noviembre 25, 2020

Otra crónica del mundo al revés

¿Odiamos a los chilenos? No, por supuesto que no, nuestras relaciones humanas como hijos de la Pachamama no nos permiten tener odio porque tenemos la cultura de la vida, de la crianza, del respeto.

Por estas razones es un chiste de mal gusto pensar que alguna autoridad pueda ser xenófoba. Nosotros que hemos resistido una política xenófoba durante 500 años, no podemos albergar ese tipo de sentimiento.

Ahora bien, el gobierno tiene la obligación de cuidar las políticas públicas referidas a la recuperación del acceso al mar y en este sentido es muy sensible a la conciencia histórica que personas nacidas en el hermano país, tengan actividades desestabilizadoras del gobierno.

No se trata de una persecución o acoso cuando se relacionan hechos y existe evidencia de una intencionalidad política, es obligación salir al paso, porque las agresiones, en diferentes niveles, son eso agresiones, peor si se mueven en el terreno minado de la comunicación.

He tenido la paciencia de escuchar, durante años, a los mismos locutores que hoy acusan de xenófoba a la Ministra de Comunicación, emitir gritos desgarradores a la hora de acusar a Chile de “robarse nuestras danzas, nuestra diablada”, sin haberse enterado que en el norte de Chile existe un enclave andino que tiene prácticas culturales iguales a las nuestras.

La xenofobia es el odio al extranjero, y en el caso de la publicación de La Época, no existe expresión de odio simplemente una investigación periodística acerca de cierta inclinación favorable hacia Chile, ahora que ciertos periodistas armen un escándalo por esto, es una extraña paradoja, protestan porque un periodista ha hecho muy bien su trabajo.

Estamos acostumbrados a pedir pruebas y cuando éstas se presentan se dice: “pero si ya se sabía”, esas son las famosas muletillas para distraer a los despistados.

Desde hace tiempo alguna prensa ha perdido credibilidad, fundamento principal de una buena prensa y esto no es bueno ni para los periodistas ni para el país.

Hemos señalado en anteriores notas que lo más sano para el periodismo de análisis es tener presente la corriente ideológica que uno tiene, de ésta manera con toda legitimidad se podrá asumir una defensa del compañero de ruta; pero esto no sucede, se sigue manteniendo la frase “somos imparciales” para disfrazar un discurso opositor.

Los verdaderos xenófobos son los que manipulando, tras bambalinas, hacen decir y hacer discursos con el sólo objetivo de debilitar a un gobierno, es pues la guerra de baja intensidad implementada desde el imperio.

No interesan los muertos (como en Venezuela e Irán) no interesan las pérdidas económicas, no interesa el bien común, solamente interesa terminar con los gobiernos que no siguen a pie juntillas, los mandatos del imperio y sus operadores.


*    Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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