diciembre 3, 2020

Wittgenstein y el lenguaje limitado de los medios masivos

por: Johnny Campos Lora

Son las 7 de la mañana y me encuentro en mis rutinarios vaivenes para ir al trabajo. Entre sorbos de café y revisiones a mi agenda, hago también intermitentes miradas a la revista informativa del canal de tv. La vestimenta de la presentadora confunde mi percepción del clima, es un día nublado con un futuro lluvioso, sin embargo ella viste blusa escotada y falda corta. Ella presenta “las noticias generadas por la prensa escrita”, prensa escrita es un pleonasmo, los medios escritos son obviamente producto de la prensa, pero no puedo decir nada a la conocida presentadora de tv quien tiene como currículo el título de miss caña 2004 y un curso light de “hágase periodista en dos semanas”. La presentadora también usa la muletilla “en vivo y en directo”, si es en “vivo” se supone que es en “directo”.

Ya en el minibús, escucho sin alternativa alguna, la estación de radio elegida por el chófer. A juzgar por la voz, está al micrófono un locutor joven, el novato de la FM presenta un tema musical y dice lo siguiente: en este día especial, este tema especial, para ti que eres muy especial,… La pobreza léxica del joven es patética y alarmante.

El tema de las limitaciones de muchos periodistas, generalmente empíricos, es tratado hace tiempo. En internet se pueden hallar varias páginas que tratan el problema, entre ellas en el sitio “Rebelión” y su texto titulado “Erratas de prensa” cuyo autor Koldo, refiere varias de esos errores, acá van algunos:

Muertos que gozan de excelente salud:

Es habitual encontrar en las páginas de los periódicos con los cadáveres más vivos del planeta:

–    La Policía señaló que los muertos responden a los nombres de Juan, José y…

–    …el muerto, desesperado, se lanzó al agua para salvar la vida…

Términos desvirtuados

–    …cuatro personas murieron en un cuádruplex accidente de tránsito…

–    …un camión y una camioneta colapsaron ayer con un saldo trágico…

Nuevos verbos:

Capítulo aparte merece la fecunda inventiva manifestada por no pocos comunicadores que han aportado al idioma centenares de nuevos y modernos verbos.

Entre los más comunes pueden destacarse:


•    accesar

•    aperturar

•    eficientizar

•    conciencizar

•    carnetizar

La lista es penosamente larga, sin embargo lo mencionado es suficiente para manifestar el problema: por una parte es posible que muchas de las equivocaciones de los periodistas sean por descuido o por gajes del oficio. Sin embargo, los yerros por las limitaciones del lenguaje son los más preocupantes. Sobre estas limitaciones escribió el filósofo, matemático y lingüista austríaco Ludwig Wittgenstein.

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

En su Tractatus Logico-Philosophicus, Wittgenstein reflexiona sobre la relación lenguaje – mundo.

Según Wittgenstein, solo podemos expresar a través del lenguaje las ideas y conceptos que hemos generado en nuestra mente; alguien que no se ha ocupado de ampliar sus conocimientos, en cualquier aspecto, tendrá poco que decir (léase pobreza de vocabulario, clichés, muletillas, tautologías, etc.). Por tanto el límite de nuestro lenguaje, está en la cantidad de información que almacena nuestro cerebro ya sea por experiencia directa o indirecta. La manera de adquirir información indirecta es, así si leemos más LIBROS, aumentará nuestro vocabulario y entendimiento. Se debe formar en los futuros periodistas el hábito de lectura y compresión, porque eso servirá para todas las actividades de la vida.

El oficio de periodista es una actividad que demanda actualización y cultura general aceptable, además de propiedad léxica. Muchas de las limitaciones de lenguaje de los periodistas, son consecuencia de variados factores: empirismo, formación mediocre, cosificación, obsolescencia, etc.

Sin embargo como dice el proverbio no hay nada nuevo bajo el sol y sobre el punto de las limitaciones del mundo, es justo mencionar a Platón y su alegoría de la cueva.

Platón y “el limitado mundo de la cueva”

El mito de la caverna describe a unos hombres que desde niños fueron encadenados para vivir en el fondo de una cueva, dando sus espaldas a la entrada de la cueva. Atados de cara a la pared, su visión está limitada y por lo tanto lo único que ven es la pared de la caverna sobre la que se reflejan modelos o estatuas de animales y objetos que pasan delante de una gran hoguera. Con la ayuda de un hombre superior, uno de los hombres huye, el camino a la salida es difícil pero finalmente sale a la luz del día, la luz lo deslumbra, le produce ceguera momentánea y dolor, espera a que anochezca para irse acostumbrando a la tenue luz que reflejaba la luna, luego a la luz del amanecer y, finalmente puede adaptarse a la luz del sol. Entonces se da cuenta, de que había vivido engañado toda su vida, con las imágenes reflejadas en el fondo de la cueva. Regresa a la caverna diciendo que las únicas cosas que han visto hasta ese momento son sombras y apariencias y que el mundo real les espera en el exterior, le toman por loco y se resignan a creer en otra realidad, ellos solamente creen en la realidad de las sombras que se reflejan en el fondo de la caverna.

Desde la perspectiva de la teoría del conocimiento, las limitaciones de los conocimientos (adquirido directa o indirectamente) son como la cueva, la cueva es entonces -haciendo relación con el pensamiento witgensteniano, el limite de nuestro mundo, es decir de nuestra mente. Las personas (al igual que los compañeros del hombre que salió) muchas veces viven encuevados, diminutas cuevas que son reflejo de una actitud conformista.

Las dificultades de expresar nuestro pensamiento en un determinado lenguaje es menos frecuente, pero también sucede en algunos casos.

Ignacio Izuzquiza en su obra “La sociedad sin hombres o la teoría como escándalo” nos describe las peripecias de Niklas Luhmann en su esfuerzo de encontrar palabras o categorías conceptuales para explicar su “Superteoría de la sociedad” basada en el enfoque sistémico de segundo orden.

Luhmann y las limitaciones del lenguaje

Izuzquiza advierte que Luhmann, intenta realizar una “ilustración de la Ilustración”: es decir, revisa la validez de conceptos, perspectivas y modos de análisis que sirvieron para una época -la generada en la Ilustración europea-, pero que ya no sirven para analizar una sociedad tan distinta como la del siglo XXI.

Así pues, Luhmann se ve obligado a buscar nuevos instrumentos conceptuales para elaborar una teoría de la sociedad y verá en los espacios abiertos por un conjunto de nuevas perspectivas, como son la teoría de la comunicación, la teoría de sistemas, la cibernética, etc.

Habitualmente se considera a Luhmann como un autor extremadamente difícil y complejo. Dificultad derivada de los rasgos de su propia teoría, cuya tensión le obliga a sentar planos de análisis de gran complejidad y a mezclar perspectivas y disciplinas tradicionalmente separadas.

Por otra parte, una proverbial dificultad de estilo. No se trata tanto de que Luhmann escribe en un alemán esotérico, sino de que lucha con el mismo lenguaje para obtener de él el límite de expresividad que le permita describir sus reflexiones. Es una lucha que se expresa en un estilo muchas veces atormentado y recurrente, en la invención de términos para expresar nuevas ideas, en el deseo -nunca totalmente cumplido- de encontrar un modo de expresión que no sea tan lineal como es el lenguaje ordinario.

Dificultad, en suma, que plantea a todo lector de Luhmann la exigencia de colaboración y la urgencia del análisis de los supuestos teóricos que sustentan cuanto Luhmann pretende afirmar. Una dificultad que convierte a la experiencia de leer a Luhmann en un acto de extremada violencia y, siempre, con una tarea que nunca puede limitarse a la pasividad de la simple recepción (Izuzquiza, 10:2008).

La característica luhmanniana de escribir al límite del lenguaje posible, hace que algunos teóricos incluso lo describan como un autor con una “verborrea difícil de digerir”, al punto de que en ocasión del VII Seminario Latinoamericano de Investigación de la Comunicación (La Paz, 25 de septiembre del 2013), una catedrática mexicana preguntó categóricamente al público: ¿quién entiende a Luhmann?

Pero no es solamente Luhmann el que hace reinvenciones o acomodaciones del lenguaje para interpretar la realidad, lo hacen también hombres comunes y silvestres, al acudir al inmenso mundo de la retórica para expresar lo desconocido.

    Los hombres nombraron lo desconocido acudiendo a lo conocido

    Mirta Aguirre

En los primeros tiempos de la historia humana, cuando faltaban palabras para llamar las cosas, el hombre trasladó el significado de algunas palabras, utilizándolas para nombrar fenómenos que, aunque diferentes, mantenían alguna de las relaciones. Y así fue como la palabra “brazo”, que servía para designar las extremidades superiores del hombre fue utilizada con el fin de nombrar esa porción de las aguas marinas que penetra en la tierra: un brazo de mar penetra en mis tierras.

Ulteriormente, también se aplicó esa palabra en la designación de los brazos de la butaca, del sofá y el sillón. De esta forma traslaticia hemos visto emplear también las palabras “pata”, “mano”, “raíz”.

Pata de buey / pata de la mesa

Mano de niño / mano de plátanos

Raíz del árbol / raíz de la muela

Sucedió también este proceso de comparación (metafórica) en el caso del famoso platillo volador.

El individuo que vio ese objeto volador desconocido surcando el cielo, quiso explicar su forma y acudió a algo conocido para él con el fin de explicar el objeto desconocido y dijo: un platillo volador (un platillo al revés), no dijo: Un OVNI (un objeto volador no identificado).

El periodista, de lenguaje limitado que quiere aprehender la realidad, o reconstruirla, tiende a acudir a las tautologías, imprecisiones o muletillas. Inversamente, cuando otro periodista ilustrado quiere expresar una realidad y no hay dentro de las diez mil locuciones del idioma, palabras para enunciar esa realidad, el redactor tendrá que acudir al inmenso recurso de la retórica: a las comparaciones traducidas en metáforas, sinécdoques o metonimias. Porque después de todo, dentro de nuestras humanas limitaciones, siempre habrá el recurso de reinventar, refuncionalizar o renovar términos que puedan aproximarse más al reflejo pálido de la realidad, nuestro mundo.

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