diciembre 2, 2020

¿Xenofobia o develamiento de un operador del imperio?

El domingo 6 de abril el semanario La Época publicó dos artículos –ambos procedentes de Chile y escritos por un historiador y un periodista de ese país-, que develaron los nexos del periodista Raúl Peñaranda con sectores conservadores de la derecha chilena que se oponen a que Bolivia tenga una salida al mar y con agencias estadounidenses dedicadas a la subversión que, como el caso de USAID y la NED, financian las actividades de organizaciones que con la fachada de la lucha por la libertad de expresión conspiran contra los gobiernos de izquierda de la región.

La respuesta de Peñaranda, del que por vez primera se tiene conocimiento público que además de boliviano cuenta con nacionalidad chilena, ha sido la de marear la perdiz: hablar de xenofobia. Nada tan alejado de la realidad, pues en ningún momento se ha sugerido desconocer sus derechos civiles y políticos, ni mucho menos volcar contra él alguna forma de odio o discriminación social.

Lo que se pone en evidencia en ambos artículos es que durante años le dijo a la gente una media verdad, que es una forma de mentir. Tan sencillo como eso y esa su falta de transparencia explica su conducta política que se presentaba diluida ante gobiernos de corte neoliberal, pero que ahora afloró en su versión clasista y de derecha contra el gobierno del presidente Evo Morales con expresiones cada vez más distorsionadas de la realidad. La orientación de sus titulares y editoriales bastan como prueba.

La denuncia del periodista boliviano-chileno de ser víctima de xenofobia, cae por su propio peso: un primer lugar, porque los bolivianos en general le han abierto sus brazos a todos los ciudadanos de otros países que han llegado temporal o definitivamente para aportar con su trabajo en cualquier ámbito de la realidad. Segundo, que ahora el proceso de cambio es una síntesis del encuentro de los pobres. Tercero, debido a que La Época ha demostrado desde 2006 ser un semanario que promueve el latinoamericanismo y la diplomacia de los pueblos en contraposición a la injerencia del imperialismo. Cuarto, no hay antecedente alguno de que su director haya sugerido o tenido alguna posición de xenofobia o racismo en un momento determinado.

En todo caso habrá que ver si Peñaranda y los que políticamente pretendieron encontrar otra oportunidad para cargar contra el proceso de cambio –pues en su denuncia dice que la publicación fue promovida por el gobierno- alguna vez escribieron una línea o pronunciaron una sola palabra de protesta contra las posiciones de xenofobia que sectores de derecha hicieron aflorar con fuerza contra la presencia de colaboradores cubanos y venezolanos en Bolivia, particularmente en el período 2006-2009.

Lo que si habrá desde La Época es la permanente denuncia de las posiciones de la derecha, sean cualquiera su origen nacional, y de la injerencia abierta y solapada del imperialismo. Nunca haremos oídos sordos, como hizo el periodista de marras, ante cualquier forma de intervención de la burguesía imperial en asuntos internos. Bolivia ha recuperado su soberanía.

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