noviembre 26, 2020

Sobre la obra de Juan Ignacio Revollo

por: Diego Loayza Minaya

Hojeando “Playa Terminal” de James Ballard, encontré una frase que, como un oráculo, me orientó hacia lo que podría ser una propuesta de introducción a la obra de Juan Ignacio Revollo [1]: “Arriba, a lo largo de las crestas de las dunas, las palmeras altas se inclinaban en el aire de la noche como los signos de un alfabeto críptico. El paisaje de la isla estaba cubierto de cifras enigmáticas.”

La combinación, en un solo enunciado, de ideas como “crestas de las dunas”, “aire de la noche” o “paisaje” con las de “alfabeto críptico” o “cifras enigmáticas”, estimulaba en mi imaginación ensoñaciones muy similares a las que me produce la obra plástica que esta noche tengo el orgullo de presentar. Dado que si hay algo que siempre ha llamado mi atención en estos óleos, acuarelas y grabados es el atisbo de cierto tipo de escritura, un misterioso código, el soporte de un poema telúrico en una lengua a la vez refinada y primitiva; una lengua que, sin embargo, es inaccesible a la razón diurna. En ese sentido, el arte caligráfico me parece una base poderosa para entender el rol específico que juega la abstracción en este corpus visual. Sin entrar en el estéril y tautológico debate en cuanto a la cualidad abstracta o figurativa de una propuesta plástica, me parece interesante resaltar el rol de caligrafía como un “arte del significante” dentro de un sistema de representación. La caligrafía se podría ver tanto como la práctica más figurativa dentro de la representación abstracta así como la más abstracta en el campo de la figuración. Las culturas caligráficas demuestran una resistencia al menosprecio operativo de la escritura como mero soporte o vehículo de conceptos y pretenden enriquecer, con una disciplina y técnica similares a las de un arte marcial o las de la ascesis espiritual, el significado o contenido del enunciado. La belleza de las formas caligráficas o ideogramáticas dan cuenta de la profundidad o sabiduría del poema que representan, tanto como la banda sonora de una película: a través de variaciones estilísticas, variaciones de intensidad, contrapuntos, redundancias, etc.

Desde una cosmovisión logocentrista, pragmática y acelerada, adicta a la tecnología binaria, es imposible entender esta devoción por el soporte del mensaje que viven las culturas caligráficas. Sin embargo, cuando veo el trabajo plástico, las pinturas y grabados de Juan Ignacio Revollo, siento que se me despierta una sensibilidad medular hacia ese grandioso “arte del significante” que constituye la caligrafía excepto que aquí, el pintor ejerce una inversión de valores y el significado, contrariamente a la caligrafía tradicional, es sometido por el significante y es víctima de un sacrifico de carácter casi ritual. Este significado “sacrificado” – cuyo espectro sobrevuela con la melancolía de un aroma – permite al mensaje viajar por la imaginación del observador libremente como un lenguaje musical.

En ese sentido estamos efectivamente ante una obra de carácter abstracto en la vía que exploraron Kandinsky, Gorki o Michaux y se desmarca claramente de las formas de abstracción expresionistas como las de Pollock, Rothko o Kline. Sin embargo quedarse en esa aseveración no daría cuenta en absoluto de la especificidad de la obra de Juan Ignacio Revollo que, si bien, como estos ejemplares pintores, ha superado la idea de la pintura como representación del objeto, es imprescindible recordar que este trabajo que hoy podemos contemplar posee una emotividad muy ajena al frío y vanidoso intelectualismo que puede emanar de una obra abstracta de esta naturaleza.

Para entender esta característica, vuelvo a la dilucidadora frase de Ballard: el escritor establece lazos entre las ideas de alfabeto y paisaje, entre cifras enigmáticas y el aire de la noche. Asimismo Juan Ignacio Revollo establece una superposición sinfónica entre esos fragmentos caligráficos de un inefable poema velado con una poderosa “plástica elemental”. Esta idea es muy importante ya que permite al pintor librarse del objeto representado sin perder la fuerza poética de los elementos. Así es como, en una secuencia de lectura multidireccional, vemos un encadenamiento de imágenes superpuestas que, sin poder ser verbalizadas, orientan al observador a la ensoñación de elementos concretos. Sentimos la presencia de arquetipos telúricos, etéreos, ígneos y acuáticos con la misma fuerza que lo haríamos ante una obra “figurativa” y, sin embargo, allí está la magia, ante la ausencia conmovedora de objetos representados. Es esta suerte de “materialidad proto-significante” la que otorga un soporte emotivo orientado a la figura, a la línea y a la textura en esta obra; y permite la aparición de un paisaje transfigurado, permite la intuición mística de una escritura de los elementos, de un encadenamiento de signos primordiales manifestados y velados en las piedras y en las nubes, en los arbustos y en las profundidades de la tierra.

Para concluir tengo hacer referencia al rigor y dominio que demuestra esta exposición en cuanto a las técnicas empleadas. Y recalco que considero un error resaltar la técnica en sí. Ya que ésta, por más sublime que sea, siempre es un medio, un vehículo. Sin embargo, es, también, imposible separar forma de contenido, y el resultado final del proceso de hechura; en ese sentido la obra en ncausa muestra una meticulosa superposición de elementos en una totalidad emocionalmente coherente, que es muy fiel a las técnicas de grabado tan apreciadas por Juan Ignacio Revollo, donde la materia impone su disciplina y su resistencia de una manera implacable al hacedor. Éste debe aprender el arte de la paciencia y debe fragmentar su proceso creativo en fases secuenciadas donde cada paso posibilita tanto como aniquila las condiciones del siguiente. Esta complicidad alquímica con el proceso de la materia y su sublimación, supone una comprensión que trasciende la razón pero no prescinde de ella.

Espero que esta perspectiva, porque es sólo eso, una perspectiva más respecto a algo tan inabarcable como una obra pictórica, les sirva como un prisma esclarecedor para contemplar este hermosísimo trabajo que, como verán, habla por sí mismo.



*    Es sociólogo y artista.

1    Juan Ignacio Revollo presenta su obra gráfica en Hallwrigths – bar de vinos del 4 de abril al 4 de mayo.

Be the first to comment

Deja un comentario