diciembre 1, 2020

Violencia Revolucionaria

por: Adriana Salvatierra 

Creo, y lo digo con certeza, que el Proceso de Cambio no se explica sin las resistencias —y especialmente las resistencias armadas— a las dictaduras militares de los 70, sin la sangre dejada en los campos y ciudades por tantos compañeros y compañeras en las diferentes trincheras del continente. Digo esto porque algunos teóricos sostienen que éste Proceso de Cambio se abre paso ante la ceguera de “marxistas ortodoxos” que no supieron lecturar la composición social del país, excluyendo como sujeto político revolucionario a campesinos y pueblos originarios e indígenas.

Grande fue Fidel cuando dijo: “Lo que determinó en cada época fue el espíritu revolucionario de nuestro pueblo, la tarea en cada momento de nuestro pueblo. Y lo que puede decirse es que, desde entonces hasta hoy, largo ha sido el camino, larga ha sido la evolución de nuestro pensamiento revolucionario” [1] Estas resistencias cobraron vidas, jóvenes, mujeres, hijos y nietos; y en estas resistencias estuvo presente la violencia como un instrumento revolucionario.

Vuelvo a reflexionar sobre violencia, la paz y la democracia, cuando la Compañera Leonilda Zurita en un taller departamental de mujeres del MAS-IPSP rememora a aquellos caídos que la DEA sembraba en los cocales del trópico; cuando después de asesinar a un dirigente cocalero, las oficinas norteamericanas cerraban el caso y se lavaban las manos argumentando un ajuste de cuentas por narcotráfico. Vuelvo a la violencia cuando la compañera nos cuenta que para comprobar que las balas eran norteamericanas, tenían que abrir al muerto y buscar el proyectil.

El recuerdo de nuestra compañera y la memoria viva de tantos caídos me obliga a repensar qué tan libre de violencia fue la construcción del Proceso de Cambio, o qué tan pacífica la democracia burguesa a la que anhelan retornar los opositores políticos que no pueden salir de la lógica neoliberal. ¿Es la paz burguesa la que realmente defendemos? ¿Aquella que se conforma con la ausencia de violencia y convive con la opresión de los más humildes?

Cuando nos referimos a nuestra Revolución Democrática y Cultural, considero importante rescatar que la legitimación política y masiva del Proceso de Cambio ha sido a través del voto alcanzando, un histórico apoyo popular traducido en un 54% y 64% del electorado en dos ocasiones. Sin embargo, el hecho de haber utilizado los mecanismos que la democracia burguesa otorga, no significa que la construcción de este Proceso de Cambio haya sido estrictamente pacífica. La construcción de este tiempo histórico ha costado vidas de hombres y mujeres humildes del campo, las comunidades indígenas y la ciudad; sin embargo como los asesinó la DEA o como murieron en enfrentamientos con las Fuerzas de un Gobierno entonces represor, no cuentan; como no tienen una importante cuenta bancaria, o no aparecían en las páginas de los diarios, o simplemente porque eran campesinos, indígenas y pobres, no eran considerados víctimas de la represión del Imperio y de un Estado servil.

Es importante recordarlo permanentemente para no olvidar, para no naturalizar nuestros derechos, para que no se nos olvide que somos reconocidos en nuestra diversidad porque el pueblo uso la fuerza para movilizarse, uso la violencia para resistir y también tuvo que morir. Que no se nos olvide que la recuperación de nuestros recursos naturales no es sólo una concesión de un gobierno de turno, sino la toma de conciencia colectiva y la lucha por defender nuestra riqueza, unido a la voluntad comprometida de un líder y luchador social con su pueblo movilizado.

Si, hubo violencia. Fue la violencia de quienes usan la fuerza para romper sus cadenas, de quienes lanzan el primer grito después de 500 años de silencio. Y nos costó, nos costó demasiado.

No hablo en estas líneas de aquella violencia “en general”, sin distinguir las condiciones que diferencian a la violencia reaccionaria de la violencia revolucionaria. Hablo de aquella que analizó Engels cuando menciona que “la violencia juega también otro papel en la historia, tiene un papel revolucionario: es, según la frase de Marx, la partera de toda vieja sociedad preñada de otra nueva sociedad, es el instrumento con ayuda del cual el movimiento social se abre paso y rompe formas políticas muertas”. [2]

El General Vo Nguyen Giap señalaba que el verdadero luchador por una paz democrática no es el que pronuncia y repite la pacifista misa rezada, sino el que lucha resueltamente contra la guerra imperialista y “la paz” imperialista, el que llama a los pueblos a hacer la revolución para derrocar gobiernos reaccionarios. [3]


* Militante de Columna Sur

   as.arriaza1989@gmail.com

1 Castro F., Discurso pronunciado en el Acto celebrado en la Escalinata de la Universidad de la Habana honrando a los Mártires del 13 de marzo, 13 de marzo de 1965.

2 Engels F. “El Anti-Duhring”, Argentina, Editorial Claridad, 1967. Pág. 193

3 Giap. V N. “El hombre y el arma”, Argentina, Editorial Cienflores, 2013. Pág 21

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