diciembre 4, 2020

El fracaso de la mentalidad liberal en Bolivia

por: Max Murillo Mendoza

Los social darwinistas del siglo XIX, con sus posturas racistas y pigmentocráticas, llegaron a finales de ese siglo con un rotundo fracaso: no habían exterminado a los indios, porque estos se sublevaron otra vez con bravura y coraje a la cabeza del temible Zárate Willca justo a inicios del siglo XX. Todas las arremetidas y las masacres sangrientas, desde el Estado republicano colonial (por ejemplo Melgarejo) a lo largo del siglo XIX, no lograron por supuesto eliminar a las comunidades indígenas porque éstas eran la gallina de los huevos de oro, es decir sobre esas comunidades creaban su riqueza los doctorcitos de la nueva república. El mismo Estado, al verse totalmente desprovisto de dinero fresco y sonante, pues la guerra de 16 años destruyó completamente las infraestructuras económicas (como la minería y la agricultura), de las cuales de alguna manera sobrevivía el Estado Colonial español, decretó, después de que Bolívar lo eliminara, por emergencia la restitución del impuesto indigenal. Ese impuesto se convirtió en el principal ingreso económico del Estado republicano durante gran parte del siglo XIX, que llegó al 70% de las recaudaciones fiscales. Así el Estado republicano y las oligarquías regionales, seguían dependiendo del robo vía impuestos, y el asalto a las tierras comunales. No podían estructuralmente destruir a quiénes eran el sustento económico del país. Los discursos liberales, baratos y banales, a favor de la civilización blanca occidental, caían en el vacío más emblemático y eran sólo poses de farra de esas oligarquías sin proyectos de Estado o Nación. Sus intelectuales como Alcides Arguedas (que escribió el libro más anti boliviano que hay: Pueblo Enfermo), hacían propaganda racista en Europa para atraer migrantes blancos civilizados, y reemplazar a los indios en nombre del desarrollo y progreso. Fracasos contundentes del liberalismo fantoche y de novela trasnochada, que en su torpeza e ignorancia simplemente acudían a sus voces, fuera de toda realidad objetiva y científica, para imaginarse un país copiado y calcado de Francia o España o Italia.

En el siglo XX no varió sustancialmente esa intención. Se repitieron las masacres, las destrucciones de comunidades y las ganas de importar migrantes blancos y civilizados, para incrustar o implantar el progreso y el desarrollo, con ello las “buenas costumbres, refinadas y cultas”. No varió también sus torpes formas e ignorantes por desconocimiento de nuestras realidades, de intentar democracias burdas y de copia gringa en donde, cómo no, ellos eran los portavoces y portadores de esos modelos importados. El 90% de nuestras naciones y comunidades no participaban de esos show importados, imitados burdamente a países europeos. Eso cambió en algo con la revolución del 52; sin embargo, como había sucedido en 1.825, las clases medias altas y oligarquías del oriente boliviano se apoderaron de esos acontecimientos, para deslegitimarla y destruirla desde adentro dicho proceso. Terminando en dictaduras militares aliadas a los términos de referencia del imperio norteamericano. Las sublevaciones indígenas, campesinas y obreras fueron las constantes ante esa mentalidad liberal poco democrática, y en realidad poco liberal. El entreguismo y el saqueo, como comportamiento clásico liberal de las estructuras extranjeras de las oligarquías, no dejaron a ellos mismos construir un tipo de Estado. Incluso a su medida y semejanza. Al terminar ese siglo, su fracaso ya era tan claro y contundente que ni siquiera las fórmulas neoliberales y supuestamente modernistas y postmodernistas, pudieron encaminar a Bolivia, como proyecto de Estado y Nación. Con matices menos y más, nuestro país terminó el siglo XX destruido, como el anterior siglo. Con las mismas voces y cantaletas: de que seguíamos buscando e intentando encontrar el progreso y desarrollo occidental liberal. De que estábamos encaminados en la senda del capitalismo occidental, y de que sus beneficios no tardarían en llegar por rebalse a los más pobres. Engaños que eran a todas luces absolutamente brutales, cínicas y oligárquicas.

El siglo XXI y nuevo milenio nos encontró como los anteriores: pobres, saqueados, sumidos en la incertidumbre más occidental y cristiana. Desprovistos de los más elementales derechos. Esa insostenibilidad crónica liberal no podía seguir. El fracaso de los liberales, y sus matices social demócratas de izquierda, que todo su empeño tonto y torpe de incrustar modelos ajenos y extraños a nuestras realidades, de democracias gringas y economías capitalistas avanzadas, han sido la constante en estos siglos, y por lo demás han destruido al país, no podían seguir por tiempo indefinido. El país reaccionó como debía. La Bolivia profunda, saqueada y vilipendiada y odiada por esas formas mentales extrañas y ajenas, reaccionó para refundar su destino. Las naciones quechuas, aymaras y guaraníes salieron de su exilio y destierro mental y material. Y como nunca antes, empiezan a tomar las riendas de su propia historia para empezar a darle personalidad propia, genuina y pura. Sin copias y remedos burdos, como lo hizo el pensamiento liberal capitalista, lo que les llevó al fracaso rotundo. Sin embargo, y debemos reconocer, todavía nada está dicho. Las mentalidades extranjerizantes y de ocupación liberales no han sido derrotadas, sólo arrinconadas. Sabemos de su peligrosidad y de su capacidad de adaptación política, de su camaleonismo ideológico. Pues nada está definitivamente dicho.

El fracaso del pensamiento liberal occidental en Bolivia, consiste en que sus partidarios nunca entendieron los argumentos reales del liberalismo. Ese liberalismo que en realidad promulga y ordena que las poblaciones tienen que tener todas las oportunidades, para desenvolverse a plenitud en sus capacidades: intelectuales y económicas. Sin esas oportunidades, no puede haber competencia limpia capitalista. Sólo con esas condiciones democráticas, de poblaciones con todas las oportunidades reales económicas e intelectuales, pueden construirse democracias reales y participativas. Las oligarquías extranjerizantes de Bolivia nunca otorgaron oportunidades a nuestras naciones. Hicieron un país donde ellos eran los mandamases y matones, adueñándose de nuestras instituciones como las universidades y Estado, donde no teníamos ingreso o participación alguna. Coartando toda posibilidad de competencia sana y libre. Nuestras poblaciones esclavas y analfabetas, a propósito, no podían ser competencia con esos grupos que eran dueños de todo lo nuestro. En realidad nunca consideraron organizar un país liberal y democrático, sino aprovecharse al máximo de nuestras riquezas sin competencia ninguna. Ese elitismo colonial y extranjero les llevó a su propia ruina. No consideraron, en su desconocimiento de nuestras realidades, que nosotros somos herederos de organizaciones que vienen desde tiempos inmemoriales. Que nuestra memoria larga sigue siendo el factor más importante, a la hora de definir lo nuestro. El tipo de Estado y Naciones que queremos, ya los hemos tenido. Y no hemos olvidado. Los llamados liberales capitalistas nunca entendieron esas condiciones sociales y económicas nuestras. No les interesó hasta que fue tarde para ellos. Porque lo que estamos construyendo es al margen de lo que estos grupos pensaron. No nos interesan, no tienen mayor importancia.

En esos términos de desarrollo y progreso, el mayor desafío que tenemos hoy es por fin tener acceso a todos los conocimientos, educativos, científicos, intelectuales, etc. Conocimientos desde siempre negados por los grupos oligárquicos. Transformar nuestras realidades sobre la base de nuestros conocimientos, junto a los importados (aquellos que nos interesan como realidad), son los mayores desafíos presentes. Democratizar la información. Socializar los conocimientos al máximo, para una competencia realmente democrática y sana, donde los mejores nos gobiernen, donde los mejores nos representen en todo. Y en todo el mundo. Construir un Estado donde por fin otorgue oportunidades a sus poblaciones, es el mayor desafío. Sólo así derrotaremos por fin a las mentalidades liberales oligárquicas y extranjeras en Bolivia. Sólo así nos apoderaremos otra vez de nuestras historias y espacios geográficos y mentales.

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