noviembre 26, 2020

El pez cae por la boca

Uno de los peores desastres para cualquier país es su descapitalización, es quitarle la posibilidad de poder generar trabajo y realizar inversiones, eso fue la privatización. Hoy Samuel Doria Medina uno de los privatizadores, sin ponerse colorado, ha declarado que si llega a ser presidente volverá a privatizar los bienes del Estado comenzando con el avión presidencial.

Todos los que vivieron de la plata del Estado, es decir todos los que se repartían el dinero del país, ven con mucha angurria que el gobierno utiliza el dinero invirtiendo en educación, deporte y economía. Cualquier tipo de inversión que hoy realiza el Estado es denominado “despilfarro” o que se están “farreando” el dinero.

El verdadero despilfarro y la efectiva farra de recursos, ocurrió cuando los dineros llegaban a los bolsillos de empresarios y banqueros ligados al capital internacional. Debemos tener memoria y recordar ¿Cuántos bancos desaparecieron? ¿Cuánto era la deuda externa durante los gobiernos neoliberales?

Hoy el país está capitalizado se han realizado inversiones en infraestructura ¿se acuerdan cuanto se tardaba en construir una carretera? Hoy no solamente se ha triplicado la capacidad de construcción de carreteras, se está industrializando el gas, se ha iniciado la industrialización del litio, del hierro, los montos de miles de millones de inversiones son la pesadilla de todos los empresarios vampiros que le chupaban la sangre al país, eso es lo que extrañan, por eso no tienen ningún empacho en decir lo que harían de ser presidentes.

Miramos al país después de ocho años del desastre neoliberal y vemos que sí hay pues transformaciones! El proceso de cambio, donde el pueblo es el principal protagonista, no puede dejar de seguir adelante, justamente por sus protagonistas, porque el principio de redistribución de la riqueza está logrando achicar las brechas sociales debido a las oportunidades.

Para hacer memoria debemos ubicarnos en abril del año 2000 y la Guerra del Agua, cuando los privatizadores nos estaban quitando prácticamente la vida, nos está costando mucho dinero y tiempo recuperar lo que otros lo vendieron y que descaradamente nos dicen que seguirán privatizando nuestra vida, de ésta manera están demostrando que son nomás los representantes de la cultura de la muerte.

Estos privatizadores con mentalidad colonial seguramente quieren ver al presidente indígena en un avioncito de alasitas, porque esa es su mentalidad colonizada dicen: “Cómo pues un indio va estar en semejante avión hay que venderlo”. No es envidia es pensamiento colonial. El avión presidencial es un símbolo de dignidad de los pueblos, de la soberanía de nuestra economía. Eso les molesta.

Los privatizadores, más allá de sus pesadillas por tener el dinero de todos para sus bolsillos, deben recordar que los pueblos, todos los que forman el Estado Plurinacional ya no se dejan encandilar con las baratijas que trajo Colón.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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