noviembre 29, 2020

Bolivia y la geopolítica del mar

La demanda ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya es algo que no solo apunta a reparar la situación de injusticia a la que ha sido condenada Bolivia por una ocupación militar arbitraria, sino a producir efectos positivos en la integración de los pueblos a los que el presidente Evo Morales apuesta decididamente.
El 15 de abril pasado, en La Haya, el presidente Evo Morales afirmaba minutos después de entregar la Memoria Histórica que respalda la demanda marítima boliviana de ejercer su derecho soberano sobre el Pacífico: “resolver este tema es parte de la integración y parte de la justicia en América Latina y el Caribe”. Lo mismo dijo, el 23 de marzo, en La Paz, cuando hizo hincapié en que Bolivia pondrá el mar a disposición de la integración de los pueblos.

Las dos declaraciones dan cuenta de la profundidad de los movimientos geopolíticos que concibe y despliega el jefe del Estado Plurinacional, quien nunca termina de sorprender por las grandes iniciativas que toma desde una perspectiva de los intereses de Bolivia y de América Latina.

Que Bolivia ejerza su derecho sobre el Pacífico, que adquirirá mayor condición de posibilidad si el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) es favorable en términos que manda al diálogo para superar el problema, es estratégico para Sudamérica y para la región. Por lo tanto, estamos ante algo que interesa a todos en la región. El imperialismo también lo sabe y hay que estar atento a sus movimientos.

Pero vayamos entrando en materia, todavía preliminar, del carácter geopolítico emancipador de la demanda boliviana. Desde la perspectiva de Bolivia, hay al menos tres razones geopolíticas muy grandes que fundamentan los pasos dados por el Estado Plurinacional:

La primera razón es que rebate la teoría de que la guerra da derechos, más aún cuando en realidad se ha tratado de una ocupación militar de una parte de nuestro territorio en medio de un estado débil (aparente) y una clase dominantes bastante débil e incapaz de sentar soberanía.

La segunda razón es que apunta a desmontar los dispositivos coloniales instalados en la narrativa de la historia del vencedor y en la propia conciencia del país y sus pueblos colonizados. Resignifica, como sucede en todo lo que está haciendo la revolución boliviana, la auto estima individual y colectiva de los hombres y mujeres que aceptaba pasivamente, a pesar de las nostalgias de cada 23 de marzo, ese pasaje de nuestra historia –la pérdida de la cualidad marítima- como un producto del “orden natural” de esta parte del mundo. Cuestiona esa narrativa y construye otra.

Evo Morales cuestiona esa historia oficial. Como lo está haciendo en todos los niveles de la realidad, el jefe del Estado Plurinacional y del proceso de cambio lo que hace es negar esa historiografía que legitima el poder del colonizador interno y externo, y pone de pie a lo que se suponía echado e inmóvil.

La tercera razón es que ejerciendo su derecho soberano sobre el Pacífico otorgará a la economía boliviana un factor de mayor crecimiento y sostenibilidad en el tiempo. No cabe duda que los resultados del exitoso modelo económico social comunitario que se desarrolla desde enero de 2006 –con reservas internacionales que han pasado de 1.700 millones de dólares a más de 15.000 millones, un nivel de ahorros en cantidad similar a las reservas y el PIB triplicado-, en el escenario más pesimista se duplicarían. Con eso, ese modelo que genera excedentes y los redistribuye a través de distintos mecanismos y políticas sociales a favor del pueblo, se consolidará.

La cuarta razón es que Bolivia estará en condiciones de mostrar al mundo no solo que es necesario construir un orden social distinto al capitalista si queremos salvar a la humanidad y el planeta, sino que es posible. Los resultados de su proyecto emprendido en 2006 nuevamente juegan a favor.

Desde Nuestra América

Desde una perspectiva más latinoamericanista un fallo favorable a la demanda boliviana registraría efectos altamente positivos y que a vuelo de pájaro hacemos alguna referencia bastante resumida:

En primer lugar restablecería y resignificaría, en condiciones favorables y distintas al siglo XX, la teoría geográfica de la integración. Bolivia está ubicada en el corazón de Sudamérica y esa su condición le asigna un papel estratégico al momento de unir al Pacífico y el Atlántico. La recuperación de su cualidad marítima no solo le es favorable a Bolivia sino que aporta a una reconfiguración del escenario sudamericano en términos de mayor equilibrio entre todos los estados y pueblos. Así MERCOSUR y la CAN no necesitan antagonizarse sino más complementarse y la UNASUR no tendría otro destino que la consolidación.

Atrás quedaría, con mayor facilidad, el proyecto de Estados Unidos de gravitar en el Pacífico desde los intereses de las grandes transnacionales, como ocurre ahora con su proyecto Alianza Pacífico (AP) y la Transpacífico (TPP).

Lo que se está diciendo es que este país pequeño, enclavado en el corazón de Sudamérica, es un actor fundamental para la integración de la subregión en términos distintos a los dictados por el capital transnacional y los Estados Unidos. Es un papel del que se habla poco, pero que muchos no ignoran.

En segundo lugar, destrabaría uno de los obstáculos más grandes a los procesos de integración basados en los intereses de los Estados y los pueblos, y no en la exclusiva lógica del capital. El enclaustramiento marítimo boliviano, entorpece una relación de plena igualdad política entre los estados y los pueblos, y favorece al dominio imperial. No puede hablarse de integración plena con un país condenado al encierro por decisión del capital a través de una forma militar-estatal. Eso ya no es posible.

Pero su resolución favorable no solo reparará la justicia cometida contra Bolivia durante más de un siglo, sino que abriría las compuertas para que América Latina avance con fuerza y decisión hacia el cumplimiento de la agenda de los siglos XIX y XX que nos interesa a todos: Malvinas para Argentina, la superación de la condición colonial de Puerto Rico, la devolución de la base militar de Guantánamo a Cuba y el cese inmediato del bloqueo. No es que la madeja corra por efecto automático, pero sin duda aportará a ampliar una subjetividad favorable –más de lo que ya existe- a que América Latina se ejemplo de integración, soberanía y cooperación para todo el mundo.

El cumplimiento de la “agenda del siglo XIX y XX” que arrastra América Latina no casi una condición para avanzar hacia la implementación de la “Agenda de la Patria Grande del siglo XXI”.

En síntesis, Bolivia es vital en este tercer momento emancipador de América Latina. La recuperación de su cualidad marítima aumentará su gravitación con propósitos latinoamericanistas. Por eso, no solo son las transnacionales las que estarán atentas para impedir que el fallo de La haya salga favorable, sino el imperialismo.

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