noviembre 25, 2020

¿Qué diferencia a un vendepatria de otro vendepatria?

“Los países que son dueños de sus recursos naturales, son países ricos, lamentablemente son pocos” • Eduardo Galeano

Vendepatria: Una categoría personificada

Es un lugar común señalar que el concepto “vendepatria”, forma parte de la guerra semántica en su envase lingüístico mediático.

No es así, de hecho, el concepto en cuestión es —para decirlo en términos de Marx—, la representación de una “categoría personificada”, es una categoría económica a la vez que política. Una categoría que representa un sector social, no en su forma de personas individuales, sino en su forma de poder político y económico.

Dicho de otra forma, vendepatria es una categoría económica que representa una tendencia política (como concentración de la economía) y económica (como la expresión de un modelo de regularidad estatal).

Vendepatria —entonces—, es todo aquel que estuvo vinculado a la enajenación del patrimonio estatal en carácter de latrocinio, de fraude, de “crimen organizado con protección estatal” y todo a nombre del “neoliberalismo”, como modelo de regularidad estatal, como salvación única e inevitable.

Por eso la categoría vendepatria tiene que ver, más con la economía política que con la semántica electoral.

No hacer esa distinción nos enviaría a los lúgubres pasillos del error y en política los errores se los paga con el fracaso.

Neoliberalismo y vendepatrias

El neoliberalismo no fue en modo alguno “un modelo de desarrollo”, como nos quieren hacer ver algunos analistas vinculados al pasado, sino más bien una corriente política a la vez que acción económica macroestatal impuesta desde el “Consenso de Washington” y la “Doctrina del Shock” como lo denomina Naomi Klein.

El neoliberalismo no podía ser un modelo de desarrollo, nunca fue pensado como un modelo de desarrollo, salvo para las empresas transnacionales, el imperialismo norteamericano y en su caso el europeo.

Los gobiernos vendepatria, negociaron los recursos estratégicos a precios de fraude preconcebido. De negociado burdo y grosero en favor de genealogías familiares y una clase política acostumbrada a crecer como burguesía que vive y se reproduce desde el Estado, una burguesía enana y oligarquía birlocha diría René Zavaleta.

Milton Friedman y Jefrey Sachs fueron convertidos en baluartes y arietes intelectuales de los cuales se colgaría nuestra mal llamada clase política (decimos mal llamada porque el concepto “clase política” no soporta ni la estratificación sociológica parsoniana, menos la marxista).

Junto a ellos, una enorme variedad de intelectuales locales posaron su conocimiento haciendo loas a ese modelo de antidesarrollo (André Gunder Frank); ya hasta los nombres son innombrables hoy.

Recordemos:

En 1986, y luego de que el gobierno anunciara la promulgación del D.S 21060 que consistía en: la reducción del déficit fiscal con congelamiento de salarios; aumento en el precio de la gasolina y reducción de gastos del Estado; cambio de moneda; creación del bolsín en el Banco Central de Bolivia; racionalización de la burocracia, que se practicó con la relocalización de los mineros; libre contratación; liberalización del mercado, libre oferta y demanda, arancel único de importaciones, fomento a las exportaciones y la reforma tributaria.

El movimiento obrero se puso en apronte y derivará en una huelga general indefinida de al menos dos meses en Oruro y los demás centros mineros, pues eran precisamente los mineros los más afectados por la eufemística “relocalización”. Entonces se organiza —desde ese escenario—, la “Marcha por la Vida y la Dignidad de los Mineros” que aún hoy arranca lagrimas de quienes recuerdan Kalamarka entre el 28 y 29 de agosto del 86; el cerco militar y las dubitaciones (por no decir traiciones) de la dirigencia dieron lugar a la primera “derrota estratégica” del movimiento obrero, que ni siquiera las dictaduras lo habían logrado.

Un año antes, 1985 es la fecha de nacimiento de un sistema de partidos neoliberal, economías paralíticas, democraduras arrodilladas al FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. La salud y la educación sufrieron las primeras consecuencias.

El sistema universitario tuvo que “moldearse” y la dirigencia estudiantil —mayormente de izquierda— fue condenada a “administrar” la crisis presupuestaria del grupo 100 (sueldos y salarios).

La generación del 70 que para el 90 tenía 20 años, fue condenada a soportar sobre sus espaldas la aplicación cruel del neoliberalismo.

En ese cuadro general, la autodenominada “clase política” circulaba entre bambalinas por los pasillos imperiales de la embajada americana, extendiendo la mano y vergonzosamente arrodillada, ciega ante el país, sorda ante el clamor popular, y estúpida ante los desafíos de la realidad.

Eran los tiempos donde la planificación del desarrollo, era en realidad la destrucción de todo modelo de desarrollo.

USAID fue la maquinaria política de la embajada americana, que tuvo en sus manos el control y la dominación de esa “clase política”, quienes nos ofrecían un espectáculo llamado “pactos de gobernabilidad” donde el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) la Acción Democrática Nacionalista (ADN) y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) jugaron el papel más nefasto de la democracia boliviana.

En las elecciones de 1989 se da un forzado triple empate, por el cual el MIR cruzando los “ríos de sangre” hace pacto político con su archienemigo ADN. La “banda de los cuatro”, de la Corte Nacional Electoral hizo lo que la embajada había solicitado: triple empate.

Resultado final: el tercero (MIR), sale gobierno.

La privatización modelo 1992: SDM

Aquí aparece Samuel Doria Medina, como ministro de Planeamiento, y él en persona va a negociar la privatización con el Club de París en el año 1991 ofertando incluso “privatizar” el Banco Central de Bolivia. El empresario y ahora candidato formaba parte de un acto de entreguismo nunca antes visto en la historia de Bolivia. Si hubiera ocurrido, hoy estaríamos viviendo con el dólar en el bolsillo y el Jesús en la boca.

De hecho Samuel Doria Medina dijo algo que pasó a los anales de los cómicos: “Yo privatizare una empresa por semana”. Si no fuera por la tragedia que significó para el país, la frase no sería más que un disparate de poca fortuna.

Samuel Doria Medina y la acumulación capitalista desde el gobierno

Una breve historia de ricos en Bolivia, nos enseñaría que no es difícil ser rico si se juntan el capital político con el capital económico.

Doria Medina comienza con el D.S. 22836 del 14 de junio de 1991 y la Ley 1330 de Privatización del 24 de abril de 1992.

Como la Constitución impedía la privatización de las empresas estratégicas, los miristas y Samuel Doria Medina, se dan a la tarea de “privatizar” todas las empresas departamentales pertenecientes a las corporaciones regionales de desarrollo, es decir las “empresas regionales”. Tuto —como veremos más adelante— no está ausente de esas negociaciones.

Samuel Doria Medina dijo en Paris:

“… cuando el Grupo Consultivo se reúna aquí (París) ese año (i.e. 1993), se estará dialogando con representantes de un gobierno que no tengan ni empresas regionales, ni aerolíneas. Si pudieran visitar Bolivia entonces no encontrarán bancos estatales, ni minas operando bajo la administración gubernamental (…)nunca más vendremos en busca de cooperación para retornar a los días de la vigencia de la ´empresa estatal productiva´; por el contrario, estamos utilizando su ayuda para desmantelarla”.

En el caso de Sucre (FANCESA) y Tarija (FACEP), Doria Medina se hace de ambas empresas utilizando el poder político y con ello hacerse de mayor poder económico. Samuel se convierte en el Rey del Cemento.

Por ejemplo, en el caso de la privatización de la FACEP, se tiene como antecedente que el propio Mario Cossio, en ese entonces Prefecto de Tarija, firma el contrato de concesión a SOBOCE.

Las redes de poder establecidas en el modelo neoliberal, no tenían diferencias ideológicas ni políticas, nos ofrecían un triste espectáculo de pasanakus cuyo contubernio era evidencia de cómo mandaba la embajada americana y no la patria nuestra.

La privatización modelo 2014: SDM

Sin duda, si algo le deben reclamar a Samuel Doria, sus propios militantes, es por qué no se queda callado cuando todo se lo pide…

Sus frases célebres tanto en la revista Poder y Placer dirigida por José Pomacusi y la entrevista cedida a el canal estatal BTV 7 en el programa Bolivia Elige, son para el recuerdo fatal de cómo el pasado vive en el presente, pero —además— vive en el cuerpo y en la memoria de los sujetos.

Sacarse la ideología no es como cambiar una camisa y ponerse otra, la ideología se expresa por encima del entrenamiento recibido para evitar esos tropiezos fatales.

Samuel dijo: “Lo que yo quiero decir es que de la ganancia, los inversionistas privados deben poder llevarse el 50% y el otro 50% dejarlo en el país” frase que luego ratificará en el canal 7 BTV estatal.

Pero además, en el video completo de la Revista Poder y Placer dirá que su “regla básica, tanto en minería e hidrocarburos, tiene que ser 50-50 (…) Si uno va más allá del 50%, no habrá inversión”.

Dicho de otra forma, nos pone el kuku de la inversión extranjera, y que ésta se iría si el Estado va más allá del 50%.

Como no podía ser de otro modo, no solo el MAS, sino gobernaciones, alcaldes municipales, rectores de universidades y sectores sociales, han hecho escuchar su rechazo a semejante propuesta neoliberal, un salto al pasado similar a un suicidio histórico.

Nadie en su sano juicio puede aceptar —a pie juntillas— semejante despropósito económico y político, nadie en su sano juicio puede negar que la nacionalización genera réditos que van en la redistribución de la riqueza producida socialmente.

Doria Medina ha perdido de vista que, en Bolivia la nacionalización es la principal política de exportación que tiene el proceso de cambio, ha perdido de vista que la nacionalización ha puesto en evidencia la falacia del neoliberalismo a nivel mundial, ha perdido de vista que la nacionalización es la única forma de que nuestros países (los que estamos al lado sur del planeta tierra) nos liberemos de los países imperialistas y las transnacionales que viven del saqueo.

Samuel olvido que “por la boca muere el pez”. Metió la boca, y acabó desnudando lo que en realidad piensa, no lo que nos muestra por la tele.

El vicepresidente fue contundente al respecto, “Ningún Tribilín lunt’ata (ladrón), nos va a quitar lo que se ha ganado en la guerra del gas”

Esta es la historia de alguien que está iniciando el camino a sus “Cien Años de Soledad”.

La privatización modelo 2014: “Tuto”

“Todo está grabado en la memoria”, dice la letra de una vieja canción perteneciente a León Gieco, y cuánta razón tiene.

Tuto se muestra como un angelito “que no privatizo ni un tornillo” cuando fue presidente en sucesión a Hugo Banzer Suarez.

Pero no todo lo que brilla es oro. Recordemos, Jorge “Tuto” Quiroga fue uno de los preferidos por Jaime Paz para el proceso de privatización. De hecho, conformaba la delegación boliviana que viajo junto a Doria Medina ante el grupo consultivo de Paris, donde Doria ofertó privatizar incluso el Banco Central de Bolivia.

Tuto, en 1989 participó en el gobierno de Jaime Paz Zamora como Subsecretario de Inversión Pública y Cooperación Internacional dentro del Ministerio de Planeamiento. En 1990 fue subsecretario de Inversión Pública y en 1992 ministro de Finanzas.

Es decir, que Tuto al igual que Doria Medina, tiene en la médula el modelo neoliberal.

¿Cómo demostrar tal afirmación?

No es difícil, si como método apelamos a los registros ideológicos y los huecos que estos nos presentan en un ejercicio de “lectura sintomal” (Marx), “pensamiento crítico” (Fromm), y “nichos narrativos” (Foucault)

Apliquemos pues el método al Programa de Gobierno de Tuto, porque tal programa no es del Partido Demócrata Cristiano, del cual Tuto es un inquilino y no otra cosa.

Sobre el modelo neoliberal y la privatización…

Tuto no menciona ni una sola vez la palabra gas, de hecho la palabra es una ausente con mucho ruido, pues nos recuerda que fue él, quien negoció “en secreto” la salida del gas boliviano por Chile en connivencia con el embajador Pérez Yoma, quien inclusive escribió un libro sobre ese affaire entre la cancillería boliviana y la chilena.

No era la primera vez que Tuto, preparaba el terreno y Goni lo transitaba. Ya en 1992 preparó todo —a través de la “privatización”— para que Goni le diera continuidad con la “capitalización”. Así que, no podemos olvidar ese detalle.

Qué nos dice el programa de gobierno “Tuto” sobre el sujeto histórico de su plan:

“El desafío histórico recaerá en los empresarios privados y su imaginación innata (sic) para competir en el mercado internacional, en clara sociedad con un Estado comprometido en coadyuvar al proceso de inserción internacional de la economía boliviana”. (Cfr. Programa de Gobierno 2015-2020; Pag.7)

Dicho de otra forma, para Tuto, quienes tienen que conducir el aparato industrial del país, no son los indios, los obreros y las clases medias, sino los empresarios (locales y extranjeros) cuya inteligencia otorgada por designio divino, los hace poseedores de cualidades sobrenaturales en el manejo de la economía.

¿Acaso no nos decían eso mismo Paz Estenssoro, Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Banzer, y repetían como loros los intelectuales neoliberales? Claro que nos lo decían y con bocinas estruendosas además.

Sobre la privatización, como eje de la acción estatal, Tuto nos dice con toda claridad: “Nuestro destino en este siglo XXI es convertirnos en la capital mundial de las baterías de litio” (Ibid: Pág.9).

Es decir, y aquí debemos poner atención, nos está señalando el norte neoliberal en la cuestión recursos estratégicos, continúa el programa y dice: “Si en el siglo XVI, Potosí fue el símbolo de la explotación colonial de la plata, en el siglo XXI Potosí, con el litio, será el símbolo de la integración boliviana al mundo de la modernidad, tecnología y prosperidad. Como país contamos con mano de obra competitiva y talentosa, debemos crear más institutos de formación técnica y movilizar a todas nuestras universidades, para que nuestros jóvenes y mayores aprovechen esta enorme oportunidad laboral: convertir a nuestra Patria en la capital mundial de las baterías de litio”(Ibid. Pág. 11)

Se puede advertir que Tuto no habla de industria estatal, sino solo de mano de obra, y entonces surge la pregunta y ¿qué hace el Estado?, la respuesta no se deja esperar: “[d]ebemos estar dispuestos a crear zonas industriales, invertir más de $us. 3 mil millones en los próximos tres años en infraestructura, en aeropuertos, en facilidades, y dar garantías y seguridad plena para que las grandes fábricas de baterías sepan que Bolivia será el mejor lugar para hacerlas” (Id- Pág.11).

¿Cuáles son las grandes fábricas de baterías? Obviamente las transnacionales del litio. Aquí el Estado juega un papel instrumental, como el que jugaba con el modelo neoliberal de los noventa. El Estado tiene que garantizar la inversión extranjera, otorgar infraestructura, aeropuertos y seguridad jurídica al capital transnacional.

Nada nuevo en el horizonte programático de Tuto, vender la patria a título de aliados e inversiones externas.

En coincidencia con Samuel Doria Medina, el ex adenista Tuto habla sobre la coyuntura económica y dice: “Actualmente en Bolivia estamos atravesando una etapa de bonanza y en lugar de aprovechar esta oportunidad única, la estamos desperdiciando, dilapidando recursos, ahuyentando inversiones, afectando al empresario y arruinando el futuro de la gente” (Id. Pág. 12)

Las coincidencias no son el lugar por excelencia para indagar lo político, sino el núcleo matricial del horizonte ideológico que los junta o los separa, y con lo visto, todo los junta hasta ahora.

Como corolario a esta contribución, algo sobre la educación universitaria en el programa de Tuto que nos llama poderosamente la atención ya que nos oferta: “La creación de un sistema de ahorro e inversión para el fomento de la educación superior con emisión de Bonos emitidos por el TGN que se ofrecerán a los padres de familia como planes de financiamiento a mediano plazo. Cuando los hijos alcancen la edad universitaria, los Bonos podrán ser redimidos para cubrir los costos de su educación superior…” (Id. Pág. 13)

Este parece un paso hacia la privatización de la educación superior, bonos ¿para qué? si la educación superior es gratuita por mandato constitucional, entonces la respuesta es, ajá! quieren privatizar la educación superior, siguiendo el modelo chileno, primer paso bonos, segundo paso privatización.

¿Qué más nos pueden decir ahora, ¿qué más?…

Conclusiones:

Los vendepatria, no son un grupo social con cobertura política, son una casta de comediantes a tiempo completo, que han levantado la brújula neoliberal, dado que no podían hacer otra cosa.

Tanto Samuel Doria Medina como Jorge “Tuto” Quiroga, representan a sangre y fuego el pasado neoliberal.

Los programas y discursos, nos dicen lo que en realidad quieren hacer, y no lo que nos venden en los spots para incautos.

Samuel ha perdido credibilidad, Tuto quiere ganar esa pérdida a su favor.

Entre ambos nada los diferencia, salvo que uno fue jefe del primero en los noventa y sigue siendo candidato, mientras que el otro ya fue presidente aunque no por el voto, sino por el fallecimiento del dictador y padre putativo: Hugo Banzer Suarez.

La historia no es para repetirla, sino para navegar con la conciencia del pueblo como guía general del horizonte estratégico emancipador.


* Indio Aymara

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