noviembre 26, 2020

El Tigre de todas y de todos

por: Valeria Silva Guzmán

Un plato de mondongo chuquisaqueño sobre la polera aurinegra no se olvida. Crecer stronguista en otro lugar que no sea La Paz es otra historia. El ají colorado contrastado con el oro y el negro en el estadio Patria de Sucre se hace parte de la historia de tu pasión. Crecer en Sucre, siendo fielmente stronguista es parte de mi historia. Toda la actitud sucrense “antipaceñista” se desvanece en Sucre cuando se trata de fútbol porque es evidente que el clásico nacional encuentra a sus fanáticos en todos los rincones de Bolivia.

The Strongest tiene en Sucre una hinchada leal, con el tradicional colegio Junín a la cabeza, obviamente en la curva sur del Patria. En la recta de preferencia, mi ubicación recurrente en el estadio de Sucre, la mayoría del público alienta al equipo local: hoy Universitario, durante mi infancia Independiente Petrolero. Aquel partido, cuando el público de preferencia degustaba el mondongo chuquisaqueño, el Tigre estaba goleando al Inde; de ahí que la bicolor aurinegra se encontró con el delicioso ají colorado chuquisaqueño. Mi padre –mi oráculo stronguista-, mis hermanos, otros hinchas y yo fuimos víctimas de un ataque mondongueño. Este tipo de anécdotas las tenemos los orgullosamente stronguistas forasteros. Me pregunto cómo habrán sido los partidos del Tigre en Sucre durante el tiempo de la Asamblea Constituyente; seguramente ya no era mondongo lo que se les lanzaba a los hinchas.

Una de las mayores maravillas de vivir ahora en La Paz es poder ir a ver al Tigre en su casa, en el Hernando Siles; en la Ultra Sur, en Preferencia, en General o incluso en la Norte cuando ya no hay otra alternativa. La cantidad de energías que concentra el Siles cuando entra en cancha el Tigre es incalculable. Aún recuerdo cómo soñábamos con eso mis hermanos y yo cuando niños, viviendo en Sucre. Hoy en día, la caminata de la plaza Isabel la Católica al estadio es parte de la mística de los partidos que juega el Tigre. Yo que no suelo deambular por Miraflores, disfruto cada elemento de la mística stronguista en días de fútbol.

Pero cuántas veces me he cuestionado las lógicas y la hermenéutica machistas del fútbol, no sólo a nivel profesional. Ser hincha de un equipo tradicional evidentemente te hace parte de una empresa, que maneja grandes capitales y mercantiliza a los jugadores; pero ser hincha mujer trae consigo contradicciones más íntimas. ¿Cuántas mujeres aparecen en las canchas de fútbol en partidos profesionales?, ¿cuántas mujeres son parte de las dirigencias futboleras?, ¿cuántas mujeres hacen periodismo futbolístico? Y, peor aún ¿cómo se presenta la imagen femenina en la publicidad futbolera? Las respuestas a estas preguntas las conocemos de sobremanera ¿Qué les queda a las hinchas entonces?, ¿abandonar el espacio futbolero por su carácter machista?, ¿no es a caso eso, de alguna manera, una versión deportiva del libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder” de Holloway? Pues no, gracias. Decir, sin embargo, que el fútbol es un potencial espacio de despatriarcalización sería in infantilismo ridículo. Mi lucha, ahora individual, es con los compañeros futboleros hombres, pero con los hombres nuevos, que al menos desean dejar de cosificar a las mujeres. Es que las stronguistas no vamos al Siles acompañando al novio, al padre o al hermano, las estronguistas vamos al Siles a reconocer en Escobar al héroe del Tigre, en Chumacero al niño atigrado, en Vaca al guardián de nuestras emociones futboleras o en Nelvin Soliz a la figura de nuestro último partido.

Decidir escribir acerca de la revolución del 9 de abril -como historiadora- o acerca del Tigre ha sido fácil. Había estado leyendo a René Zavaleta y a Mario Murillo en sus sazonadas críticas a la forma de leer la historia del 52 de Mesa, pero por ahora me motiva más el Tigre que el 52. Las hinchas también queremos tener voz. El nueve de abril de 2014 he sentido más profundamente la necesidad de hablar de mi equipo antes que del 52 y el sepultado MNR. El fútbol es un asunto de masas, es por lo tanto un asunto político, entendiendo -a la manera de Gramsci- a la política como una existencia ampliada. De ahí la necesidad de hablar de fútbol.

The Strongest, con 106 años de gloria, sin ningún descenso en su historia, como ex combatiente colectivo de la guerra del Chaco, en la combinación perfecta entre oro y negro ha tenido y tiene la capacidad de hacer que toda Bolivia lo mire, lo admire o mínimamente le dedique un poco de tiempo a saber y/o debatir los resultados que deja. La familia atigrada es muy grande, es felizmente populacha, bohemia, intelectual, antifascista y por supuesto, es también femenina.



*    Es hincha stronguista

      Fotografía de Ricardo Bajo, partido que lleva al Tigre a octavos de final el día de su aniversario 106
      Twitter: @ValeQinaya

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