por: Adriana Salvatierra
El Canciller David Choquehuanca mencionó una vez que las elecciones parecieran ser un río que debemos atravesar en la senda que conduce al Vivir Bien. Es cierto, no son un método revolucionario, sin embargo la democracia burguesa aún es legítima en este tiempo histórico como una forma de alcanzar el poder y a partir de ello gestionar profundas transformaciones que afecten la vida de quienes no contaban en la historia cotidiana y tampoco eran tomados en cuenta por el Estado.
Es entonces que en este largo caminar que hemos denominado Proceso de Cambio nos encontramos con una relación interconectada entre movilización social y voluntad política. El pueblo sabe que la lucha hoy es en las calles y en los campos o territorios; se sabe empoderado desde sus gobiernos locales hasta su Gobierno Nacional y este elemento se vincula a la voluntad política que se resume en “mandar obedeciendo al pueblo”.
Los grandes logros del Proceso de Cambio no son resultado exclusivo de un círculo pensante e intelectual, sino de la movilización permanente de un Pueblo que decide sobre la historia de su país, recuperar su dignidad y la soberanía. Y estas movilizaciones hoy si tienen dónde depositar sus esperanzas y aspiraciones en un Gobierno que tiene la voluntad política de profundizar el Cambio.
Además de lo mencionado, esta etapa es particularmente distinta, puesto que el periodo donde los cimientos de la República colonial fueron interpelados y destruidos dio paso a una nueva ingeniería hilada desde las organizaciones sociales, los pueblos indígenas y los trabajadores que construyeron el Estado Plurinacional. Sin embargo esta etapa se redefine como la consolidación del Proceso de Cambio, el empezar ajustar el funcionamiento de la estatalidad de forma tal que se asiente la institucionalidad garantizando su funcionamiento vinculado a las demandas sociales que tienen como base principal la Constitución Política del Estado.
En esta etapa hasta el conductor del Proceso de Cambio ha dejado de ser considerado el Presidente y representante de los movimientos sociales, para consolidarse como un Estadista con todo el peso de la palabra; condición que no se debe a la cantidad de títulos de Doctorado que recibe a nivel nacional e internacional, sino porque en 8 años de gobierno, la muestra más clara de liderazgo fue la 50va. Cumbre del G77 donde Bolivia y el Presidente Evo Morales presidieron un evento que movilizaba a más de 130 países asumiendo el rol de articulador de un eje político global.
Un tercer y último punto a considerar es el cambio de elementos contrapuestos que tensionan el escenario político. La contradicción Región Vs. Estado ha sido totalmente superada en la medida en que las fuerzas opositoras han sido desarticuladas y el discurso de la Autonomía ha sido totalmente vaciado del poder movilizador y aglutinador a nivel regional.
Sin embargo, desde la aparición de Sánchez Berzaín en Estados Unidos hasta la incursión de Tuto Quiroga en el escenario político electoral reaviva una nueva tensión entre el pasado y el futuro, entre los retrógrados conservadores y la construcción de Vivir Bien como horizonte articulador de las esperanzas del pueblo.
Este es uno de los riesgos más grandes que se avizoran y que trascienden los comicios electorales en la medida en que elementos de la derecha más radical articulan una oposición que biblia en mano tiene el descaro de enorgullecerse de haber entregado la Patria en manos de las trasnacionales y de Estados Unidos, que plantea un retroceso en términos de derechos colectivos y ejercicio soberano en la construcción de nuestro destino.
Afortunadamente no somos el país que nos dejaron. Es indiscutible que Bolivia no es la misma que el 2005. Hoy no sólo existe una ampliación de la participación política ciudadana, inclusión efectiva de las mujeres en la representación electoral, incorporación de los usos ancestrales de los pueblos indígenas en la organización del Poder Estatal. Hay un salto cualitativo en el acceso a la tecnología, una reforma político – territorial profunda, una nueva orientación en el modelo económico que como ejemplo más relevante ha transitado en de menos del 20% de la participación del Estado en la economía a más de un 38%. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
* as.arriaza1989@gmail.com

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