diciembre 4, 2020

Más que G77

por: Valeria Silva Guzmán 

El mundo de la diplomacia clásica ha sido un espacio tradicionalmente cerrado para los movimientos sociales. El tema de la “juventud” ha sido históricamente considerado periférico y de minorías. El ser joven es, para la generalidad, es tener permiso para hacer idioteces y participar periférica y minoritariamente de la política.

Las concesiones que hace el orden establecido desde el Estado moderno clásico y republicano a la juventud respecto a la manifestación de opinión política son reflejadas perfectamente en las series gringas “enlatadas”; tienes permiso de hablar de sexualidad, de drogas, de derechos liberales individuales, de deportes y de macramé, entre otras cosas. Pero con el Estado, con el poder formal estructural no puedes involucrarte. El Estado como constructo moderno –clásico y republicano- es la institución por excelencia diseñada para los hombres-machos, adultos, blancos y propietarios.

De ahí que los discursos del Che Guevara, de Chávez o de Evo en Naciones Unidas tienen tanto valor político e histórico, pero además místico. De ahí también la importancia de la presidencia de Bolivia en el G77 + China. Hoy Bolivia es un Estado paradigmático en el marco de la filosofía jurídica y de la teoría política porque claramente está desmontando la estructura de Estado Aparente, clásico y republicano. Esta explosión política –Bolivia- tiene actualmente la posibilidad de hacer eco, también desde Naciones Unidas. Esta tarea revolucionaria es un logro histórico para el país y es un gran reto en el marco del derecho internacional.

La peculiaridad de esta presidencia que ejercemos como país es la vivencia colectiva de la experiencia: la apropiación por parte de los movimientos sociales del proceso creativo de la cumbre G77 + China, no desde la participación formal y diplomática si no desde el Estado Plurinacional como un bien común y comunitario. En ese marco es que se ha desarrollado la Cumbre Juvenil Latinoamericana que mira a la Cumbre del G77+China de julio como un espacio legítimo de potencial apropiación de los pueblos.

El viejo y conservador discurso que dice que las y los jóvenes somos los futuros líderes y los futuros diplomáticos felizmente no se hizo eco en los participantes de la Cumbre de Juventudes, donde se hace evidente que esa forma de ver a la juventud –de serie gringa- es totalmente denunciada y rechazada. Contar con miles de campesinos, indígenas, estudiantes activistas y obreros en las filas de la Cumbre Latinoamericana de Juventudes, hablando de temas de Estado y de estructura política desde una perspectiva crítica, emancipadora y deconctructiva del modo de producción capitalista es en definitiva un acto político revolucionario, más aún si se entiende que el marco general es un grupo de países de Naciones Unidas.

Lo más delicioso es que los protagonistas de esta Cumbre levantan el puño izquierdo, salen a las calles a gritar y a defender lo que a los pueblos les pertenece. No ha sido un modelo de Naciones Unidas clásico y conservador donde sólo asisten estudiantes de Ciencias Políticas o de Relaciones Internacionales, ha sido de hecho un espacio de fortalecimiento de lazos y de creación de redes de confianza y con convicción revolucionaria.


*    Es militante del proceso de cambio
     Twitter: @ValeQinaya

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