noviembre 29, 2020

Encuestitis, la enfermedad de los neoliberales

La difusión de encuestas de intención de voto puede pasar de ser un instrumento de información de la Opinión Pública (que puede orientar decisiones sobre destino del voto en los electores al revelar las tendencias existentes) a otro de desinformación e, incluso, manipulación.

Mezcla de angustia y paranoia invaden el sentimiento de los candidatos, sobre todo del frente opositor, quienes se enteraron de los primeros resultados de una encuesta de intención de voto que se hizo pública en uno de los medios de comunicación escritos en estos días con datos, que aunque son primiciales, generaron un tsunami en sus operadores políticos.

Los datos de esa encuesta, realizada por la empresa Ipsos Apoyo, Opinión y Mercado, fuertemente cuestionada no sólo por la oposición, sino hasta por algunos sectores urbanos de la población, muestran que Evo Morales tiene una preferencia de votación del 59% para los comicios del 12 de octubre sin llegar a una segunda vuelta.

En esa encuesta se le consultó a los electores “por quién votaría si las elecciones fueran mañana”; la mayoría respondió que lo haría por Evo Morales. El sondeo consideró una muestra de 3.000 personas, a las que se les entrevistó de manera presencial en zonas urbanas y rurales de los nueve departamentos del país.

El rival más próximo de Evo Morales, según los resultados del levantamiento de datos, es Samuel Doria Medina, candidato de Unidad Demócrata, UD, quien, sin embargo, está muy por debajo del Presidente, con una intención de votos del 18%. Detrás de ambos aparecen en la preferencia de votos, Jorge Quiroga, del PDC y Juan del Granado del MSM con 4%.

Y finalmente, Fernando Vargas, postulante del Partido Verde de Bolivia, PVB, dirigente del TIPNIS, quien encabezó las marchas realizadas por los originarios, aún no aparece en la encuesta, en la que la preferencia de voto por él es de 0% y aunque parezca irónico, tal parece que ni los mismos agitadores que apoyaron a las marchas no le dan su respaldo.

A partir de esos datos de la encuesta, la desesperación y síntomas de malestar hicieron presa de los ánimos y los cuerpos de los opositores. Líderes opositores de entrada señalaron que se trata de encuestas dirigidas por el gobierno con el apoyo de sus medios, aludiendo a dos empresas televisivas privadas y un matutino nacional, descalificando los resultados.

Sin tratar de justificar aquellos resultados preliminares y que son una primera referencia habrá que hacer mención al pasado inmediato de las famosas encuestas, que dentro de la línea estratégica de los partidos del tiempo neoliberal, eran una de sus principales armas de marketing para hacer valer su poder político e influir en la mentalidad del soberano.

Durante todos los períodos de consultas públicas (elecciones, referéndums y otros), nos enfrentamos a un aluvión de encuestas ya sean nacionales o regionales, (sobre todo las de propaganda partidista, publicadas más para captar incautos votantes ante el espejismo de “seguro” ganador que para orientarlos en su decisión ciudadana).

Ninguna fue mejor ejemplo de las empleadas como herramienta de campaña que la publicada en una solicitada de prensa, el año 2002, por Unión Cívica Solidaridad que daba a su candidato a la Primera Magistratura Jhonny Fernández como seguro presidente. Y otro ejemplo, nada más basta recordar el error de lectura de una encuesta ese mismo año, que daba a René Blattmann 2/3 de los votos de los jóvenes universitarios bolivianos.

Basta con esos dos ejemplos para darnos cuenta que la difusión de encuestas de intención de voto –denominadas electorales– puede pasar de ser un instrumento de información de la Opinión Pública (que puede orientar decisiones sobre destino del voto en los electores al revelar las tendencias existentes) a otro de desinformación e, incluso, manipulación.

Empresas e Instituciones como Equipos MORI, Ipsos Apoyo, Opinión y Mercado, Gallup (representado en Bolivia por Encuestas & Estudios), ERC, TRACK, CAPTURA CONSULTING, FIDES DEI entre otras, fueron dando resultados de las percepciones y expectativas ciudadanas y, con ello, alimentaron –pero también desalentaron– muchas aspiraciones.

Sin embargo, en la difusión masiva, 13 de los resultados de estas investigaciones, en la inmensa mayoría se obvió un elemento fundamental que es resultado de la información contenida en su ficha técnica, por supuesto, y lamentablemente no difundido en su inmensa mayoría por los medios que las vehicularon: ninguna era realmente nacional.

Los medios privados aliados de estos partidos de ese tiempo, amplificaban esos resultados y ahí nadie decía si la publicación o difusión de los mismos carecía de legitimidad, al contrario, gozaba de pleno respaldo y eran el referente de información más creíble.

Conociendo esas historias y de cómo se manipulan los resultados, el propio presidente Morales ha señalado que no cree en las encuestas, porque “inflan los datos, en Santa Cruz durante la campaña del 2010 una supuesta encuesta me hace aparecer con 60 por ciento y cuando ya estaba llegando a las elecciones tenía 30 y 40 por ciento, así se manejan las encuestas, yo no creo en las encuestas”, dijo.

La oposición política e intelectual, recurre hoy a descalificar los resultados de encuestas porque no se sienten favorecidos como lo fue ayer, los buenos alumnos de Lovaina, que contrataban a empresas internacionales, ahora los descartan y curiosamente, ya no se muestran tan entusiastas, porque en su lógica privatizadora y seguidora del gonismo, las encuestas eran instrumentos de manipulación informativa.

La falta de líderes políticos en la oposición, retrata y visibiliza los resultados de esas encuestas y, como reacción, lleva a la oposición a diversas prácticas perversas: desde enfrentar indígena contra indígena, llevando ahora a candidatos indígenas, utilizar a viejos políticos para reciclarlos, siguiendo la vieja fórmula neoliberal para buscar el poder a como dé lugar.

El viejo y repetido discurso social demócrata se encuentra hoy pretendiendo minar las bases de la construcción del Estado Plurinacional, pretenden cambiar la Constitución política para restaurar el régimen colonial y todavía nos dicen que lo harán sin ningún miedo, porque hace tiempo perdieron la dignidad.


* Rafal Artigas, es comunicador e investigador orureño.

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