diciembre 4, 2020

Generar miedo, el arma de los opositores

por: Rafael Artigas

El miedo, el temor, una vez más están siendo utilizados en este tiempo preelectoral para desgastar el clima político, “habitamos un mundo gobernado por el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse…” comentaba en una oportunidad el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, una afirmación que se ajusta al momento que vivimos.

Decimos que el miedo es utilizado como forma de acción política para evitar los procesos de avance y tratar de contenerlos, ya que ahora, está siendo manejado para provocar recelo sobre todo por quienes sienten temor de perder sus privilegios, su lugar dominante, su control del poder.

Recientemente un candidato de la oposición, removió su pasado y reveló sus propios temores, porque se siente acosado por su propio pasado de fracaso, tanto así que sus revelaciones lo confirmaron hace unos días, cuando en su sensibilidad de derrotado ya preanunciaba un asunto familiar que le trajo a la memoria.

“Entiendo perfectamente el miedo…”, señalaba este candidato opositor. “Si tú le preguntas a doña Sonia Ramírez, mi señora madre, si quisiera que su hijo candidateara, en lo interno, no quiere. Mi madre ha tenido que enterrar a un hijo y piensa que va a tener que visitar al otro en la cárcel”, testimoniaba en más de una ocasión.

Otro candidato recurre insistentemente en convocar al debate a su contrincante como “obligación” y, contradictoriamente, cuestiona el gasto insulso en spots, cuando es éste quien hace uso de recursos para exigir un debate forzado, pueril, ratificando así la ausencia de una propuesta de su candidatura, que es lo que la población quiere saber.

Recordemos que esos temores, esos miedos, les llevaron a promover aquellas jornadas de violencia, de odio, de actitudes racistas y xenófobas, en agosto y septiembre del 2008, son éstos mismos que provocaron miedo en la población a través del ejercicio de la violencia física.

La toma de instituciones públicas, la agresión a los indígenas, la amenaza a las voces disidentes de su discurso y a medios de comunicación no subordinados a su poder, los ataques masivos planificados como la Masacre en Pando, fueron algunas de las formas de esa actuación que buscaba provocar miedo en la gente.

Y ahora, no teniendo sustento en una propuesta seria y alternativa, la oposición boliviana nos lleva a especulaciones teóricas, producto de sus temores, que siendo coherentes en el análisis, se han vuelto agresivas y se han convertido en pálidos reflejos de lo que fue el propio discurso de quienes gobernaron el país en los últimos años.

Cuando se verifica la ausencia de propuestas convincentes solo queda el miedo como refugio de la acción política. El miedo suele ser utilizado para erosionar el ambiente de los procesos de cambio, ya que el miedo es aliado de la seguridad buscada en el rincón de la inmovilización, en el escondite último para guardar la cabeza y el corazón.

Las élites que detentaron históricamente el poder y saquearon el país, que perdieron la capacidad de convencer, de tener proyecto de país seductor para la mayoría de la población; ya ni siquiera son capaces de pensar como país, sólo como logia que busca retener la mayor cantidad de privilegios posibles. La política del miedo de las élites, de las logias empresariales y los sectores conservadores no tiene donde sustentarse.

Ante la ausencia de capacidad política para convencer y generar consenso, el pretexto de su acción política es generar miedo, promover temor. Miedo que paralice, miedo al cambio, miedo a creer que vivimos en una era de una Bolivia que construye dignidad.

Hoy, su estrategia de campaña en estas elecciones, es similar y tiene el mismo principio. Violencia simbólica para producir miedo en la gente ante lo que puede venir. Se miente, se exagera, se distorsiona para producir miedo. El miedo anida en la inseguridad y en la confusión.

En octubre de este año la población boliviana está ante otro gran reto histórico para demostrar que el miedo y la fatalidad no son nuestro destino, que se puede derrotar a los temores y que el pueblo ve un nuevo horizonte, el horizonte del cambio y no renunciará a apostar una vez por esa causa.

“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen…” (Eduardo Galeano).


* Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño.

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