noviembre 27, 2020

The Wolf of Wall Street

por: Jorge Moreira / Rebelión

Fundada y liderada por el poderoso Edgar Hoover (considerado hoy como uno de los más corruptos ex funcionarios del gobierno de los EE.UU.), su realidad concreta choca con la ridícula representación de la FBI como el espacio para el ejercicio de la eficiencia, la integridad, la honestidad y la justicia.

Actualmente, parece que hay pocas dudas de que el cineasta Martin Scorsese es un experto en el universo del cine americano, es decir, en un conjunto de elementos, recursos, instrumentos y técnicas que son esenciales para la producción y el cine en los EE.UU. Desde esta perspectiva, la película El lobo de Wall Street, es una prueba más de la gran capacidad y habilidad de Scorsese para dirigir películas de éxito dentro de la amplia producción en gran escala de la industria cultural y del entretenimiento del capitalismo estadounidense.

Una de las áreas en que se puede observar las características de ese conjunto es en la elaboración de los elementos de la forma fílmica de El lobo de Wall Street. Como ejemplo de estas habilidades podemos señalar dos elementos de la forma que son sabiamente desarrolladas por Scorsese: 1) el uso destacado de comentario voice-over del protagonista Jordan Belford (a veces Jordan aborda directamente la propia cámara cinematográfica para narrar cara a cara sus hazañas dentro de su organización de inversión corrupta y codiciosa) funciona elocuentemente para resaltar el abuso de poder (sin límites) y la arrogancia (extrema) del personaje capitalista que Belford representa; 2) el ritmo frenético de la película trata de duplicar la velocidad vertiginosa de movimiento de dinero y valores a través de la especulación y la apropiación indebida dentro de los mercados de capitales y del sector financiero de EE.UU.

La historia del protagonista Belford (adaptación del libro autobiográfico del propio Jordan Belford) evoca la forma de la novela picaresca española, un género literario de mayor importancia en la historia de la literatura occidental, pues ha funcionado para expresar (entre otras) la lucha de los individuos de las clases subalternas para medrar en sociedades divididas jerárquicamente en diferentes clases sociales.

La película también contiene una serie de características que se pueden asociar con la comedia del género grotesco, la que busca la risa fácil y superficial del espectador poco exigente. Pero si analizamos la película de Scorsese desde la perspectiva de una ideología contra-hegemónica, gran parte de esa alegría de primera impresión se rompería porque, entre otras cosas, también se puede observar que la película de Scorsese celebra gratuitamente, la honestidad dudosa y ampliamente cuestionada por la sociedad, de la Oficina Federal de Investigaciones de EE.UU. ( Federal Bureau of Investigation, FBI).

Fundada y liderada por el poderoso Edgar Hoover (considerado hoy como uno de los más corruptos ex funcionarios del gobierno de los EE.UU.), su realidad concreta choca con la ridícula representación de la FBI como el espacio para el ejercicio de la eficiencia, la integridad, la honestidad y la justicia. Para aquellos que están bien informados acerca de la historia de las instituciones vinculadas al Departamento de Justicia de EE.UU., nada podría hacer provocar (contra la defensa de Scorsese) más risas en el espectador. Sin ir más lejos, podríamos preguntar a Scorsese, por ejemplo: ¿Cuáles son (fueron) los resultados de las investigaciones de la FBI sobre los asesinatos escandalosos de John F. Kennedy, de su hermano Robert Kennedy, de Martin Luther King Jr. y de Malcolm X?

Pero el objetivo de Scorsese de desarrollar un estilo con su tono de comedia grotesca queda, sin embargo, parcialmente frustrado, en mi opinión, debido a las escenas de violencia explícita cometidas por Jordán Belford y sus asociados contra los individuos subalternos: 1) contra el empleado homosexual que está acusado de robar 20.000 dólares de la casa del jefe, Jordán; 2) contra la segunda esposa de Belford, cuando este trata de secuestrar a la hija de la pareja para tomar ventaja de la lucha destructiva de poder entre él y su esposa en el negocio del divorcio entre ellos. En general, la película muestra, directa o indirectamente, la crueldad y la violencia no solo física sino psicológica de los poderosos contra los subordinados.

Aunque Martin Scorsese trate de amortiguar la violencia del protagonista contra la mujer y el homosexual (cosa muy difícil para un director de cine adicto a ganar mucho dinero con la frecuente exhibición de la violencia en sus películas), el espectador podrá deducir que el uso explícito de la violencia por parte del protagonista en contra de estos dos tipos de subordinados, no debe de haber sido un hecho ocasional o casual. Más bien, el espectador puede inferir que la violencia implícita y explícita del protagonista es la vía “standard” para la acumulación y concentración de capital por parte del capitalista estadounidense, es decir; es una de las rutas preferidas para centralizar la riqueza humana en las manos de esta minoría explotadora, absolutamente sin escrúpulos.

Si comparo la película El lobo de Wall Street con el documental Inside Job podría decir que después de ver Inside Job y constatar (aun reconociendo las limitaciones ideológicas de este documental) el papel obsceno y destructivo de los funcionarios gubernamentales y de los representantes del capital financiero en los EE.UU., no tendría ni la más mínima necesidad de ver El lobo de Wall Street porque la película de Martin Scorsese no enseña ni añade nada de significativo sobre el tema de la apropiación indebida de dinero de los inversionistas por parte de los lobos de Wall Street.

Así, la película El lobo de Wall Street podría ser identificada como una narrativa de Scorsese para monumentalizar un puñado de sociópatas, psicópatas, mafiosos y criminales que han disfrutado de la riqueza, del éxito y la gloria a través del uso de la codicia, de la violencia bestial del dominador, del egoísmo ilimitado del explotador y del feroz individualismo del opresor. Pero la película de Scorsese también podría ser identificada como una narrativa impotente para denunciar el sistema capitalista como el responsable fundamental en la producción de estos monstruos funcionales requeridos para la reproducción de la sociedad actual. Una de las evidencias de esta impotencia de la película es su incapacidad de presentar secuencias de escenas (no hay una secuencia en toda la película) que muestren el resultado destructivo de las acciones de los individuos como Jordán sobre las víctimas de esa fraudulenta apropiación indebida que es la base de este sistema socio-económico. Así, la película se reduce a la muestra de un único y solo polo de la lucha social, ocultando anti-dialécticamente, la situación del polo oprimido de la lucha de clases dentro del capitalismo.

El poder político de los individuos como Jordan Belford y el poder de su psicología individualista sobre la sociedad sólo podrían ser denunciados si la película también ensenara el punto de vista de las víctimas de estas operaciones ilegales ??por parte de los representantes del capital contra el trabajo social. Por lo tanto, la película de Scorsese es incapaz no sólo de mostrar el punto de vista de las víctimas que han sido afectadas directamente por las acciones fraudulentas de Jordan Belford y sus asociados sino que también es incapaz de mostrar el enorme daño que causan, directa e indirectamente, a millones y millones de desempleados, de explotados y de oprimidos por el sistema capitalista: los trabajadores estadounidenses.

En resumen, creo que es redundante decir que me quedo cansado y aburrido de ver este tipo de películas que presenta y narra el éxito de individuos sin escrúpulos: verdaderas excrecencias sociales; películas que no se molestan en informar sobre el tipo de sistema económico-social que produce y promueve este tipo de excrecencias sociales a la más alta posición jerárquica dentro de la sociedad capitalista. En pocas palabras, la película El lobo de Wall Street muestra la psicología individual como fundamento explicativo de las acciones absurdas de estos individuos en la sociedad, pero no está en condiciones de representar los factores sociales, económicos y políticos que explicarían el por qué estos personajes son exitosos productores y productos del sistema capitalista.

Así, la ausencia, en la película de Scorsese, de escenas que muestren el funcionamiento de un sistema social basado en la propiedad privada de los medios de producción y de vida (cuyo objetivo y móvil fundamental es producir beneficios, interés, dinero y riqueza para esta clase de propietarios) impide que el espectador comprenda como la lógica del sistema capitalista determina y requiere el exitoso funcionamiento de esta clase de individuos en EE.UU. Sólo a través de la falta de denuncia del sistema socio-económico capitalista (basado en la división de las clases sociales y la explotación, la opresión y la exclusión de la mayoría de los seres humanos de la riqueza social), tipos inhumanos como Jordán Belford, pueden tener éxito y ser glorificados en una película como El lobo de Wall Street de Martin Scorsese.

Notas

Este texto, que trata de articular ficción y realidad en la última película de Scorsese, The Wolf of Wall Street, fue inicialmente publicado en el blog de cine del crítico brasileño André Setaro. Recientemente, leí un artículo (Lo que no se dice sobre el crecimiento de las desigualdades sociales) del profesor Vicenç Navarro que trae datos que amplían la validad del diagnóstico del movimiento denominado “Occupy Wall Street” sobre el aumento de la injusticia social debido al aumento de la concentración de la riqueza en las manos de una minoría de individuos en los EE.UU.

El artículo del profesor Navarro fue publicado por rebelión.org el 28 de febrero de 2014, pero la actualidad de sus datos me llevó a considerar la pertinencia de la traducción del texto sobre la película de Scorsese al español por la profesora Catherine M. Bryan.

Be the first to comment

Deja un comentario