diciembre 1, 2020

De las marchas del TIPNIS a la marcha electoral

por: Rafael Artigas

Nadie hubiera pronosticado que quienes lideraban aquellas marchas con la legitimidad que le da la historia, tuvieran como corolario final, llevar a sus líderes indígenas a la carrera electoral, estamos hablando de las marchas indígenas del TIPNIS de los años 2011 y 2012.

Y es que hemos asistido una vez más a la consumación de otra traición al movimiento indígena con uno de los que predijeron que, con el único fin de acompañar a los marchistas del TIPNIS, buscaba su rédito político para ahora ser parte de la gran camada del llamado Frente Amplio, como la mayor expresión de la ambición y de protagonismo individual.

Se trata del dirigente campesino, Rafael Quispe, ex dirigente del CONAMAQ, quien consolidó y plasmó su astucia firmando nada más ni nada menos con el empresario y líder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, en un acuerdo político de cara a las elecciones generales de este año.

Recordemos que tras la marcha del TIPNIS el primero que rubrica su firma con sectores opositores de derecha fue el dirigente Pedro Nuni, luego el turno fue de Adolfo Chávez con Justa Cabrera en una alianza con uno de sus verdugos del tiempo de las tomas prefecturales en el oriente y abusos a indígenas, como fue Rubén Costas.

¿Para ello sirvieron las marchas del TIPNIS? ¿Para ello se agitaron las banderas de las luchas de los pueblos de tierras bajas, de los indígenas, y dejar de lado la legitimidad de todo un proceso de reivindicaciones donde los nombres de dirigentes y líderes indígenas no pretendían el cartel burdo de ser cooptados por la ambición de los partidos de derecha?

Si hacemos un repaso al proceso que tuvieron aquellas históricas marchas como la que se produjo en 1990, no había sospecha alguna que los dirigentes buscasen ser encumbrados para formar parte nada menos de los partidos tradicionales en sus listas para candidatos electorales, ni mucho menos estar en la búsqueda del poder.

La primera marcha indígena protagonizada por pueblos aborígenes de Tierras Bajas de 1990, fue la insurgencia pacífica de los más humildes. Su heroica marcha llegó a La Paz en demanda del Territorio y la Dignidad. Así como la de junio de 2002, sumando a su paso a organizaciones de los pueblos andinos, en la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente; pero sin que ello promoviera a líderes de tierras bajas, ni de occidente.

Por la participación decisiva de esos pueblos, hasta entonces silenciosos e ignorados, en el año 2004, llevarían a ser los iniciadores de dos importantes e inéditas iniciativas organizativas: ya que fundaron el llamado Bloque Oriente, donde se juntaron en un mismo bloque orgánico los pueblos indígenas de Tierras Bajas y los colonizadores provenientes de Tierras Altas que después se llamaron Comunidades Interculturales.

Y finalmente de ese Bloque Oriente nació el llamado Pacto de Unidad, que ya alcanzó una dimensión nacional, y que de manera un tanto difícil logra agrupar además a la CSUTCB (juntamente con la organización de mujeres Bartolinas), a la CIDOB y al CONAMAQ, organismos que hasta ese momento guardaban relaciones poco amistosas.

De ese proceso hasta ahora, lo cierto es que estos dirigentes de carne y hueso, no mostraron sus ambiciones como se evidencian ahora, por el sólo hecho de ser dirigente indígena, y expresan con asombro de sus bases, esas ambiciones como cualquier político, que es el ejercicio del poder, y lo demuestran sin sonrojarse ni están nerviosos por lo que digan sus contrarios.

No otra cosa significa que ya varios de los tentados por el poder lo hayan hecho utilizando su cargo dirigencial, manejando a sus bases como lo demostraron Fernando Vargas, Pedro Nuni, Adolfo Chávez y ahora Rafael Quispe. Todos ellos respaldados fuertemente del poder mediático que los alentó y los alienta con el único fin de enfrentar a Evo Morales en las próximas electorales.

Mantener una mirada piadosa sobre estos “débiles angelitos” es un buen negocio para muchas personas y ya sabemos cómo terminan estos experimentos, como los que se vislumbran en el otro frente de disidentes y libre pensantes que sufren de extravíos ideológicos como ser: Delgado, Almaraz, Contreras y otros que ahora andan detrás de una personería jurídica bajo la sigla Libertad de Pensamiento para Bolivia (LPB) para presentarse a las elecciones generales de 2014.

El fracaso rotundo para éstos nuevos actores está cantado para octubre de este año porque bien sabemos que, los experimentos a estas alturas no funcionan y lo único que pretenden, acomodándose al discurso opositor es, concentrarse sobre todo en inhabilitar política y moralmente al gobierno, nos hablen de recuperación de la democracia, recuperación de la institucionalidad, la corrupción, etc., sobre este caballo pretenden ganarse la misericordia de la población, pero… no pasarán!


*    Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño

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