noviembre 27, 2020

La paradoja de la industrialización en América Latina

Industrialización en el nacimiento del capitalismo

Se podría afirmar que la industrialización es el rasgo distintivo del actual sistema económico o modo de producción, es decir del capitalismo. Ninguna otra forma de organización de la economía en su conjunto había desarrollado a tal punto las fuerzas productivas ni las había organizado en un sistema tecnológico capaz de articular a toda la economía a escala planetaria y subordinar el resto de otras formas de organización de la economía.

Inicialmente, en el nacimiento del capitalismo los únicos cambios operados en al modo de producción, respondían a la modificación de la organización de la producción bajo la misma matriz tecnológica. No se modificaron las herramientas ni las máquinas se modificó la forma de organizar el trabajo a partir de la concentración de las condiciones de producción resultantes del carácter privado del capital como elemento básico para impulsar el proceso productivo.

Solamente una vez que el capital consolidó su hegemonía como elemento imprescindible de la producción, se inició una modificación de la matriz tecnológica que derivó en la primera revolución industrial basada en la transformación de la maquinaria en sus tres componentes: la transmisión, el motor y la energía (basada en el vapor), necesarias para generar un instrumento capaz de realizar el trabajo del hombre pero a gran escala.

La competencia capitalista no solamente que extiende las condiciones de producción en una geografía antes inimaginable, sino que también obliga a los capitalistas a través del mercado a reducir sus costos de producción para obtener una ganancia mayor. Los capitalistas realizan esta reducción de varias formas, principalmente reduciendo el valor de la fuerza de trabajo para apropiarse de un mayor plusvalor, ya sea modificando las condiciones de trabajo, de manera formal o real, produciendo plusvalor absluto o relativo respectivamente.

Pero esta forma de buscar una mayor ganancia tiene su condensación en la reducción de costos frente a los precios de venta en el mercado donde se hace manifiesta la competencia intercapitalista. Es en esta dimensión donde el plusvalor apropiado por cada capitalista depende de que sus costos hayan podido disminuir su precio individual por debajo del precio de producción obtenido en base a la ganancia media, con lo que se apropia de una parte del plusvalor generado por otros capitalistas o también llamada ganancia extraordinaria. Y si incorporamos de manera más amplia el proceso global de producción capitalista, podríamos decir que es un plusvalor generado por otras ramas de la producción.

En el desarrollo clásico del capitalismo, esta reducción de los costos está vinculada necesariamente al aumento de la plusvalía relativa mediante el aumento proporcional del capital constante en relación al capital variable, es decir, al aumento de la composición orgánica del capital, lo que al mismo tiempo siempre lleva aparejado un aumento del plusvalor absoluto. Esta es la dialéctica permanente de la expansión y subsunción del capital.

Hasta aquí, todos los economistas creyeron que el desarrollo del capitalismo sería homogéneo en todos los países, o que tendrían un desarrollo histórico lineal. Que el nuevo patrón tecnológico del modo de producción dominante sería la forma en que se desarrollaría el capitalismo en todos los países del mundo. Sin embargo, esto no sucedió así ya que en el siglo XX se empezó a constatar que –primero en la revolución rusa y luego en América Latina–, los países no desarrollados no solo sufrirían por consecuencias de la expansión del capital en estos países sino también –como dice Marx– “por la falta de capital” en relación a la necesidad de industrialización de estas regiones.

El mito del desarrollo y los obstáculos a la industrialización en el “tercer mundo”

Fue la teoría de la dependencia la que denunció desde su análisis, una relación asimétrica entre los países “desarrollados” y los países denominados del “tercer mundo”, que a partir de ahora nosotros los llamaremos países capitalistas desarrollados y países empobrecidos que tienen distintos modos de producción no capitalistas articulados al modo de producción capitalista hegemónico, o países de economías tradicionales subordinadas al capital.

Esta teoría llama la atención de un hecho empírico muy evidente pero que siempre fue escondido con las promesas de desarrollo global para todos los países, se trata del hecho de que cuanto más los países capitalistas desarrollados daban recetas y supuestamente “cooperaban” con los países con economías tradicionales, estos segundos, cuanto más aplicados eran en recibir las recetas y cooperación, se empobrecían cada vez más.

Otro efecto de esta situación fue, además de la pobreza, la imposibilidad de generar procesos de industrialización sostenidos y estructurales que les permitan tener una situación de competitividad de tal manera que puedan tener mejores condiciones económicas o aspirar a nivelarse con los países desarrollados.

El mito del desarrollo era justamente este despropósito, que en realidad la promesa de desarrollo era la forma de frenar nuestro desarrollo.

Relaciones internacionales coloniales y económicas de explotación

Son dos las formas bajo las cuáles operan estos mecanismos que eternizan el atraso y el sometimiento de las estructuras económicas nacionales de los países con economías tradicionales en relación a los países capitalistas desarrollados.

El primer mecanismo es la colonialidad pura de las relaciones económicas internacionales que se entablan entre ambos tipos de naciones. Estamos hablando de relaciones extraeconómicas que generan transferencias desde los países con economías tradicionales hacia los países capitalistas desarrollados. Una de estas formas se refiere a los mecanismos coloniales que obligan a garantizar la explotación de las materias primas por parte de grandes empresas transnacionales en los países no capitalistas generando no solamente “ganancias extraordinarias” sino grandes volúmenes de excedentes coloniales extraeconómicos que no se explican por las simples “reglas económicas” sino por presión, imposición de normativas condicionadas y aceptadas en la mayoría de los casos por élites nacionales de los países empobrecidos vinculadas con los intereses de las corporaciones de los países capitalitas, estas son relaciones coloniales que aún persisten a pesar de todo el discurso de las Naciones Unidas y que son una fuente importante de riqueza para los países capitalistas desarrollados. Esto es lo que se detuvo en Bolivia con la nacionalización de nuestros recursos naturales.

En ciertos países, también continúa existiendo la explotación directamente colonial, como por ejemplo en Haití o en Afganistán o Irak u otros países sometidos como Panamá, Puerto Rico, etc., mediante relaciones de sometimiento a través del tráfico comercial, tráfico de dinero, impuestos o explotación de recursos, llevada a cabo mediante un control político directo desde la capital imperialista.

La segunda forma de apropiación y explotación económica, es la que está vinculada a las formas de explotación directamente capitalista hacia los países empobrecidos. Estas formas capitalistas son las formas transfiguradas que adquiere el capital en el mercado o en el proceso global de producción capitalista como ser: precios de producción, la ganancia media, el capital financiero, el capital comercial, impuestos del estado, la renta de la tierra, los términos de intercambio en el comercio internacional, la deuda externa, el monopolio tecnológico, etc.


* Miembro del Grupo Wiphala y la Red de Economía Crítica Boliviana.

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