiento es algo que se hace, constituye; si es que se hace efectivamente, un hecho del mundo, porque como dice el mismo Wittgenstein: “El trabajo en filosofía es… el trabajo sobre uno mismo. Sobre la propia concepción. Sobre cómo ve las cosas uno -y lo que se reclama de ellas-.”

La Cuestión de los Problemas

Los problemas se dan como hechos dificultosos para el entendimiento, para la acción, o para ambos. Son hechos dificultosos no porque sean difíciles en sí, sino porque intervienen en nuestra vida, inciden en su curso; en nuestro élan vital. Además para que un problema sea -llamémoslo- problemático, como diría Wittgenstein: “Debe formar parte en mi vida”, y forma parte en mi vida cuando no puedo dejar de tratarlo, porque si me da igual, no es un problema para mí. Algunos de estos problemas, se dan como tales, teniendo como base de apoyo a la incertidumbre. Entonces aquí es relevante una “analítica filosófica” que en el camino que venimos trazando, justamente trate estos problemas -basados en la incertidumbre- y los dilucide para alcanzar certezas.

Ahora, los problemas son varios, pero tienen, de acuerdo a su tipo, un fondo común. Muchos problemas éticos se basan en un prejuicio y un sobreentendido de la validez de una respuesta dada a una pregunta no clara sobre el absoluto. Por ejemplo: la pregunta ¿qué debo hacer?, es un apresuramiento, ya que supone de antemano que hay algo absolutamente necesario para hacer, pero no lo hay, porque si lo hubiera, todos los hombres necesariamente lo harían. Es decir el absoluto no dicta un juicio moral absoluto. Y de ésa “gran” pregunta se derivan otras más “modestas”, por ejemplo: ¿qué debo estudiar?, y obviamente se contesta del mismo modo, ya que no hay una carrera mayor que las otras. Éste tipo de preguntas no tienen fondo, porque en general la pregunta por una ley absoluta, es una apariencia, una ley no es ley en sí misma, sino por las formas que contiene. Pero por otro lado, por supuesto que se pueden contestar preguntas sobre ética, pero se tienen que contestar en relación a la forma de vida específica del “individuo problemático”, así por ejemplo, éste deberá hacer el siguiente ejercicio de “analítica filosófica”: ¿diciendo lo que puedo decir acerca de mí, teniendo los valores que tengo y si mi propósito es tal en ésta situación específica, qué debo hacer para no caer en la desesperanza?

Ese tipo de pregunta sí puede ser contestada en lo que es el caso. Su problemática se puede pensar en relación con lo que hay en el mundo. Muchos otros problemas, como la búsqueda del absoluto, apuntan a ir fuera del mundo, por lo tanto no se dilucidan, sino que se hacen círculos; no se desata el nudo, solo se hacen giros a su alrededor. Lidiar con un problema es tratar con él, tratar de desatarlo para ver qué tiene dentro, o qué es.

Al final como habíamos dicho; la búsqueda de claridad filosófica, como terapéutica, es también una búsqueda de claridad sobre sí mismo. Y como el filosofar es una actividad, justamente por eso no cesa, sino que se calma de vez en cuando. Sólo hasta el nuevo momento en que otras visiones del mundo chocan con la de uno, entonces vuelve a infundirse de fuego. Por eso es fascinante…

-CONTINUARÁ-


*    chrislizarazu@gmail.com

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