noviembre 24, 2020

Industrialización, déficit fiscal y crecimiento de largo plazo

por: Oswaldo Quelali

Usualmente se escucha hablar del déficit fiscal como un indicador macroeconómico negativo para la salud de la economía y que además presupone tradicionalmente un inadecuado manejo de las finanzas públicas, y que el mismo conllevaría otros efectos perniciosos como mayor inflación y tasas de interés nominal más altas que limitarían el crecimiento económico.

La noticia sobre un probable déficit fiscal en la presente gestión, luego de 8 años continuos de superávit fiscal, despertó el interés de algunos medios de prensa y personas del ámbito político y económico, que trataron de sacar rédito de la noticia en el sentido de que el gobierno estaría gastando más de lo que recibe por ingresos, y que para equilibrar sus cuentas fiscales debiera aumentar la eficiencia de las entidades recaudadoras. Estas lecturas cortoplacistas carecen de un análisis mucho más profundo de la verdadera implicancia que tiene un déficit y su relación con el crecimiento de largo plazo.

Entre 2005 y 2013 la participación del Estado en la economía, medido como el cociente entre el gasto público total y Producto Interno Bruto (PIB), se ha incrementado notablemente de 33,9% a 48,4%. Éste aumento es explicado por el mayor protagonismo que asumió el Estado en el sector productivo del país, dinamismo que se reflejó en la recuperación de las empresas estratégicas privatizadas por los gobiernos anteriores y la creación de nuevas empresas públicas. En este marco, el gasto en inversión pública mostró un desempeño destacado para la economía nacional, aumentado de $us629 millones en 2005 a $us3.781 millones en 2013, es decir que se ha quintuplicado en el mencionado periodo. Asimismo, a nivel sectorial es importante resaltar que, en línea con la política de industrialización, la inversión en el sector productivo se ha multiplicado 14 veces, logrando una ejecución de $us1.016 millones en 2013; los resultados se van concretizando en mega proyectos como por ejemplo: la planta de separación de licuados de gas en Gran Chaco y Rio Grande, la planta de amoniaco y urea en Cochabamba, y el proyecto de Litio en el salar de Uyuni, entre otros, que en el mediano plazo debería fortalecer la capacidad productiva del país.

Durante los últimos años se ha observado incrementos considerables en el gasto público y simultáneamente se han registrado superávits fiscales. Ahora bien, esta situación es claramente difícil que se mantenga en el largo plazo puesto que son dos objetivos que están confrontados, pues un mayor gasto de inversión necesariamente presiona el superávit fiscal hacia la baja, con lo cual es lógico esperar en futuras gestiones déficits ocasionales si se mantiene el ritmo de inversión pública que se viene implementando en el país y que tiene por objetivo sostener el crecimiento en el largo plazo.

Por tanto, las preocupaciones vertidas en los últimos días sobre el posible resultado fiscal negativo pierden toda relevancia bajo el contexto indicado. Lo que realmente importa en el largo plazo es que el gasto dirigido a la inversión pública esté encaminado a lograr mayor crecimiento económico con carácter sostenido como así lo reflejan las actuales cifras de inversión. En suma, un déficit fiscal temporal en sí mismo, no debería ser motivo de preocupación en la población.


* El autor es economista

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